martes, 12 de marzo de 2013

El mal ejemplo de Hugo Chávez


Por Fritz Du Bois

Realmente desconcertante que el presidente Ollanta Humala considere a Hugo Chávez como un modelo o un ejemplo a seguir como mandatario. Al final de cuentas, el exlíder venezolano lo único concreto que logró en su país fue deteriorar significativamente la calidad de vida de la mayoría de sus ciudadanos.

Con lo cual la pregunta que hacemos es, ¿en qué ejemplo habrá estado pensando Humala cuando hizo el comentario?

Así tenemos que Chávez estuvo 14 años en el poder y solo el cáncer logró desprenderlo de él, ya que aspiraba gobernar, por lo menos, otros 18 años. Entonces… ¿será su habilidad para el entornillado lo que lo ha impresionado?

Mientras que su capacidad para lograr colocar a su sucesor, aun desde el más allá, es algo que la primera dama debe de haber notado y admirado. Más aun, de seguro, lo estará cuidadosamente estudiando.

Incluso, quién sabe, capaz Humala quisiera emularlo en su comportamiento autoritario, amordazando a los medios de comunicación e intimidando a los miembros de la oposición.

Por otro lado, no creo que el enorme enriquecimiento personal de los familiares de Chávez y de su entorno de allegados sea algo en lo cual la pareja presidencial estén interesados.

Menos aún lo deben de estar en su manejo económico, dados sus resultados. No tendría ningún sentido cambiar nuestra estabilidad por el alto nivel de inflación que ellos hace tiempo están soportando o frenar nuestro crecimiento para equipararnos a su estancamiento o aumentar el número de pobres entre los peruanos para poder nivelarnos con los venezolanos.

Tampoco debe de ser un modelo de interés para el mandatario la total dependencia que tiene Venezuela de un solo producto primario. En realidad, por más que lo buscamos no encontramos nada que haya hecho Chávez que a los peruanos podría beneficiarnos. Sin duda, él es el ejemplo más equivocado.

Venezuela: todo tiene su final


Por Mario Saldaña

Un amigo y colega venezolano me comentaba la semana pasada que con la muerte de Chávez lo único que cambia para los demócratas de su país es pasar de los simples buenos deseos a abrigar una luz de esperanza de un cambio a futuro.

Debo confesar que ese limitado optimismo me confundió, pero tras escuchar la larga lista de hechos (ni siquiera razones) sobre el grado de copamiento y control de casi todas las instituciones claves del país (no solo el Ejecutivo y el Legislativo sino los órganos jurisdiccionales hasta sus máximas instancias, la gran mayoría de gobernaciones y municipios, el banco central, las Fuerzas Armadas, el grueso de los medios de comunicación, empresas públicas e incluso hasta el órgano electoral), además de las relaciones clientelares creadas tanto masiva como selectiva y políticamente con organizaciones sociales a nivel nacional, recién entendí por qué lo de la leve esperanza.

Incluso, se preguntaba Luis Felipe, mi amigo, "¿crees por ventura, que en un hipotético triunfo de Capriles, un nuevo gobierno podrá en 7 años siquiera desarmar el 20% de la estructura de poder creada por Chávez en 14, pero aceitada a diario por miles y miles de seguidores que son capaces de salir a las calles armados a no ceder un centímetro de lo hasta hoy logrado?".

Luego, pensaba yo, solo dos elementos podrían permitir el inicio de un cambio real para Venezuela. Que se destape un circuito perverso de corrupción generalizada (que existe pero que sigue debajo de la alfombra o frente a la cual hay un grado suficiente de permisibilidad) o la profundización de la crisis económica, entendida ésta, como una escalada aún más indetenible de la inflación y de la escasez de productos esenciales que simultáneamente haga menos efectivos los programas asistencialistas dirigidos de manera constante a un alto porcentaje de la población.

Si Maduro, como es previsible, gana el 14 de abril (dicho sea de paso, luego de burlar a su propia Constitución bolivariana por haber juramentado como presidente encargado) tendrá en el frente interno su principal reto. Ya que es un escenario casi negado que asuma la corrección del manejo económico a través de un ajuste, lo hará vía más déficit y más emisión; pero para que ello sea posible, requiere un precio del crudo encima de los 90 dólares, un acuerdo con los chinos para que no castiguen su deuda, buenos modales con Washington para seguir vendiendo petróleo en términos competitivos, junto a una diversidad de factores adicionales, pero sobre todo, mucha pero mucha suerte para seguir inyectando droga a una economía adicta.

Si yo fuera chavista, y más, chavista militante, tras la muerte de su líder y comandante Hugo Rafael, pero además viendo en perspectiva el futuro, recordaría más que nunca la letra de esa salsa (esa sí inmortal) de Héctor Lavoe que dice: "todo tiene su final, nada dura para siempre".

El chavismo embalsamado


Por: Iván Slocovich Pardo

Lo que el régimen interino de Nicolás Maduro está haciendo con el cuerpo del fallecido Hugo Chávez al embalsamarlo, pese a la voluntad expresa del comandante, es lo mismo que se pretende hacer con el chavismo: mantenerlo vigente para evitar que se descomponga y pierda su atractivo, con la finalidad de ganar en las elecciones convocadas para este 14 de abril, en que competirá con una oposición encabezada por Henrique Capriles.
Y es que Maduro por sí solo, sin el recuerdo vigente de Chávez, difícilmente podrá mantener vivo el chavismo que se sustentaba, antes que todo, en el carisma y la fuerza -aunque también en los gritos y pachotadas- del caudillo que murió la semana pasada de cáncer, pero que sus allegados pretenden mantener con vida como sea para ganar los comicios y tratar de seguir con el andamiaje montado en 14 años de poder casi absoluto.
A Maduro y los chavistas no les ha importado que el propio Chávez haya dicho que el embalsamamiento de cadáveres es inmoral y producto de una sociedad en descomposición. Son conscientes de que si entierran a su líder, sepultan también al "socialismo del siglo XXI" y a ellos mismos, pues sin la "presencia" de su líder, su boina roja de paracaidista y su uniforme militar lleno de medallas, aunque sea dentro de un ataúd, la tendrán muy difícil el 14 de abril.
Ayer el presidente el funciones presentó su candidatura y como era de esperarse, todo el acto giró alrededor de la figura de Chávez, al extremo que Maduro se proclamó "hijo" del comandante de Barinas y juró que mantendrá su legado, aunque este legado, más allá de la parafernalia y el culto a la personalidad, no sea más que un país con la institucionalidad destruida y una crisis económica imperdonable para una nación levantada sobre inmensas reservas de petróleo.
Durante muchos años los venezolanos se han dejado embaucar por Chávez y hoy están ante la oportunidad histórica de librarse del régimen estatista y populista que los oprime. Si con el fundador del chavismo la cosa fue mal, con Maduro, Diosdado Cabello y otros incondicionales todo podría ser peor, pues es gente sin mayor experiencia que ha vivido a la sombra de su líder y que jamás imaginó tomar el poder de su país.
Ojalá Venezuela vote bien esta vez y, de otro lado, que el chavismo y sus militares incondicionales permitan elecciones limpias. Ese país necesita un cambio de rumbo y volver a la senda de la democracia, la modernidad y el desarrollo, por más que Maduro y su gente no quieran soltar el poder, y para eso hayan sido capaces de embalsamar a su jefe a fin de mantenerlo vigente, tal como quieren hacer con su cuestionado legado en la campaña electoral que se viene.