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jueves, 31 de octubre de 2013

¿Será el fin del franelismo como estilo de gobierno?


Escribe: Dante Bobadilla Ramírez

Juan Jiménez Mayor será recordado, digo, si lo es, no como un primer ministro sino como el primer franalero de palacio. Carente de liderazgo, ideas y experiencia creyó que su misión era proteger la imagen del presidente y su primera dama, asumiendo un rol más parecido al de fiel mayordomo que el de conductor de un gobierno. Entró con la agenda del diálogo en las manos para enfrentar el tema Conga, pero nadie se imaginó que era todo lo que tenía. Se dedicó a dialogar prácticamente toda su gestión, para lo que inventó una oficina especial de diálogo. Desafortunadamente los líderes políticos, si los hay, cayeron en el juego infantil del diálogo y se dedicaron a figuretear en palacio con el barbudo.

El circo del diálogo de Jiménez se pareció mucho al que montó Alejandro Toledo cuando sintió que todo se le venía encima. Parece ser una estrategia que funciona para calmar las aguas y entretener a los tontos. Pero más allá de eso no sirve para nada, aun cuando Alejandro Toledo, fiel a su estrambótico y llamativo estilo, plasmó sus acuerdos en un rimbombante documento llamado "Acuerdo Nacional", convencido de que todo lo que hacía merecía pasar a la historia. Jiménez ha sido más modesto y se limitó a las fotos con los incautos que hasta llevaron sus propuestas de políticas de Estado, las que sin duda acabaron en el tacho. No nos olvidemos que Jiménez, pese a su show dialogante, no dejaba de salir al frente a responder -incluso airadamente- al político que se metía con Ollanta. 

Lo que interesa al país es que Ollanta Humala haya aprendido la lección o se haya curado del delirio de creerse un salvador de la patria, al estilo de los líderes bolivarianos que nos rodean, ya que esto induce a rodearse de incapaces cuya única misión es la de aplaudir cada palabra del líder, o sea, lo que conocemos como un felpudini, franelero y piquichón. Un paso más adelante de este repugnante oficio de felpudini, que es entusiastamente ejercido por muchos en este país, es la de fiel escudero cuya misión es defender al líder y "traducir" las idioteces que dice a términos más digeribles por la prensa. En el tercer lugar, en esta escala de seres políticos despreciables, se hallan los trepadores que se suben al carro del ganador con el cuento de apoyar la "gobornobilildad".

Lo preocupante es que el gobierno se convierta únicamente en una opereta de incapaces trepadores del poder, inútiles felpudinis, sobones, escuderos y pendejeretes acartonados de todo calibre, mientras que Ollanta Humala sigue creyéndose el cuento de ser un líder salvador de la patria. Lo saludable sería que se sacuda de toda esa escoria que tradicionalmente suele rodear el poder y se percate de sus limitaciones como político, cediéndole discretamente la conducción del país a un verdadero ejecutivo. Ya hemos tenido primeros ministros que han gobernado plenamente el país ante la penosa incapacidad de sus presidentes, como Manuel Ulloa y Pedro Pablo Kuczynski. Este podría ser el rol de César Villanueva.

Ollanta Humala puede seguir dedicado a su rol de primera dama con sus programitas sociales y visitando provincias con sus regalitos, como un papá Noel. Nadine Heredia puede hacer lo mismo o seguir figureteando internacionalmente como embajadora de la quinua o algo por el estilo. No nos interesa. Lo que importa es que el país sea gobernado por una persona capaz, que no se deje mandonear por la parejita presidencial ni tenga que estar haciéndole los mandados a la primera dama. Necesitamos un líder con mano firme, autoridad y convicciones claras sobre el modelo de desarrollo que estamos siguiendo.

miércoles, 30 de octubre de 2013

Por fin se fue Jiménez


Escribe: Dante Bobadilla Ramírez

Finalmente se produjo lo que se venía venir y se pedía hace tiempo: Juán Federico Jiménez Mayor ha sido renunciado (única manera en que salen del cargo los caviares). Había durado demasiado tiempo en el cargo más importante del país. Ahora se sabe, por declaración del propio Jiménez, que su porfiada permanencia en la PCM se debió a una "estrategia" recomendada por "expertos consultores" (así es como trabajan estos papanatas) porque el cambio de 3 gabinetes en el primer año de gobierno "daba una imagen de fragilidad". ¿Y qué cosa cree este fantoche que ha dado su gestión? Nunca habíamos visto un premier tan anodino y genuflexo ante la primera dama.

Sin duda fue un error el cambio de Oscar Valdés por Juan Jiménez. Un cambio que se debió básicamente a la presión mediática ejercida por la rabiosa jauría progre y caviar que no paraba de ladrarle diariamente a Valdéz en columnas y programas acusándolo de autoritario, solo por no ceder al chantaje y el vandalismo de los antimineros. Lo que la progresía quiere es tener una Madre Teresa en el gobierno, y eso fue lo que consiguieron con Juan Jiménez. Su gestión nunca pasó más allá del gesto democrático y la dulce pose del diálogo. Hasta montó un huachafo esperpento burocrático llamado "Oficina Nacional del Diálogo y la Sostenibilidad" con un gran presupuesto. En fin, ya no vale la pena hablar de este fantasma.

El nuevo premier César Villanueva es un cambio radical de panorama. Para empezar ya no es un caviar PUCP, y esperemos que el gabinete en pleno se ventile del mal olor de la caviarada PUCP que la ha dominado en todo este tiempo. Una argolla enquistada desde los tiempos de Diego Gacía Sayán. No solo eso sino que sería muy deseable que el gobierno dejara de estar en manos de abogados para pasar a manos de ingenieros, empresarios o algo por el estilo. César Villanueva es administrador de la Villarreal y tiene una buena experiencia de gestión pública, que es lo que se debe buscar en alguien que va a conducir el país, en lugar de nombrar a un mequetrefe salido de la nada.

Esperemos pues que los cambios sean drásticos para que el país agarre un rumbo. Más de un año a la deriva es demasiado. Ollanta Humala debería considerar que solo un buen presidente de la PCM podría hacerlo quedar bien ante la historia. Hasta ahora, es el presidente más incapaz de los últimos tiempos. Si bien estuvo acertado al desligarse de la gusanera izquierdista que lo llevó al poder, falló de plano al caer en manos de la caviarada inútil. Ojalá se haya dado cuenta que contar con la izquierda, sea la roja o la caviar, es apostar por un fracaso seguro.

martes, 29 de octubre de 2013

Jiménez Pastor debe irse a su casa


Escribe: Dante Bobadilla Ramírez

El presidente del Consejo de Ministros Juan Jiménez Mayor debe ser el personaje más opaco que ha pasado por ese cargo en los últimos 30 años. Ha tenido la oportunidad de pasar a la historia dirigiendo el país ante la absoluta falta de liderazgo del presidente Ollanta Humala, tal como lo hiciera en su momento Manuel Ulloa Elías, en la difícil época de la transición democrática y el reordenamiento jurídico del país a inicios de los 80 y con un presidente que vivía en las nubes. Otro personaje similar fue Pedro Pablo Kuczynski quien se encargó de dirigir el gobierno en medio del desbarajuste mental de Alejandro Toledo durante la última etapa de su penoso período.

Lamentablemente hoy el Perú carece de cualquier liderazgo, se encuentra a la deriva ante la falta de dirección política, tanto de parte del presidente de la República como de su premier. Ninguno es capaz de asumir el rol de liderazgo que se necesita y que la población espera. Una situación que le permite a la primera dama lucir su imagen de autoridad, opacando a "sus" ministras, incluyendo al propio premier. La situación es realmente delicada si consideramos las implicancias que esta falta de liderazgo tiene en la seguridad de la nación.

Lo que hemos visto en los últimos días son verdaderos papelones del gobierno. Para no ir más atrás, desde el cuestionado viaje a París del presidente Ollanta no han cesado las metidas de pata. En ese caso era evidente que a nadie se le ocurrió notificar al Congreso el itinerario del presidente. Suficiente para que la canciller Eda Rivas presentara su renuncia, pero prefirieron blindarla creyendo que eso debilitaría al gobierno. Sin embargo lo que en realidad debilita al gobierno es la actuación patética de sus ministros, su premier y el propio presidente.

El asunto de la compra de un nuevo avión presidencial pareció un sketch de programa cómico. Tanto el premier Juan Jiménez como la canciller Eda Rivas quedaron en ridículo al ser desmentidos por el presidente y la primera dama. También esa humillante tapada de boca bastaba para que cualquier persona con sangre en la cara diera un paso al costado. Pero no. Ese no es el caso del premier Jiménez ni de la ministra Rivas. Ellos pertenecen a la clase de burocracia caviar que se prende de los cargos como lapas angurrientas.

Sin embargo, lo más grave de todo es que el gobierno parece estar sufriendo un proceso de negación, tal como le ocurre a todos los gobernantes precarios. Son incapaces de reconocer los problemas y prefieren atribuirlos a un sabotaje de la oposición o a un psicosocial de los medios. Tanto Ollanta Humala como el premier Juan Jiménez e incluso el ministro del Interior niegan el problema de inseguridad. Emulando a Nicolás Maduro afirman que la inseguridad es un psicosocial o tan solo una sensación. Ayer Jimenez dijo que la gente estaba simplemente histérica con este asunto y que era usado para perjudicar la imagen del gobierno. Ante esto la gente se pregunta ¿qué podemos esperar?

Si bien es inevitable tener que soportar al anodino Ollanta Humala en el poder, no hace falta tolerar la vacuidad existencial del premier Juan Jiménez. Ya hace rato que este gabinete en pleno debería haberse ido a su casa. No sé qué esperan. ¿O es que el presidente no puede tomar ni esa simple decisión?