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miércoles, 9 de abril de 2014

Delincuentes con licencia municipal


Escribe: Dante Bobadilla Ramírez

En un video que ya dio la vuelta al mundo se observa a una cúster de transporte público de Lima, invadiendo la vereda con total normalidad para adelantar a otra unidad, arrasando a su paso con peatones, atropellando a una joven y luego pasarse la luz roja abriéndose paso entre varios vehículos. Una imagen que debe llenar de indignación a cualquiera, aun cuando la atropellada siga viva. Pero lo más indignante es que se trata de una escena cotidiana en Lima. La bestia que conducía la cúster luego de su hazaña se fue de largo sin importarle nada lo ocurrido. Solo pudo ser intervenido unas cuadras más adelante, aunque al final se fue a su casa muy campante. Acá no pasó nada. Es la rutina diaria de los limeños.

Luego nos enteramos de que la bestia tenía más de 30 pepeletas impagas, la mayoría de ellas muy graves, lo cual es también absolutamente normal en Lima, donde el transporte público está a cargo de delincuentes con licencia municipal para matar. La mayoría colecciona papeletas como si fueran estampillas. Cuando atropellan a alguien o causan algún accidente simplemente se dan a la fuga. Esto es Lima señores. ¿Y a quién le importa? ¡A nadie!

La opinión pública y mediática se concentran siempre en culpar al conductor. Esto es como culpar al perro por morder a un niño en el parque. Nadie se pregunta por qué ese conductor está circulando por la ciudad tan alegremente. Lo hace por la sencilla razón de que cuenta con una licencia otorgada por la Municipalidad Metropolitana de Lima, una auténtica licencia para matar.

Las preguntas que uno debe hacerse son ¿de quién es la responsabilidad de que existan tres veces más unidades de transporte de las que Lima necesita? ¿De quién es la responsabilidad de que las principales avenidas estén saturadas de unidades de transporte público sin ningún criterio de racionalidad? ¿Quién es responsable de que las unidades de transporte público sean chatarras destartaladas y sucias y que no exista un estándar mínimo de calidad para prestar el servicio de transporte público? O sea, en pocas palabras ¿quién otorga las licencias sin ningún criterio de control? La respuesta es una sola: la Municipalidad Metropolitana de Lima. El sistema se llama: pague en caja y haga lo que quiera. Cualquier inconveniente se arregla por lo bajo. 

Claro que no es solo culpa de la actual gestión, que tampoco ha hecho absolutamente nada al respecto. Es culpa del sistema nefasto de encargar a la MML el control del transporte público sabiendo que las gestiones ediles están llenas de incapaces, y sabiendo que el municipio es una mafia organizada de corruptos. ¿Cuándo las autoridades van a cortar de raíz esta situación, creando una sola entidad técnica y autónoma que controle el transporte público en Lima y Callao, una sola entidad que sea gestionada por técnicos convocados por concurso público y tenga en sus manos todo el circuito completo de lo que atañe al transporte público?

jueves, 20 de junio de 2013

La mentalidad del fracaso


Por Dante Bobadilla Ramírez

El Perú vive nuevamente una racha de accidentes de tránsito en las carreteras, la que en verdad nunca se detuvo. Las cifras se mantienen o suben. En los últimos diez años poco ha cambiado en la realidad y en los hechos. Todos los cambios se han producido en la estructura burocrática del Estado creyendo que allí es donde está la solución. El gobierno anterior se propuso enfrentar el problema con mucha voluntad. La gran respuesta del ministro Cornejo fue crear un nuevo esperpento burocrático llamado SUTRAN, que resultó de juntar tres oficinas del MTC. O sea un cambio cosmético que nunca sirvió para absolutamente nada.

Para colmo el gobierno aprista colocó al frente de ese adefesio burocrático a una señorona llamada Elvira Moscoso quien es contadora de profesión con experiencia en farmacias, y que en el terreno del transporte no sabe diferenciar el freno del embrague. Aparte de salir con su chaleco de colores haciendo operativos en los terminales durante las fiestas, no ha hecho nada más que cambiar el reglamento y llenarse de personal. Lo curioso de esta señora es que tras el cambio de gobierno se ha mantenido en el cargo. Esto no quiere decir que sea indispensable o eficiente. Solo significa que al gobierno de Ollanta le interesa un comino la SUTRAN. Después de todo la seguridad de las carreteras no fue parte de sus discursos de campaña.

El triste espectáculo de buses desbarrancados en los abismos o apachurrados en la carretera en medio de un reguero de cadáveres no ha cambiado nada con la invención de la SUTRAN, ni con la gestión de la señora Moscoso, ni con su genial idea de los GPS para cada bus, ni con sus operativos a las afueras de la ciudad. Y no ha cambiado porque seguimos teniendo la misma realidad básica: malas carreteras, mala señalización, informalidad en las empresas de transporte y vehículos viejos. Esa es la base de los accidentes de tránsito. 

La mayoría de los accidentes de tránsito siguen ocurriendo en los departamentos más pobres: Puno, Apurimac, Huancavelica, donde están las peores carreteras y las empresas más informales, con los buses más viejos. ¿Han hecho algo por retirar buses viejos? No. ¿Se ha invertido en mejorar las vías en esos departamentos? No. ¿Se han cambiado las exigencias para licenciar empresas de transporte? No. Todo lo que se ha hecho es lo mismo de siempre: inventar más burocracia, más reglamentos y más multas.

Los fuegos artificiales que revientan los burócratas para hacerle creer a la gente que están solucionando los problemas son siempre iguales: crear un nuevo organismo con una nueva ley. ¿Qué es lo que hoy nos proponen para solucionar el problema de las universidades? Lo mismo: crear un nuevo organismo de control a cargo del Ministerio de Educación. A este paso el Estado va a reventar de burocracia mientras el país seguirá yéndose al despeñadero. El pensamiento fracasado de nuestros políticos no cambia. Siempre se apunta a más Estado creyendo ciegamente que la realidad puede ser controlada por la burocracia.

viernes, 9 de noviembre de 2012

La estafa municipal a los taxistas


Está por concluir el plazo de una nueva reinscripción de taxis y taxistas en la Municipalidad de Lima. Nadie le ha prestado la debida atención a este evento porque al parecer los taxistas son invisibles para los medios. A nadie le preocupa no solo el trato vejatorio que reciben los taxistas de parte de la MML sino además la absoluta inutilidad de esta reinscripción, anunciada con bombos y platillos como parte de la maravillosa reforma del transporte que todos los días repiten los miembros de Fuerza Social.

Esta debe ser la cuarta o quinta reinscripción de taxistas que se hace en los últimos 25 años. Es imposible entender la lógica de los burócratas del Municipio porque ni siquiera han aprendido que estas reinscripciones no sirven absolutamente para nada. Son tan solo fuegos artificiales para la prensa. Aspaviento que sirve para que los incapaces que se han posado como aves de paso en la GTU hagan creer a todos que están no solo haciendo algo sino "solucionando" el problema. Ninguna inscripción de taxistas ha servido nunca para nada. Y no tiene ningún sentido además. ¿Para qué sirve?

Antes uno podía asegurar que las inscripciones solo servían para quitarles plata a los taxista ya que nunca le pagan nada al Municipio. Así que montan este circo de las inscripciones para cobrarles algo y darles una supuesta autorización que en los hechos no funciona o sirve apenas para ingresar al centro de la ciudad. Los montos cobrados a los taxsitas por la "inscripción" han sido variados a lo largo de la historia y han ido bajando. La anterior casi llegaba a los 100 soles. En esta ocasión dicen que es gratuita. En ciudades como Chiclayo llega a ser de 1200 soles. Y cada Alcalde monta su propia reinscripción con el cuento de iniciar la formalización del taxi.

La lógica municipal es deficiente. Se supone que la formalidad del taxista consiste en estar inscrito en el padrón del Municipio. Eso es todo. Basta que te inscribas en el padrón para ser "formal". Más allá de eso nunca le ha importado al Municipio el estado del vehículo. En la época de Andrade se obligó a los taxis a estar pintados de un amarillo especial que solo el SETAME tenía, para lo cual le cobraban 800 soles de aquellos tiempos a los sufridos y atropellados taxistas. Del SETAME salían pintados de amarillo toda clase de chatarra rodante, incluyendo Volkswagens escarabajos que nunca debieron hacer taxi. 

La más conchuda de las inscripciones fue sin duda cuando el 2004, en otro afán formalizador, prohibieron que los vehículos que pesen menos de una tonelada hagan taxi. O sea, los Ticos, que eran la gran mayoría de taxis en ese momento en todo el país. Pero para no afectarlos obligaron a que todos los Ticos se inscribieran en el municipio respectivo, pagando su cupo para poder circular y trabajar. ¿Alguien puede entender la lógica de esta disposición? Así de absurdas son las medidas para "formalizar" los taxis.

Hoy estamos pues frente al peor proceso de inscripción de taxis. El desastre que ha provocado María Jara improvisada en un cargo que le queda grande y para el cual no tiene calificaciones ni capacidad alguna, está generando molestias y gastos a miles de taxistas y vecinos. Lo peor de todo es que una vez más, estamos gastando tiempo y dinero por las puras. Para nada servirá esta inscripción como no sirvieron ninguna de las anteriores. No tiene ningún sentido. De hecho, los incapaces que lidera María Jara no tienen ninguna idea clara de cómo crear un sistema de servicio de taxis para la ciudad y se han limitado a seguir el libreto gastado y burdo que han encontrado en la GTU desde los tiempos de Andrade, basado en montar la farsa de las inscripciones.