jueves, 16 de octubre de 2014

Sinceremos la historia


Escribe: Dante Bobadilla Ramírez

La simplificación es una virtud en la ciencia. Las teorías más simples suelen ser las más fuertes. La mejor teoría es siempre la que explica el fenómeno apelando a la menor cantidad de factores. Sin embargo, en las llamadas "ciencia sociales" suele ocurrir todo lo contrario. Parece ser que la complejidad y el embrollo son su virtud. No hay una sino muchas maneras de explicar el mismo fenómeno. Al final nada queda claro y todo permanece en discusión. Valdría la pena aplicar la famosa navaja de Ockham en algunas de estas teorías sociales para simplificarlas. Por ejemplo a la historia.

Se puede simplificar y resumir la historia política del Perú en el último siglo de este modo: la izquierda se pasó la vida promoviendo la lucha armada y justificando la violencia como método legítimo para actuar políticamente en defensa del pueblo contra la oligarquía, hasta que pusieron en práctica su prédica llegando a las guerrillas y al terrorismo. El Estado tuvo que salir a hacerles frente y combatirlos durante tres gobiernos hasta que fueron derrotados. Luego la izquierda culpó al Estado de terrorista y llamó "genocida" al último de los gobernantes que los derrotó. Fin de la historia.

La izquierda es un sector que abunda en sociólogos y toda clase de "científicos sociales". Esto les ha permitido adueñarse del relato social. Es decir, son los que cuentan la historia. Por eso es que siempre son los buenos de la película. Luego de su aventura terrorista, fueron los mismos grupos de izquierda quienes conformaron la Comisión de la Verdad y Reconciliación para "explicarnos" cómo ocurrieron los hechos. Su informe dice que las causas del terrorismo fueron las condiciones de pobreza. Nunca llama terroristas a los terroristas, pero en cambio señala que hubo terrorismo de Estado y exige que el Estado y las FFAA pidan perdón como condición para la reconciliación. 

La gente de izquierda, es decir, los dueños del relato, son los que por diversos medios han estado llevando a distintos sectores, especialmente juveniles, la historia de lo ocurrido en el Perú. No solo con literatura abundante sino hasta con actos folklóricos y rituales místicos en torno a la memoria. Como consecuencia hoy la verdad está totalmente distorsionada y prostituida. Así resulta que los de izquierda son los chicos buenos, defensores de los DDHH y de la democracia, mientras que Alberto Fujimori es el genocida. Quienes hemos sido testigos directos y hasta partícipes de la historia no podemos menos que indignarnos frente a esta situación ridícula.

Personalmente me da náuseas leer a jóvenes imberbes llamando genocida a Alberto Fujimori. Deben haber estado mamando de un biberón mientras reventaban los coches bomba por todo Lima o cuando Fujimori liberaba a los rehenes de la residencia del embajador japonés, hace ya 17 años. La ignorancia de estos jóvenes es clamorosa. El 90% de las muertes en la lucha contrasubversiva ocurrieron durante los gobiernos de Fernando Belaunde y Alan García. Sin embargo a ellos nadie los llama genocidas. Las más espantosas masacres ocurrieron en el período de 1980 a 1990, tales como Uchuraccay, Accomarca, Los Cabitos, el Frontón, etc. Masacres que involucran decenas de muertes cada una y que no han sido plenamente juzgados. Pese a todo, el chivo expiatorio elegido por la izquierda es Alberto Fujimori.

Admiradores de un verdadero genocida como el Che llamando genocida a Fujimori es el resultado del relato histórico de la izquierda. Admiradores de la "consecuencia ideológica" de Javier Diez Canseco insultan a Fujimori llamándolo genocida, pero ignoran sin duda que JDC defendía una ideología terrorista. Claro que esto ha sido convenientemente escondido. Pero JDC fue parte del MRTA y fundó APRODEH para defender explícitamente a los terroristas del MRTA. Así consta en varios informes de inteligencia de los EEUU de la época. Pero nada de esto se habla hoy. Al contrario, se le alaba y rinde pleitesía.

La izquierda es impoluta, inmaculada, blanca paloma defensora de los DDHH, la democracia y hasta del medio ambiente, los animales, los gays y los minusválidos. Los presos acabaron siendo quienes defendieron a los ciudadanos de la vesania de la izquierda: los militares. Y quien detuvo el chorro de sangre que derramaba la violencia de izquierda terminó como violador de DDHH, asesino genocida, preso por delitos de lesa humanidad. Alguien tiene que hacer algo por rectificar esta aberración.