jueves, 10 de abril de 2014

Argentina: cuesta abajo en la rodada


Por: Juan Salinas Bohil
Correo de Buenos Aires

Una tranquilidad pos tsunami acaricia como brisa las pampas bolivarianas argentinas. Todo está como era antes que cambiara para no cambiar nada. El kirchnerismo sigue manejando a voluntad los oxidados resortes del país contando con una oposición política, una justicia y muchos periodistas que lo menos que puede decirse de ellos es que son contemplativos con sus trapisondas.

Hoy es la seguridad o la falta de ella de lo que se habla al por mayor como ayer lo fue el estado catatónico de los trenes; hoy se sigue dando el “interesante” debate acerca si el porcentaje de la inflación es el que es o el que debería ser como ayer lo fue el debate acerca de los paros docentes y la “recuperación” de días de clases por parte de los alumnos; hoy la población sigue temblando ante el mínimo aviso de lluvias al pensar que pueden inundarse sus viviendas como ayer y que dentro de pocas semanas comenzará a sufrir cortes de gas o verá disminuido su caudal; hoy como tantas veces ayer el sindicalismo realiza un paro que no solucionará nada y el gobierno acaba de efectuar un megaoperativo antidrogas en la ciudad de Rosario en donde cerca de 3.000 agentes de Gendarmería, Prefectura, Policía de Seguridad Aeroportuaria y Policía Federal, con el apoyo de 450 vehículos, seis helicópteros y hasta un avión, dicen haber ingresado en la ciudad en forma encubierta y sin disparar un solo tiro en una operación que, de acuerdo a palabras del secretario de Seguridad de la Nación tuvo “Una planificación ejecutada como una mecanismo de relojería” en donde se detuvo a 26 personas y se secuestraron 1.000 dosis de paco y cocaína. Una dosis contiene aproximadamente unos dos miligramos de sustancia por lo que estaríamos hablando de unos dos kilos incautados. Fuentes no oficiales estiman que en Argentina se consumen diariamente 400.000 dosis por día. El “operativo” ha sido todo un éxito. El narcotráfico se bate en retirada.

Ha llegado el momento de pagar los costos de la fiesta kirchnerista que ningún argentino que se precie desea pagar. No advierte el displicente que hace tiempo que amortiza y tolera con creces el robo de fondos públicos a los que la gente fina suele señalar como “falta de transparencia”. El indolente, que como los funcionarios echa culpa a “los demás” de todo lo que acontece, es tan responsable como los ejecutores de estos planes de saqueos ejecutados a la perfección: los vota para después negarlos miles de veces ante y después que cante el gallo. Y quienes no, lo hacen como “opositores” que acuerdan con los respectivos ejecutivos cada una de sus trapisondas aclarando, eso sí, que lo hacen “con disidencias”.

Ahora muchos advierten que la economía se estanca. Una economía que fue inflada artificialmente en aras de un consumo desaforado en un país improductivo por naturaleza porque cumplir un horario de trabajo no significa producir. Una buena cosecha puede, además de salvar a un gobierno, ocultar falencias de una sociedad que se niega a cambiar.

El proceso de deterioro que sufren los sistemas estatales hasta el colapso es, por lo general, lento. Pueden frenarse transitoriamente pero no evitarse. Piénsese en el estado de los ferrocarriles, hospitales, escuelas o servicios que deberían brindar los gobiernos como seguridad o justicia. Ni qué hablar de la Defensa nacional. Todo ello repercute en la actividad privada que es la que financia esos emprendimientos y su empobrecimiento hunde en la desolación a millones de personas.

Los sindicalistas hablan de “éxito” del paro de hoy. Con décadas de compartir el poder con gobiernos de todo tipo, incluso con los Kirchner, son los mejores en palpar el sentir de “la calle”. Tienen siempre presente a Perón cuando dijo “Con los dirigentes a la cabeza o con la cabeza de los dirigentes”. Con buen criterio han preferido lo primero.

El paro canaliza cierta inquietud de la población al igual que el año pasado lo hicieron quienes golpeaban cacerolas pero no agrega ni soluciona nada. Y la izquierda troska que se prende como ternero a la teta de la vaca en cuanta ocasión se le presenta apoya un paro organizado por la “burocracia sindical” a la que combate desde los 60 efectiando “piquetes”. Es un dislate propio de un Macondo. También apoyó al campo en 2008 por su motín al Gobierno por la Resolución 125. Más no se le puede pedir.

Los bolsillos continuarán deteriorándose y la situación social también. Continuará el acelerador hasta el fondo en el aspaviento de los actos oficiales para combatir la inseguridad; los desvaríos desde los micrófonos oficiales; la convocatoria a los adolescentes como nuevos aplaudidores presidenciales; el apoyo a la tiranía de los Castro y la dictadura de Maduro; la lenidad de jueces y fiscales; los tribunales revolucionarios que “juzgan” a los integrantes de las FF.AA y de Seguridad que combatieron la guerrilla; el anticatolicismo rampante del gobierno; el deterioro de la educación estatal; el mesianismo y la incapacidad de algunos políticos; el robo a las cajas jubilatorias; la inseguridad… Frente a estas realidades políticos y economistas auguran un futuro lecho de rosas: por Vaca Muerta, por los préstamos internacionales que vendrán a baja tasa o porque “Argentina está condenada al éxito”.

Frente a esta situación resulta extraño a la grey católica el apoyo que acaba de recibir Cristina Fernández de los pastores de la Iglesia cuando su ateísmo militante la llevó hace unos a cambiar el destino del contraalmirante Raúl F. Viñas. El marino iba a hacerse cargo de la dirección de la Escuela Naval Militar y a la ceremonia de ascenso y entrega de sable asistieron la Presidente y los hijos del marino: un sacerdote y una monja. Cristina ordenó rever la decisión y ordenó un cambio de destino. Ante el hecho, Viñas pidió su pase a retiro.

Por eso, el nombramiento de un sacerdote al frente del organismo que se ocupa en teoría de la recuperación de adictos abona la posibilidad de un acercamiento entre Cristina y los clérigos (la Iglesia somos todos). La semana pasada, al otro día de compartir un acto en la Casa Rosada con la Presidente, se lo escuchó al clérigo en todos los programas radiales de la mañana despotricar contra el “neoliberalismo” para a los pocos días tuitear su disconformidad contra las nuevas medidas de seguridad implementadas por el gobernador de la provincia de Buenos Aires. Si eso no es participar en política habrá que leer otros manuales.

Ha dicho Ortega y Gasset en 1921: “Son las cosas de tal condición, que juzgarlas con sesgo optimista equivale a no enterarse de ellas.”