jueves, 2 de mayo de 2013

Estado laico en sociedad pagana


Una simple disposición interna dictada por la Dra. María Gisella Orjeda Fernández, presidenta del Consejo Directivo del Consejo Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación Tecnológica (CONCYTEC) ha generado revuelo total en la sociedad peruana, provocando la indignación general y las inmediatas opiniones de condena de distinguidos representantes de todos los sectores, desde los políticos hasta los clérigos, pasando por los constitucionalistas. Finalmente, la Dra. Orjeda parece haberse quedado sola en medio de una tempestad que amenaza con lincharla o quemarla en la hoguera, por atentar contra las creencias y la superchería religiosa fuertemente impregnada en la sociedad peruana.

La medida interna dictada por la Dra. Gisella Orjeda mediante un correo electrónico a sus empleados da un plazo de una semana para que retiren de sus oficinas todo tipo de imágenes religiosas. Explica además que “Debemos impulsar el pensamiento crítico basado en la evidencia. Esta es la piedra angular de la ciencia. He visto con preocupación la proliferación de imágenes religiosas en Concytec. Las que han aumentado al punto que visitantes extranjeros de diverso origen me han hecho sorprendidas reflexiones”.

En efecto, en pleno siglo XXI vivimos aun en una época de oscurantismo total en el pensamiento cotidiano y público, en el que predominan anacrónicas creencias que datan de milenios y que se imponen gracias a una perversa estructura cultural plagada de rituales que incluyen todos los espacios. En medio de este ambiente, la disposición interna dictada por la Dra. Orjeda es un pequeño aliento de racionalidad que pretende al menos ofrecer una apariencia civilizada en las oficinas de una institución dedicada a la ciencia. Pero desde luego, ni siquiera esto se le permitirá dado que nuestra sociedad todavía permanece profundamente sumergida en toda clase de creencias místicas, mágicas y religiosas, y muy cercana, diría yo, a la barbarie.

En el Perú la ciencia no es más que una etiqueta comercial que se utiliza para vender toda clase de cosas. No hay una educación orientada a la ciencia sino un aprendizaje mecánico de ciertos conocimientos. Las universidades manipulan el concepto de ciencia hasta su perversión, tratando de convertir cualquier cosa en ciencia para poder ofrecerlo a un público incauto e ignorante. De este modo hoy tenemos la "ciencia de la cocina" entre otras muchas "ciencias" en universidades que se autotitulan de científicas. Hay que advertir que el Perú no existe en el entorno científico mundial. No tenemos siquiera revistas científicas reconocidas. La misma CONCYTEC funciona en un local precario y vergonzoso, con una fachada digna de escuelita fiscal provinciana. Esa es nuestra realidad "científica".

Estamos pues en una sociedad primitiva que vive muy alejada de la ciencia y muy sumergida en creencias de todo tipo. La gente vive consumiendo talismanes, amuletos, horóscopos, pócimas curativas, lecturas del tarot, lineas cósmicas, etc. El mercado de la brujería y la chamanería es grande y pujante, especialmente en el norte del Perú. Hay "videntes" que gozan de espacios en la TV. En el plano de las creencias religiosas existe una alucinante multitud de elementos diversos como cristos, vírgenes, santos, cruces, rosarios, oraciones, procesiones, estatuas, estampas, etc. Además existen ídolos suburbanos ya santificados por la sociedad. La gente tiende a creer fácilmente en todo. Esa es pues la sociedad pagana que tenemos y que se busca "proteger de la ciencia" apelando a la libertad y a los derechos de libre pensamiento.

Desde luego que resulta imposible cambiar esta situación y sería suicida y estúpido enfrentarse a semejante escenario pretendiendo un poco de racionalidad. Sin duda la Dra. Orjeda será técnicamente quemada en la hoguera como ya lo viene siendo en estos días. Las críticas a su medida han salido de todos lados. Nadie se ha atrevido a defenderla. Por el contrario, se ha desatado en las redes sociales una histeria colectiva en defensa de sus creencias y costumbres clamando por la libertad religiosa, como si esta estuviera en peligro. En el colmo del descaro han llegado a decir que "pretenden imponer sus ideas". ¿Qué es lo que ha hecho el cristianismo en los últimos dos mil años sino imponer sus creencias muchas veces a sangre y fuego? ¿Acaso no les imponen sus creencias a los pobres niños desde que nacen sin que estos tengan forma alguna de protección del Estado? Los niños están condenados a recibir el adoctrinamiento religioso y sumarse a la fila de robots que repiten el mismo credo desde hace siglos.

Hemos llegado a escuchar muy curiosos comentarios que pretenden equiparar a la ciencia y a la fe como dos escenarios distintos pero de igual valor. Sin embargo sería bueno recordarles a estos sabios opinantes que mientras la religión nos sigue ofreciendo las mismas ridiculas creencias de hace milenios, sin que ellas hayan significado ningún avance para la humanidad, la ciencia en siglo y medio ha podido desterrar diversas enfermedades, controlar y prever fenómenos atmosféricos, mejorar notablemente las condiciones de vida de la humanidad, dotar de comunicaciones instantáneas al mundo entero, emprender la conquista del espacio y brindarnos los conocimientos fundamentales sobre nuestra realidad. No hay pues punto de comparación con ese conjunto de fantasías religiosas que todavía tiene sometida a mucha gente en la ignorancia total. 

A pesar de que la medida dictada por la Dra. Gisella Orjeda pretende solo aparentar racionalidad en una entidad dedicada a la ciencia, parece imposible que sus intenciones lleguen a plasmarse porque la moderna Santa Inquisición ya empezó a mover su expediente. Antes de que sea inmolada en la pira salvaje de la superchería religiosa de nuestra sociedad solo me queda extenderle una solitaria felicitación.