domingo, 16 de septiembre de 2012

La mezquindad y estupidez de la izquierda


Hace unos días se ha conmemorado la captura de Abimael Guzmán ocurrida hace 20 años. Ha sido ocasión para que, una vez más, se desate toda la histeria antifujimorista de la izquierda progre y caviar, afectada cada vez con más gravedad por una severa estupidez que les impide el raciocinio haciéndoles decir y escribir cuanta sandez se les viene a la cabeza desde el hígado. Así es como hemos podido observar y oír el mayor de todos los disparates que se haya dicho en los último 20 años: Alberto Fujimori no tuvo nada que ver con la captura de Abimael Guzmán. Peor aún, han dicho que no quería que lo capturen, que prefería que siguiera libre para utilizarlo como pretexto de una guerra de baja intensidad y para quedarse en el poder, entre otras estupideces del mismo calibre.

Conocida es la inclinación que cierta clase de personas delirantes tiene para fabular e inventar historias de conspiraciones maquiavélicas. Están por ejemplo los que afirman que los EEUU nunca llegaron a la Luna, que todo fue un montaje de Hollywood; los que aseguran que Hitler está vivo y que la historia de su suicidio es un cuento; los que afirman que nunca hubo un holocausto y que todo fue un montaje yanki; los que afirman que el ataque de las torres gemelas fue planeado por la CIA para atacar Irak; los que afirman que la CIA dirigió el golpe contra Pinochet; los que ahora aseguran que el video contra Mahoma fue hecho por la CIA para emprender el ataque de los EEUU al mundo árabe; etc. Es decir, los idiotas nunca acaban.

No deberíamos ocuparnos de los idiotas, pero lamentablemente estos tienen un gran arraigo en la juventud. Con su prédica histérica dirigida al odio consiguen grandes audiencias y adhesiones de gente que desea dirigir sus frustraciones hacia algún objetivo en el mundo. Este puede ser EEUU o Alberto Fujimori o tal vez simplemente "el sistema". Lo importante es activar el mecanismo del odio y ofrecer un blanco junto a una fábula que se acomode a la lógica más perversa. No importa cuán estúpida sea. Será creída.

Es así como la histeria de la izquierda peruana ha difundido la idea de que Alberto Fujimori no tuvo nada que ver en la captura de Abimael Guzmán y que esto fue obra exclusiva del GEIN. ¿Tenía Fujimori que estar metido en el GEIN para ser parte? ¿No bastaba con haber dotado de presupuesto al GEIN? ¿Acaso tenía Fujimori que estar pendiente de cada paso y aprobar cada acción? Obviamente que no. Es necesario explicarles a estos ñaños de hoy cómo funciona el mundo, pero con dibujitos. Hay que aclararles la memoria mencionando algunos hechos concretos que perfilarán exactamente la figura de Alberto Fujimori como el presidente más comprometido en la lucha contra el terrorismo. Ningún presidente estuvo más decidido ni tuvo los cojones necesarios para actuar contra el terrorismo como Alberto Fujimori.

En primer lugar la derrota de Sendero Luminoso no pasa únicamente por la captura de Abimael Guzmán. Hubo una larga lista de mandos terroristas que se iban capturando gracias a una reforma total de la lucha contra el terrorismo implantada por Alberto Fujimori, el cual comprendía, por ejemplo, una drástica legislación antiterrorista, la creación de jueces sin rostro, el empleo del fuero militar y la construcción de cárceles especiales, con todo lo cual se puso fin a la coladera de terroristas que era el Poder Judicial. Desde luego, nada de eso hubiera sido posible sin cerrar el Congreso, donde cohabitaban nuestros típicos políticos mediocres y cacasenos de siempre, especialmente los de izquierda, quienes preferían saludos a la bandera y a la Constitución como todo mecanismo de lucha contra el terror.

El pueblo peruano estaba prácticamente en medio de dos grupos de delirantes: los terroristas que soñaban con un paraiso comunista, y los ultrademócratas que se aferraban a la Constitución y la ley convencidos de que a los dementes de SL y el MRTA se les podía combatir solo con la ley. A pesar de que la realidad nos decía otra cosa y que Sendero Luminoso estaba ya en Lima, los ultrademócratas no querían una legislación drástica ni acciones decisivas. Hubo pues que dar el golpe para salvar al Perú de la desgracia. Total, la democracia se puede reconstruir y el Congreso también. 

Pero además de eso, Alberto Fujimori dio evidentes muestras de valor contra el terrorismo imponiendo el orden y la disciplina en los penales que habían sido tomados practicamente por Sendero Luminoso, y convertidos en cuarteles generales del terrorismo. Allí están todavía las imágenes de las senderistas realizando sus marchas, cánticos y ceremonias en los patios de Canto Grande, adorando y vivificando a Abimael Guzmán, cuyos enormes retratos adornaban los muros del penal junto a la bandera roja comunista. Esa era la situación de los penales. Pero Alberto Fujimori entró sin miedo a poner orden dando un claro mensaje a Sendero Luminoso de que la guerra estaba declarada.

Tampoco le tembló la mano a Alberto Fujimori para ingresar a las universidades, convertidas desde los años 70 en academias de adoctrinamiento del comunismo, y origen de toda la violencia política desatada en el Perú bajo diversas modalidades, incluyendo el terrorismo senderista, cuyos líderes prepararon sus cuadros de criminales en la Universidad San Cristobal de Huamanga mientras cobraban sueldo del Estado. Igual ocurría en La Cantuta y en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, donde la educación era en los hechos imposible, pues casi toda la actividad era el adoctrinamiento ideológico marxista y la organización de cuadros de dementes de izquierda. 

Véase las fotos sobre el accionar de las FFAA en la UNMSM que bajo las órdenes de Alberto Fujimori ingresaron a poner orden, capturar subversivos y a limpiar la inmundicia de sus paredes convertidas en muros de propaganda comunista. De manera pues que no vengan a decir que Alberto Fujimori no estaba comprometido con la guerra antisubversiva. Es fácil afirmar hoy que sin tales medidas drásticas y necesarias se hubiese podido derrotar a Sendero Luminoso. Ahora es muy fácil llenarse la boca con condenas al autoritarismo y panegíricos al orden constitucional, cuando ya respiran tranquilos y caminan sin miedo por las calles. Por suerte tuvimos un presidente que supo tomar medidas extraordinarias ante situaciones extraordinarias, y que tuvo el coraje de arriesgar su reputación y hasta su futuro personal para salvar a este país repleto de papanatas, malagredecidos y cobardes.