viernes, 14 de septiembre de 2012

El Estado quiebra ESSALUD y nos pasa la factura


ESSALUD es lo que queda de la institución que se creó a mediados del siglo pasado para garantizar la salud de los trabajadores. Se financiaba con los aportes de los trabajadores y estos, mediante tales aportes, obtenían el derecho a las prestaciones de salud que ofrecía la entidad. Se crearon dos sistemas que obedecían a dos realidades muy distintas, el de los empleados del Estado y el de los obreros. El primero funcionaba en el hoy Hospital Rebagliatti y el segundo, en el hoy hospital Almenara. Dicho sea de paso, este fue el primero que se creó y en su momento fue el más moderno de Latinoamérica, siendo por muchos años uno de los mejores hospitales del Perú. 

Cuando estos dos sistemas estuvieron funcionando perfectamente, siguiendo sus planos de diseño original, llegó el funesto general Juan Velasco Alvarado, quien con la típica mentalidad igualitaria de todo izquierdista, estableció un sistema "igualitario" y sin distinciones entre obreros y empleados. En realidad los servicios eran igual de buenos, pero el general no quería diferenciación alguna entre obreros y empleados, así que igualó ambas administraciones. Así es como funciona la mente retorcida de un izquierdista. Ese fue el inicio de la desgracia del sistema de seguridad social en el Perú. Pero los actos de igualamiento y estandarización entre todos los sistemas de salud todavía sigue hoy en su etapa final, siendo ya la colocación de la lápida. Parece que a Ollanta Humala le tocará el honor de escribir el epitafio de la salud pública.

Este deterioro paulatino del seguro social se debió a la política de introducir a más y más gente con el mismo costo. Empezaron incluyendo a la esposa y los hijos y acabaron metiendo hasta a las amantes. Primero se le abrió la puerta a los empleados del sector privado, pero cuando estos empezaron a cotizar al sistema, el Estado no solo dejó de cumplir con sus aportes correspondientes a sus trabajadores sino que desfalcó las arcas de la seguridad social, incluyendo las pensiones manejadas entonces por ella. Así fue como el general Velasco se dedicó a la construcción de elefantes blancos, como el horroroso Centro Cívico que por años estuvo abandonado y usado como urinario público y dormitorio de vagos. Además se construyeron los ostentosos edificios del complejo Arenales que hasta hoy luce una gigantesca torre completamente abandonada, convertida en un verdadero monumento a la desidia estatal.

El primer gobierno de Alan García terminó de colapsar el seguro generando la mayor burocracia jamás vista. Luego hubo una gran recuperación durante el gobierno de Alberto Fujimori, cuando el seguro fue gestionado por Luis Castañeda Lossio. Las cuentas se pusieron en orden y se le quitó el manejo de las pensiones al crearse las AFPs. Por desgracia, Castañeda empezó a brillar con luz propia por sus excelentes resultados como gestor público, y generó los celos del régimen; de modo que fue sacado del Seguro Social, para entonces IPS, le cambiaron el nombre a ESSALUD, con nuevo logo y colores para que nadie se acordara de Castañeda. Así fue como de nuevo empezó la manipulación política del desgraciado seguro social.

En los últimos diez años ESSALUD ha sido manejado al antojo de cada gobierno para hacer su política social, la cual solo consiste en meter a más y más gente al sistema, como si fuera una combi, hasta que hoy ha reventado. Aunque Ollanta Humala todavía continúa con la vieja costumbre de prostituir los sistemas y sigue con la patética idea de uniformizar a todos los sistemas de salud: ESSALUD, el MINSA, y el de los institutos armados. Hoy la salud en general es una sola escoria homogénea muy venida a menos. 

El Estado ha pasado así por distintas etapas de mala gestión de los sistemas de salud: la total prostitución de los sistemas pre diseñados y concebidos técnicamente, el robo de sus fondos, incluyendo malversación de las pensiones, etc. Hasta las actuales poses de la politiquería de moda fundada en la famosa "inclusión social" consistente en saturar los servicios con más gente, bajo el paradigma estúpido de la gratuidad y la universalidad, que solo garantiza mal servicio para todos.

Hoy el sistema de seguridad social está completamente colapsado y ya no puede sostenerse. El Ministro de Trabajo nos anuncia que será "reestructurado" y eso, ya lo dijo, significará un aumento de las aportaciones de los trabajadores. ¿Vamos a permitirlo? ¿No es un exceso de conchudez política? 

¿Dónde están los políticos de izquierda que tanto dicen defender a los trabajadores? Resulta muy curioso verlos tan preocupados por el funcionamiento de las AFPs pero nunca dicen nada del desastre de la seguridad social. En el Congreso siempre están a la vista los proyectos de reforma de las AFPs y de las CTS pero no se ve ni un solo proyecto para reformar y rescatar el patético y prostituido sistema de seguridad social, si todavía se puede llamar "sistema" a eso. Todos son muy valientes cuando se trata de las empresas privadas que dan un excelente servicio, pero se vuelven cobardes cuando se trata de reformar un sistema en manos del Estado.

Ya es hora de pararle la mano al Estado. Basta de politiquería y de improvisación con los dineros de los trabajadores. Ellos pagan su dinero y tienen el derecho de recibir una buena atención. La seguridad social debería estar en manos privadas ya que se sustenta con el dinero de los trabajadores. El Estado no tiene por qué manejar ese dinero y menos utilizar el sistema al antojo de cada gobierno para sus fines electorales. Eso debería ser considerado malversación. Hay que pedir respeto por el dinero de los trabajadores y que se someta a referendum si los trabajadores quieren pagar más por ese servicio que hoy reciben o si prefieren que su seguro de salud sea administrado por una entidad privada.

Ya que tanto les gusta las consultas populares, que se consulte al pueblo si quieren que la seguridad social siga en manos del Estado o prefiere una gestión privada. Que hablen los trabajadores. Eso es democracia.