Mostrando entradas con la etiqueta feminicidio. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta feminicidio. Mostrar todas las entradas

miércoles, 25 de abril de 2018

La justicia y el feminicidio


Por: Erick Yonatan Flores Serrano
        Coordinador General del Instituto Amagi

El execrable delito contra Eyvi Agreda Marchena, una joven de 22 años, ha copado las portadas de la mayoría de medios escritos y no hay programa televisivo que no dedique su tiempo a comentar el hecho. El presunto agresor ha sido capturado pero la indignación que ha generado la agresión, pone de manifiesto que la oleada de violencia en nuestro país viene en aumento y que los esfuerzos por tratar de contenerla no vienen surtiendo efecto. Y como resultado conocido, un gran número de personas han salido a decir que nuestro país es una vergüenza, que nuestra sociedad cada vez está peor, que somos un país de “feminicidas” y “violadores”, y un largo etcétera que seguramente será la comidilla de los medios durante algunos días más.

Si revisamos las cifras, es evidente que existe razón suficiente para alarmarse por todo lo que viene ocurriendo; sin embargo, la generalización termina siendo un error porque sabemos que las culpas de unos pocos no las podemos cargar todos. Si una mujer mata a un hombre, no podríamos decir que nuestro país está lleno de asesinas. Pero lo más sorprendente de todo este asunto, es el hecho de que no se hable de otra cosa que no sea el sexo de la víctima, como si su condición de mujer terminase siendo un aspecto relevante para la justicia. De la misma forma en que se hace hincapié en el sexo de la víctima, que el agresor sea hombre tampoco escapa a las furibundas manifestaciones. Son detalles que no debemos perder de vista porque, aunque no lo quieran reconocer o lo desconozcan por completo, forman parte de un libreto político que viene esparciéndose por todos lados.

El feminicidio, en medio de este contexto, no es más que una de las conquistas que el feminismo ha conseguido en materia legal. Cualquier persona pensaría que se trata de un avance en la lucha contra el machismo, el patriarcado y todos los monstruos que hoy justifican este tipo de desvaríos jurídicos; sin embargo, su implementación no sólo no ha conseguido frenar las agresiones en contra de las mujeres, sino que la tendencia parece ir en alza. Incluso en la implementación de este tipo penal, existe un gran vacío que termina favoreciendo a los culpables por una sencilla razón, y es que para que un delito se configure como feminicidio, el móvil del mismo debe ser la condición de mujer de la víctima. En buen cristiano, un feminicida es aquella persona que asesina a una mujer por el solo hecho de ser mujer; y como todos entenderemos que esto es prácticamente imposible, jamás se encuentran los medios probatorios suficientes para condenar a alguien por feminicidio; lo que termina en la liberación de los agresores.

La administración de justicia, en nuestro país y en cualquier país del mundo, no debe obedecer ninguna agenda política como viene ocurriendo actualmente. Es una pena que la sociedad termine comprando este lamentable hecho como un crimen de odio contra las mujeres, el sexo es en lo último que deberíamos fijarnos al momento de manifestar nuestros juicios morales ante casos como estos. Todos estaremos de acuerdo en que el agresor debe ser procesado, juzgado y sentenciado por el delito que ha cometido; todos debemos rechazar este tipo de actos por el solo hecho de tratarse de una manifestación violenta de una persona contra otra. Tan culpable y miserable es el hombre que le quema el rostro a su pareja por celos, como la mujer que le mutila los genitales a su pareja por celos. No podemos juzgar los delitos en función del sexo de los protagonistas, hacerlo implicaría acabar con la igualdad ante la ley y con el mismo sentido de justicia.

sábado, 13 de agosto de 2016

Marchar ¿para qué?


Por: Patricia Gallo Negreiros

La violencia no se vence con más violencia (como el fuego no se apaga con más fuego). Ir a una marcha organizada por colectivos de izquierda, oenegés militantes de izquierda, grupos de exaltados de izquierda junto al lobby gay no va a reducir la violencia contra la mujer ni un ápice. Nada. Como no lo ha hecho en ningún lugar donde ya se dieron estas marchas bajo el mismo lema. No nos engañemos, no la organizaron las víctimas o los vecinos a propósito de las últimas injusticias sufridas por mujeres y que han sido mediatizadas solo para ganar rating. El plan ya estaba cocinado hace rato, solo están aprovechado los sucesos mediáticos recientes que les han caído como anillo al dedo (dicho sea de paso, los hay peores) y no perdieron tiempo para armar bien el escenario a favor de sus causas típicas.

Marchar contra la violencia es como marchar contra la delincuencia: los delincuentes no van a sensibilizarse, ni van a dejar de delinquir porque sales a la calle a indignarte. La delincuencia se debilita fortaleciéndonos a nosotros mismos y educando en valores a las generaciones futuras, pero ese es un trabajo arduo que debe realizarse en el día a día, no haciendo marchas que ciertos colectivos progresistas y feminazis instrumentalizan para sus intereses particulares. Lo demás, combatir la delincuencia y la agresión, es responsabilidad de las autoridades. Hay que exigir más celeridad y rigor, y creo que en eso están.

Lo que hay que hacer es empoderar a la mujer a través de la educación para que tenga una alta autoestima y no se sienta inferior a ningún hombre por el solo hecho de ser mujer. Hay que educarlas para que sepan prevenir el peligro, defenderse y tomar decisiones correctas. Educarlas para que se preparen humana y profesionalmente y tengan la capacidad de solucionar sus problemas por si mismas, con estabilidad y fortaleza afectiva, sin depender emocionalmente de nadie. Hay que trabajar: las soluciones a este difícil problema requieren ser más elaboradas, con una mayor inversión de tiempo, de esfuerzo y... de neuronas. No es cosa de marchitas.

Estoy segura que irá mucha gente a la marcha porque todos quieren salir en la foto. Además ha habido una gran inversión en la convocatoria: basta chequear paneles y propagandas en los medios, pero no está demás reflexionar sobre las decisiones que tomamos las mujeres en el día a día, porque traerán –siempre traen- grandes repercusiones en la sociedad, la cultura y en los valores de nuestro pueblo (y de eso somos ciertamente responsables).