lunes, 4 de julio de 2016

La inmortalidad del cangrejo



Escrito por: Elvis Occ


Por alguna razón que no alcanzo a comprender, los analistas políticos de derecha (de todas la "razas") no aparecen en la televisión, radio o diarios últimamente. Casi el 100% de los que comentan y diseccionan cuestiones coyunturales son de izquierda o hijos de papi sin puesto en la empresa familiar. No quiero pensar que nuestros analistas siguen discutiendo la inmortalidad del cangrejo o simplemente recogieron el furibundo moco morado de pavo embravecido, con la secreta esperanza de ser llamados por PPK o Mechita. Y es que esta difícil criticar a la izquierda, Ollanta o los caviares porque están con PPK, pero tampoco a los fujimoristas pues son mayoría absoluta en el Congreso. La derecha nuestra está siendo reducida a las redes sociales y allí también ya tenemos problemas.

Colémonos en el gobierno, dicen algunos. Infiltrémonos en los ministerios sugieren otros. ¿Suponen que una vez apoltronados en una entidad estatal, influirán en la política del gobierno? ¿Es en serio? Ni Ollanta en la presidencia pudo hacer mucho e inclusive su mujer hizo más por su cuenta. ¡Dios mío! No sé si es ingenuidad o simple y llanamente cojudez congénita. ¿Qué les pasa? ¡Esto no es Juego de Tronos! Reúnanse y separen el grano de la paja (en especial las mentales) de una buena vez. Quienes pueden entrar en acción y quiénes no. Quienes pueden participar, como, cuando y donde. Que tengo negocios, mi mujer no me deja, estoy muy viejo. ¡Pamplinas! Todos pueden hacerlo de un modo u otro. ¡Es una cuestión de convicción! ¿La tienen o no?

¿Quieren un millón de soles para fundar un partido? ¿Creen que solo con un líder pintón y de buen floro se puede ganar? Quiero pensar que no están convencidos de tal cosa. Quiero creer que anteponen esas exigencias a sabiendas que no caerán del cielo y para justificar su falta de compromiso y huevos. Porque si en verdad fuera cierto, el enano de Napoleón, el feo de mierda de Robespierre o el muerto de hambre de Steve Jobs nunca hubieran logrado nada. No es mi intención vapulear el ego de nadie, pues más de uno tiene pergaminos que este insolente no posee, pero me siento obligado a exigir y exijo. No sea que después lloren como nenas lo que no pudieron defender como hombres. Estamos dispersos y así no es mucho lo que podamos hacer. ¡Hagamos algo pero ya!