domingo, 25 de octubre de 2015

Shhh! No digas liberal!




Escrito por: Elvis Occ

Conversando sobre la falta de un verdadero partido de derecha y no las forzadas imitaciones que hay por allí –algunas tan falsas que deberían decir “made in china”- alguien nos dijo que no deberíamos ni tan siquiera mencionarlo. Que espantaría a la gente. Cosa que algunos creemos no es cierto. Sin embargo hasta recalco este bien intencionado contertulio, que ni la palabra liberal era bueno nombrar. Caramba! Entonces nos disfrazaremos y bailaremos al ritmo que nos toquen, como si estuviéramos en el Carnaval de Rio. Al final ganara el que parezca menos lo que en realidad es o el que resulte ser menos de lo que no sabíamos en realidad era. Favorecer el embuste para conseguir la verdad no funca. Y para los cultileidos ahí les va esta de Albert Camus: “En política, son los medios los que justifican el fin, nunca el fin a los medios.”

Si el colectivo, asociación, ong o partido tiene como pilares de su organización y funcionamiento ideal, preceptos o tendencias políticas de derecha, estipúlenlo así. Que no les vendan la receta de “una talla para todos”. La base de toda organización debe su fortaleza a la verdad y la lealtad para con sus principios rectores. Que no se caiga en lo que el comediante Groucho Marx decía: “Estos son mis principios, pero si no te gustan tengo otros más.” Por eso ya no llama a sorpresa ver que conforme se acercan las elecciones algunos partidos y candidatos presidenciales asuman posiciones políticas distantes a sus raíces, a sus convicciones. Dependiendo del lado del que tus simpatías se ubiquen podríamos decir que es mera estrategia política o simplemente otra de las tantas estratagemas electorales.

Si en estas justas electorales no aparece un partido o un candidato genuinamente de derecha, lo más probable es que un buen día despertemos gobernados por una camarilla de los mismos indeseables de siempre. La única diferencia será la adición de nuevos rufianes, con polo multicolor y discurso cambiado. Con favores que devolver y coimisiones que cobrar. En suma, lo único que podría ser cierto no asoma hasta el día de hoy, lo más probable es que caigamos en la trampa de siempre –y lo que es peor-  a sabiendas, lo que es insultante. Terminaremos votando por un candidato que pensábamos era lo que creíamos y que ahora dice ser otra cosa, pero que debemos creer en el fondo no es tal. Esa no es garantía suficiente de honestidad para alguien que pretende gobernar un país. No es un buen comienzo, aunque si podría ser el preludio a un final catastrófico, pero por Dios, no usemos la palabra liberal.

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