jueves, 25 de junio de 2015

Es lo que hay


Escribe: Dante Bobadilla Ramírez

El nivel de la política en el Perú ha caído a niveles paupérrimos. En países vecinos el debate político gira en torno a concepciones ideológicas sobre el manejo de la sociedad desde el Estado, o alrededor de criterios económicos para afrontar retos de crecimiento, mientras acá no pasamos de escandaletes de mal gusto por parte de la pandilla decadente del nacionalismo que, para deshonra del país, pudo llegar al gobierno avalados por connotados líderes de opinión, como el cuestionado Mario Vargas Llosa, quien se prestó como garante de Ollanta Humala. Más pudo el odio mezquino, la ruindad y el más vil de los enconos que los intereses de la patria. 

Llevar al poder a una banda de improvisados salidos de la nada o, peor aun, extraídos de los bajos fondos del narcoterrorismo y el radicalismo de izquierda, fue un salto al vacío, como bien lo dijo en su momento Alejandro Toledo, antes de saltar a los brazos de Ollanta Humala cuando este pasó a la segunda vuelta. Toda esa gentuza que se apresuró a rodear a Ollanta Humala pueden dividirse en dos facciones: los enfermizos antifujimoristas y los trepadores oportunistas. Unos guiados por sus odios, traumas, rencores y bajas pasiones, y otros por sus intereses personales y de grupo. Ellos fueron los que nos colocaron a esta plaga de mamarrachos en el poder.

Decir que hoy se sienten defraudados es reveler su escasa estatura mental. ¿Qué más se podía esperar de un improvisado sin oficio ni beneficio? ¿Quién era Ollanta humala? ¿De dónde había salido? Era un fantoche que la prensa hizo famoso luego de la payasada del locumbazo, donde los hermanitos Humala salieron a la luz como peligrosos retrasados mentales a quienes les gustaba jugar a la guerrita, algo que ratificaron años después con el andahuaylazo. Ollanta Humala debió estar preso por golpista. Pero la mano blanda de la justicia lo premió dejándolo libre. Ya antes Toledo lo había beneficiado con una agregaduría militar en el extranjero, donde vivió a cuerpo de rey ganando un sueldazo sin hacer nada. Luego Humala se lo agradeció promoviendo un golpe contra Toledo. Esta es la clase de alimaña que hoy tenemos en palacio de gobierno.

Nada, absolutamente nada se podía esperar de esta gentuza. No eran más que una banda de trepadores ansiosos por asaltar el poder sin la menor idea de lo que es un gobierno. No es nada raro pues que la mujer de Ollanta, Nadine Heredia, haya tomado el poder de facto como si estuviera en la cocina de su casa, colocando y sacando ministros y embajadores. El comportamiento indecoroso de Nadine Heredia y su comparsa de ayayeros y chupamedias en el Congreso han llegado a ser la cumbre de la vergüenza nacional. Imaginemos a nuestros nietos leyendo la historia del Perú dentro de medio siglo. ¿Cómo explicarles lo que ocurrió en nuestro país? ¡Qué vergüenza!

Nunca olvidemos a quienes colocaron a esta piara de politiqueros de quinta en el poder. Fueron los rojos, progres y caviares, unidos con el enfermizo grupete antifujimorista de todos los colores, junto a la otra banda de trepadores y oportunistas liderados por el impresentable y desvergonzado Alejandro Toledo. A ellos y al marqués Mario Vargas Llosa. Son ellos los que deberían darle explicaciones a la historia.