viernes, 3 de abril de 2015

La estatura moral de Ollanta y su garante


Escribe: Dante Bobadilla Ramírez

Fuente: El Montonero

Según el sociólogo Carlos Delgado Olivera, el desprestigio de los otros es una de las más nefastas formas de arribismo que se practica en el Perú. Consiste en quedar bien a costa de enlodar a los demás. Todos son malos, ergo, yo soy el salvador. Así es como han emergido ciertos políticos izquierdistas en la región. No es pues nada extraño que Ollanta Humala lo practique desde sus inicios en la política y que durante su gestión en el gobierno haya usado el ventilador y el lodo como forma de comunicación.

Esta lógica primaria pertenece típicamente a sectores de izquierda. Ollanta Humala surgió precisamente como líder de esa izquierda condenando todo, dentro y fuera del país. Todo estaba mal, desde la Constitución hasta el TLC con EEUU. La refundación de la patria está siempre en esa mentes desquiciadas. Abimael Guzmán, como Pol Pot y Mao Tse Tung, también predicaron destruirlo todo para empezar desde cero la construcción de una nueva sociedad. Es el sueño de opio de esa gente. De allí la vena totalitaria y absolutista que los conduce al desprecio de los demás.

Todo esto lo vemos expresado en las reacciones tras la censura de Ana Jara. Ollanta Humala y su garante Mario Vargas Llosa se apresuraron a descalificar a la oposición dando el mensaje de que los malos están en el Congreso y los buenos en el gobierno. Humala llegó a decir que el Congreso no tiene autoridad moral para censurar a su ministra. Y Vargas Llosa dijo que sintió vergüenza al escuchar los argumentos de la oposición y cubrió a Ana Jara con su santo manto. ¿Esa es la verdad? Hablemos un poco de la moral de Ollanta y su garante.

Ollanta Humala es un militar golpista surgido de una turbia asonada montesinista contra Alberto Fujimori. Luego encabezó otra asonada golpista contra Alejandro Toledo justo al día siguiente de terminar su cargo dorado de agregado militar en Seúl. Como resultado de ésta hubo muertos de los que Ollanta fue librado mañosamente. Luego se dio la gran vida y montó su campaña política con dinero de muy dudosa procedencia. Llevó al Congreso la peor escoria humana jamás vista antes en la plaza Bolívar, la que votó siempre en contra de todos los gabinetes. Luego Ollanta presentó un recurso para vacar al presidente García culpándolo directamente de los muertos en las protestas sociales. Entonces dijo que si fuera presidente y hubiera un solo muerto en un conflicto social no dudaría en renunciar. Sus palabras están grabadas. ¿Puede este personaje de cómic hablar de estatura moral y llenarse la boca con la palabra democracia?

Mario Vargas Llosa tampoco es ningún santo. Sus devaneos políticos son sorprendentes. Es todo un profeta liberal en el exterior pero acá apoya a un chavista. El 2011 no dudó en garantizar al candidato de la izquierda delirante solo para impedir que Keiko Fujimori llegara a la presidencia. Lo dijo claramente. Es decir, un sujeto capaz de cualquier mezquindad por un acto de vendetta política no puede darnos lecciones de moral. Carece de principios democráticos. Hoy resulta ridículo verlo sorprenderse e indignarse de que Ollanta Humala apañe a la dictadura de Maduro.¿Puede haber mayor descaro político?

Incluso la hipocresía y el descaro tienen un límite. Ni Ollanta Humala ni Mario Vargas Llosa están para darnos ninguna lección de moral ni altura política ni democracia. Son tal para cual, simples socios en un negocio turbio.