sábado, 16 de agosto de 2014

El pensamiento chavista de Ana Jara


Escribe: Dante Bobadilla Ramírez

Ana Jara, la nueva premier del gobierno de la inclusión social, está apelando a todas las tretas posibles para conseguir el voto de confianza de un Congreso que ya no controlan con tanta facilidad, luego del desbande que provocó la imposición de Ana María Solórzano como candidata y capricho de Nadine. La misma Ana Jara huele a perfume de Nadine, de tanto andar a su lado como telonera de cuanto evento organiza para el lucimiento de la primera dama. El escenario del poder pinta a Nadine como la dueña de las riendas.

La primera estrategia de Ana Jara ha sido jugar la carta del diálogo. Recurso ya gastado en este gobierno desde que Salomón Lerner cayó en la trampa del diálogo con los antimineros de Cajamarca y Juan Jiménez lo terminó de manosear sin llegar a nada concreto. De hecho el diálogo no pasa de ser más que una mecida, una pasada de mano sobre el lomo de los que se creen importantes y se consuelan con acudir a palacio en un diálogo sin mayor trascendencia y cuyo único resultado es una foto de sonrisas junto a un discurso con poses democráticas.

Pero el último recurso de Ana Jara para lograr el voto de confianza es ideológico de corte socialista. Ha dicho, por ejemplo, que el fujimorismo no debería petardear la democracia. Luego agregó que deberían votar a favor del Perú. En suma, estos señores se creen que son la encarnación de la patria y que si no votan por ellos votan contra el país. Más o menos la mentalidad del chavismo y el castrismo: patria o muerte. Lo que quiere decir que si no apoyan la "revolución" no apoyan la patria, en consecuencia merecen la muerte por traidores.

Tal vez Ana Jara no es consciente de las ideas que representan sus palabras, pero hay que señalarle que son absolutamente equivocadas y antidemocráticas. El Congreso es parte del diseño de la democracia que se sustenta en la división del poder. El gabinete acude ante el Congreso para recibir su voto de confianza y este no está obligado a darlo. Podría negarlo como parte del juego democrático y sería perfectamente válido. No hay por qué condicionar el patriotismo ni la democracia al apoyo del gobierno y menos al gabinete. Si el Congreso no apoya al gabinete presidido por la Sra. Jara, esta debe renunciar para que el presidente conforme un mejor gabinete que goce de la confianza de las expresiones políticas representadas en el Congreso. De eso se trata y para eso es que el gabinete pide la confianza del Congreso.

De modo pues que aclaremos este punto y que no nos vengan con el pensamiento castro-chavista de que apoyan al gobierno o están contra la patria y la democracia. A otro perro con ese hueso. El Congreso tendrá que sopesar, por ejemplo, la conveniencia de permitir el copamiento del poder por parte de la primera dama, tanto en el Congreso como en el Ejecutivo, como es público y notorio; también tendrá que evaluar las garantías que ofrece Jara en el cambio de rumbo de un gobierno que nos ha hecho caer en la cacofonía de un solo producto: la inclusión social, mientras la economía se va a la deriva. Veremos si el te de tías convence a los parlamentarios.