viernes, 15 de agosto de 2014

Desfachatez progresista


Escribe: Dante Bobadilla Ramírez

El líder comunista cubano Fidel Castro cumplió 88 años y fue ocasión para que el progresismo latinoamericano en pleno desate, una vez más, su acostumbrada y ridícula pasión por el culto a la persona, dejando de lado el más mínimo sentido de crítica y hasta el más elemental pudor. Y no solo en este caso, a decir verdad, ya que todos los líderes comunistas idolatrados por masas estúpidas nunca fueron más que felones y dictadores de baja estofa, que representaban lo más abyecto y despreciable de la especie humana. La lista de tiranuelos comunistas es larga, empieza con Stalin, sigue con Mao y acaba probablemente con Fidel Castro y ese payaso norcoreano que sueña con lanzar un ataque nuclear a Nueva York.

Fidel Castro no solo es un dictador sino la última alimaña viva de la época más nefasta de la humanidad, cuando el comunismo casi dominaba el mundo entero en diversas variantes, todas patológicas y letales. Pero Fidel Castro ostenta además el triste récord de regentar la tiranía más longeva de la historia, pues la mafia comunista liderada por él se apropió del poder hace más de medio siglo. ¿No basta solo esto para escupirle en el rostro como a un vulgar delincuente? Tal vez esto sea algo poco apropiado para un vulgar delincuente, eso lo estoy dudando, pero para un dictador que se entroniza en el poder mandoneando a su capricho a un pueblo por más de medio siglo, llevándolo a la miseria más espantosa, merece al menos un buen escupitajo en defensa de la dignidad de ese pueblo.

Y lo merecen también todos esos fantoches de la izquierda que idolatran al dictador como a una virgen inmaculada, llenándolo de alabanzas y homenajes como si se tratara de un dios. Patéticos personajes que navegan en el mar de la estupidez política y la falsa moral. No tienen nada que enseñarnos. Su mundo es un mundo de tiranos podridos en el poder, que merecen morir masacrados por su pueblo como Nicolae Ceaușescu o Muamar Kadafi. Pero también es un mundo bizarro, donde el lavado cerebral a base de consignas repetidas durante décadas de propaganda oficial, sin más alternativa que oír la voz del amo, acaba por transformar a los habitantes en masas idiotizadas que lloran la muerte de su opresor, como ocurrió con Mao y Stalin, y como probablemente ocurrirá con la próxima muerte de este tirano cubano.

Fidel Castro representa perfectamente todo ese mundo mítico del progresismo latinoamericano, el discurso inflamado repleto de clichés y amenazas al poder que consideran opresor, la pose revolucionaria que promete cambios radicales que transformarán el mundo en un paraíso de justicia social, el desprecio de la lógica y el saber para preferir la ideología y el sueño utópico, la incapacidad para aprender de la experiencia y rectificar el rumbo, y finalmente la ceguera para no reconocer la miseria y el desastre provocados. A eso hay que sumarle la desvergüenza para seguir idolatrando fantoches fracasados y asesinos mercenarios.

Fidel Castro llegó a La Habana un primero de enero de 1959 gritando "libertad", pero lo primero que hizo fue eliminar todas las libertades al pueblo, desde la libertad de pensamiento hasta la libertad de expresión; justificó su revolución en la lucha contra la dictadura de Fulgencio Batista que ya cumplía 5 años, pero luego montó su propia dictadura de 55 años; se quejó de que Cuba era el burdel de los yanquis, pero luego convirtió a la isla en prostíbulo de los soviéticos, donde los soldados, técnicos y políticos rusos que llegaban a montones embarazaban cubanas dejándoles hijos con nombres curiosos; denunció el atraso del pueblo cubano pero lo primero que hizo fue confiscar todas las propiedades y prohibir los negocios privados hasta sumirla en la más absoluta decadencia; habló de la dignidad e independencia del pueblo ante el imperialismo norteamericano, pero se arrodilló ante el imperio soviético al que le regaló toda la isla para que la conviertan en lanzadera de misiles nucleares. 

La insensata gestión de Fidel Castro convirtió a Cuba en un parásito mundial, pues vivieron mantenidos por los rusos durante 30 años, luego de la debacle mundial del comunismo pasaron hambruna hasta que Castro tuvo que permitir que los cubanos de EEUU ayuden al pueblo con sus remesas de dólares; por último pasaron a ser mantenidos por la Venezuela chavista. Nunca pudieron pagar sus cuantiosas deudas externas y hasta los rusos tuvieron que perdonarles los US$ 30 mil millones que les debían. Cuba es un mundo de ficción donde todo se cae a pedazos pero se leen consignas sobre el triunfo de la revolución. Tal vez los miserables cubanos esclavizados por el régimen no sepan que están siendo engañados, pero los idiotas de toda Latinoamérica que a pesar de todas estas evidencias se niegan a admitir la realidad del desastre, y siguen idolatrando al dictador y promoviendo el socialismo son los que francamente dan asco.

Los latinoamericanos tenemos aun razones especiales para detestar a Fidel Castro porque convirtió a Cuba en la escuela mundial del terrorismo comunista, desde donde salían los enajenados mentales de la izquierda a sembrar la violencia en nuestros países con la estúpida idea de que iban a "liberar a los pueblos". Los pobres cubanos fueron incluso obligados a marchar hasta la lejana Angola para luchar en una guerra ajena, apoyando la expansión del imperialismo soviético que imponía el comunismo a sangre y fuego. En esa aventura murieron más de 3 mil cubanos y sus familias nunca recibieron compensación alguna. Fidel Castro ha sido de muchas maneras el responsable directo de miles de muertes, tanto de cubanos como de africanos y latinoamericanos. Lamentablemente a este tipo de criminales nadie los puede enjuiciar y sentenciar a la pena que se merecen. Pero estamos seguros que, al contrario de lo que espera este folklórico tirano del Caribe, la historia no lo absolverá.