lunes, 4 de noviembre de 2013

La izquierda está hecha de odio


Por: Iván Slocovich Pardo

Así como nadie quiere que el Perú vuelva a ser manejado por una pandilla de delincuentes, tampoco es deseable que bajo el pretexto de la aplicación de justicia y sanción a los culpables, tengamos otra vez un sistema judicial como el de inicios de la década pasada, cuando de la mano de muchos instigadores se convirtió en una aplanadora que no supo diferenciar a los honestos de los hampones de cuello y corbata, y destruyó por completo familias y vidas como las del recientemente fallecido Jorge Camet, perseguido injustamente por 12 años y absuelto en última instancia apenas un día antes de morir.

Hemos tenido a personas inocentes que han sido perseguidas por años y sometidas a injustos encierros, y a otras que ni siquiera ven terminados sus procesos a casi 13 años de iniciados, por culpa de un sistema judicial infiltrado por magistrados, ONGs y "consultores" ideologizados y con afanes de venganza. Extraño que esta gente que siempre se llena la boca hablando de que el Poder Judicial es "independiente", se haya quedada callada ante semejante injerencia que desvirtuó por completo la necesaria aplicación de justicia contra los que realmente delinquieron desde el gobierno a fines del siglo pasado.

Un caso emblemático ha sido el de Camet, quien fue ministro de Economía y Finanzas entre los años 1993 y 1998, lapso en el que se hicieron las más grandes reformas que han hecho al Perú lo que es hoy. Víctima de odios y de un proceso que en ningún país civilizado podría llamarse "judicial", se la pasó enjuiciado más de 12 años, varios de ellos bajo arresto domiciliario. Por indicios que luego fueron desvirtuados uno a uno, perdió su libertad. Y claro, hoy ninguno de los fiscales, jueces y procuradores de por ahí que vieron su caso, y los infaltables instigadores cargados de odio, dicen una sola palabra al respecto.

Esta gente que ante el caso Camet se queda muda, es la misma que hace bulla, marchas, pone abogados, da conferencias, viaja a foros internacionales, hace monumentos indignantes como El ojo que llora y prende velas en las calles, cuando están en juego los supuestos derechos de sus "compañeros de ruta", algunos de ellos terroristas declarados o próximos a ellos. No está mal que lo hagan cuando la ley se viola o los olvida, es su derecho. ¿Pero no era que los derechos humanos eran para todos por igual?, ¿por qué tanto para unos y nada para otros? En esta gente es evidente la doble moral, qué duda cabe.

Es una lástima que por abusos como este que no tienen nombre, se desvirtúe a la justicia peruana y en especial a la democracia que tanto costó recuperar. Llama la atención que estas situaciones se hayan dado especialmente en un gobierno como el de Alejandro Toledo, quien se vendió ante los ojos del mundo como el artífice del fin de los abusos y los atropellos desde el Estado hacia las personas. Irónico que este personaje esté hoy contra las cuerdas por sus millones de dólares y que se queje de linchamiento, cuando en su gobierno hubo gente que por menos se fue adentro.

Así como el Perú hoy se jacta de estar superando el atraso económico y de aspirar a ser del primer mundo, sería bueno salir también de la era de las cavernas en lo que a aplicación de justicia se refiere. Doce años de juicios para que al final te den un veredicto exculpatorio en última instancia, es un abuso y una tortura sin nombre que no le deberían suceder a ningún procesado, ni siquiera a los terroristas criminales que reciben cómplice apoyo de quienes hoy callan ante atropellos como el que se cometió contra Camet.