miércoles, 8 de julio de 2015

Ollanta Humala es una vergüenza nacional


Escribe: Dante Bobadilla Ramírez

Es una lástima que la Constitución no contemple la incapacidad mental para vacar al presidente, pues esa tendría que ser la fórmula aplicable a Ollanta Humala. No sé si la incapacidad moral pueda usarse para un presidente que va al extranjero a hablar mal de otro gobierno de su propio país, culpar a los medios de su país y rajar de las empresas de su país. ¿No es eso traición a la patria? Eso es lo que acaba de hacer el impresentable sujeto que hoy detenta la presidencia del Perú en su visita a España. Para lavarse la cara y defender a su mujercita no tuvo mejor idea que atacar a la prensa peruana afirmando que hay una empresa que concentra el 80% de los medios, la que supuestamente pretende desestabilizar a su brillante gobierno. Recordó los tiempos de Fujimori cuando, según dijo, la prensa se prostituyó por dinero. Agregó que si antes los medios colocaban presidentes hoy ya no lo hacen.

¿Alguna vez se ha visto a un presidente chileno hablando pestes en el extranjero sobre el general Pinochet? ¿Se ha visto a algún presidente de cualquier país dar semejante espectáculo fuera de su territorio? Sabemos bien cuál es la estatura mental de Ollanta Humala, pero no sospechábamos que ni siquiera tuviera el tino para ser reservado ante la prensa de otro país. ¿Nadie le enseñó a este limitado que los trapos sucios se lavan en casa? Tan acostumbrado está a tirarle barro al pasado e insultar a los que no forman parte de su corte de adulones, que ya ni siquiera en el extranjero cambia de chip.

Qué diferencia cuando el ex presidente español José Luis Rodríguez Zapatero defendió a su rival político, José María Aznar, en una cumbre latinoamericana cuando el delirante Hugo Chávez se atrevió a llamarlo genocida. No le tembló la voz a Rodríguez Zapatero para exigirle disculpas al matón de barrio socialista, aunque tenía más afinidad con este que con Aznar, pero lo hizo porque ante todo está el país, y un presidente tiene la obligación de defender a su país y a sus compatriotas. Algo que nadie parece haberle explicado al improvisado trepador de cuartel que hoy tenemos en la presidencia del Perú.

Es evidente que el gobierno de Ollanta Humala no solo es un "gobierno familiar" (no institucional, ni partidario, ni mucho menos de consenso político, solamente "familiar") sino que además su esposa está por encima del país, y si tiene que defenderla lo hará a costa de embarrar al país hablando mal de los medios, los gobiernos pasados, los políticos de oposición y de los empresarios. Esa es la calidad de presidente que hoy tenemos, esa es su estatura moral y el orden de sus valores. Simplemente es una vergüenza para todo el país. Lo que habría que decirle a Ollanta Humala es que no es digno de colocarse la banda presidencial ni de seguir en ese cargo. No nos representa.

Además, en honor a la verdad, habría que refrescarle la memoria a Ollanta, declarado admirador de Velasco, que fue Velasco el que prostituyó a la prensa luego de confiscarla por completo. Se apropió de todos los medios: prensa, radio y TV, colocando en su dirección marionetas que se vendieron por un plato de lentejas para dedicarse a glorificar a la dictadura todos los días. Nunca la prensa peruana estuvo más prostituida ni más concentrada que en los días de Velasco. Algo que nuestro mediocre presidente no quiere recordar o quizá ignora. Pero al menos podría haberle preguntado eso a su premier y mentor Siomi Lerner, un sirviente de la dictadura de Velasco.