lunes, 8 de junio de 2015

La realidad de la izquierda


Escribe: Dante Bobadilla Ramírez

Diversos opinólogos que quieren ofrecer un perfil posmoderno y actualizado se resisten a usar los conceptos de izquierda y derecha como referentes políticos, aduciendo que ya no son vigentes. Sin embargo, enseguida abordan su análisis diferenciando de algún modo estos sectores, y dejando en evidencia que nunca han dejado de existir. Así pues, por más poses intelectuales modernistas que se empleen, es imposible no distinguir estos sectores con mucha claridad. Todos esos afectados analistas de biblioteca que se empeñan negar estos conceptos clásicos sufren de poserismo académico. 

Evidentemente, la izquierda socialista desapareció del mundo tras la caída del muro de Berlín y el colapso total del bloque comunista. Los países que fueron el símbolo del comunismo han dejado atrás esa locura ideológica y hoy marchan hacia el progreso en pleno capitalismo, aunque en el plano político aun se mantengan dictaduras abiertas o soterradas como las de China y Rusia. Pero nada de eso impide que al interior de países subdesarrollados como Perú, y otros de Latinoamérica, exista una izquierda ideologizada que sigue preconizando los valores del socialismo fracasado. Es cierto que han dejado de citar a Marx, Lenin y Mao, pero tienen modernos autores que han actualizado esas ideas colectivistas de ayer, con novedosos discursos y conceptos reinventados que le dan la apariencia de originalidad y modernidad a las trasnochadas tesis de la redistribución de la riqueza y la igualdad social. De hecho, han puesto de moda le famosa "lucha contra la desigualdad" en casi todo el mundo.

El cambio de lenguaje, la transformación del discurso y la renovación de banderas es apenas parte de la estrategia mundial de la izquierda. La lucha contra el capitalismo no ha terminado. Desde el papa Francisco hasta encumbrados economistas condenan la acumulación de la riqueza y "la primacía del mercado por sobre la sociedad". ¿Qué significan esas consignas universales de que la economía debe estar al servicio de la sociedad y no la sociedad al servicio de la economía? En un análisis elemental esa idea es un disparate absoluto. Es como preguntarse si el cerebro debe estar al servicio del corazón o el corazón al servicio del cerebro. Es una estupidez. Pero de eso está hecho el discurso de izquierda.

Lo único nuevo que tiene la izquierda en este siglo es que ya no existe el financiamiento tenebroso de las guerrillas asesinas en los países más pobres tratando de ganar el poder por las armas. Apenas quedan algunos pocos focos de lunáticos armados en Colombia financiados por el narcotráfico, pero la plaga de asesinos que la izquierda mundial desplegó por toda Latinoamérica, fue responsable de más de medio millón de muertos y del desastre de la democracia en nuestros países, con la serie interminable de dictaduras militares que aparecieron para combatir a las hordas salvajes de revolucionarios marxistas, los cuales surgían de las universidades como zombies comecerebros idiotizados por la ideología. Nada de eso existe hoy, pero el discurso antinorteamericano y anticapitalista no se ha desvanecido. El mal olor del socialismo aun permanece en las universidades.

La izquierda es hoy básicamente un montón de gente confundida que anda buscando su identidad. Se les conoce como "socialconfusos". No les gusta lo que hay pero no saben qué proponer, por lo tanto se limitan a inventar conceptos sonoros como "ordenamiento territorial" o "consulta previa", que parecen propuestas fundamentales pero que, llevadas a la realidad, acaban siendo solo humo en el aire. La gente de izquierda todavía sufre de un profundo complejo de superioridad moral, pese a la cantidad de muertos que han provocado con sus locas ideas en el siglo pasado. Y no es que hayan dejado de producir muertos. Los "conflictos sociales" que generan mediante la prédicas de sus ideas y la agitación social son también culpa de la izquierda. Aunque, como siempre, ellos pretenden sumarle sus muertos a la cuenta del gobierno, cuya misión es resguardar el orden. 

Los izquierdistas no solo sufren de superioridad moral. Incluso se creen intelectualmente superiores. El mito de que los intelectuales solo están en la izquierda aun no se ha disipado, pese a su precaria realidad. También es cierto que aun no se vaporiza esa ridícula moda snob de cierta gentita cursi que, para sentirse más cool y atractiva, le añadía a su perfil público un halo de izquierdismo progresista, mostrando su apoyo a toda clase de causas nobles como la ecología, los pobres, los indígenas, los nativos, la cultura y la igualdad en todos sus alcances, incluyendo al feminismo y los LGTB. Con eso se tiene el perfil del progresista perfecto. Ya no hace falta que camine con un libro bajo el brazo. Si se considera un progre aguerrido juvenil, se sumará a algún colectivo de los que están prestos a salir a las calles en cuanta movilización sea convocada para mostrar su repudio al aprofujimontesinismo y al neoliberalismo.

La triste realidad de la izquierda es que andan huérfanos de intelectualidad. Los escribas que rellenan sus artículos en las revistas de las ONGs o publican por el favor de sus argollas no están a la altura de un pensador respetable que se pueda tomar como referente. Son simples mamarrachos repitiendo como loros las mismas ideas relamidas en torno a la redistribución de la riqueza, convertidas en una gran letanía de pedidos de ayuda social de todo orden, que se pueden resumir en una sola frase: todo gratis a costa del Estado o la empresa. Son campeones inventando seudo derechos que conducen a la gente al parasitismo social y a la conchudez de masas. Es muy fácil inventar un seudo derecho para que el Estado o la empresa solvente algo que no va conectado con el compromiso individual a nada. Eso es lo que le gusta a la gente.

De manera que no podemos tolerar que se nos tome el pelo diciendo que ya no existe izquierda. Claro que existe. Es la primera fase en la maduración política de cualquier ciudadano. La mayoría pasa por ser de izquierda en su etapa de larva social, pero a medida que madura supera esta fase y abandona el cascarón ideológico del izquierdismo infantil. Por eso es que las personas transitan (si es que maduran mentalmente) desde la izquierda hacia la derecha. Nunca ocurre al revés.