lunes, 18 de mayo de 2015

EIA para dummies


Por. Ing. Juan Carlos Vásquez Peña

Estos días de agitación antiminera por parte de la izquierda ecocomunista, en contra del proyecto cuprífero Tía María, vienen saldándose con la pérdida absurda de varias vidas humanas. Ni qué decir del fortísimo impacto económico en la zona de conflicto y en la propia ciudad de Arequipa, donde ya se han sentido los estragos de paros promovidos por “organizaciones sociales” izquierdistas que controlan los asentamientos humanos que rodean la ciudad. Parte de la argumentación de estos operadores ecocomunistas antimineros suele dejar sin respuesta a periodistas y políticos no técnicos y está referido al Estudio de Impacto Ambiental (EIA), el cual ha sido incluso calificado de fraudulento por una periodista dedicada a copiar noticias de ciencia para armar su blog personal, pero que en realidad ignora profundamente lo que es la ciencia.

Los EIA son introducidos en la normatividad minera peruana en el año de 1993, dentro del paquete de nuevas políticas de atracción de inversiones al sector, paralizado por la desastrosa actividad estatal de origen velasquista (Centromín, Minero Perú, etc). El medio ambiente y su cuidado, olvidado hasta entonces, no había sido interés del Estado, las empresas, las comunidades y del público en general. La introducción del EIA para las actividades mineras nuevas y el PAMA (Programa de Adecuación y Manejo Ambiental) para las actividades mineras existentes supuso una revolución en el trato de las empresas con el medio ambiente en el cual se desenvolvían.

Posteriores modificaciones, reglamentaciones y nuevas leyes, así como la creación del Ministerio del Ambiente (MINAM) han ido dando el marco actual en el cual se realizan los EIA, existiendo en la actualidad tres tipos bien diferenciados para cada etapa de la actividad minera: El DIA (Declaración de Impacto Ambiental) para exploración minera inicial, el EIA-sd (Semi Detallado) para operaciones en un estadío de exploración avanzado y el EIA-d (Detallado), que es el más conocido por los no especialistas y es el que servirá de marco para las actividades mineras. Otra característica importante de los EIA es que pueden ser modificados años después de ser emitidos; esto debido a ampliaciones no previstas, cambios en el plan de cierre de mina, cambios en ubicaciones de instalaciones, etc.

El EIA-d es, probablemente, el documento más completo que se puede hacer de una zona en particular. La cantidad de información recogida en los diversos ámbitos de las ciencias (naturales y humanas), estadísticas, datos de laboratorio, ensayos “in situ”, monitoreos en campo por temporadas que pueden abarcar de unos meses hasta 2 – 3 años, registros de investigaciones de sub-suelo con métodos directos e indirectos, modelos numéricos, modelos conceptuales, registros de flora y fauna, datos etnográficos, antropológicos, demográficos, etc. La cantidad (y calidad) de información que reúne un documento de este tipo es de tal magitud que tanto a nivel local como a nivel internacional sólo unas pocas empresas consultoras están en capacidad de realizar. La cantidad de profesionales, técnicos y ayudantes de diversas ramas trabajando cada anexo del EIA es muy variada. En un documento así uno encontrará aportes de: sociólogos, antropólogos, arqueólogos, abogados, estadísticos, ingenieros forestales, geólogos, geofísicos, zootecnistas, agrícolas, hidrogeólogos, biólogos, y muchos otros más. La gran mayoría de los profesionales de alto nivel que realizan la compilación de cada anexo tiene estudios de post-grado en reconocidas universidades nacionales y extranjeras.

Las empresas que tienen permiso ministerial para elaborar estos documentos por lo general ya tienen una reputación ganada en el mercado nacional e internacional, y, debido a que su negocio está en la realización más objetiva posible del documento, sería ilógico que se presten a favorecer a la empresa y arriesgarse al descrédito, y la posible desaparición en caso se descubra manejos oscuros a futuro. No niego que haya casos de consultoras inescrupulosas, pero las que hacen los EIAs de los grandes proyectos, como Tía María, tienen un prestigio internacional bien ganado que deben defender.

Un documento de esta magnitud, que casi siempre por lo general pasa de los 10 volúmenes entre el texto resumen y los anexos, y más de 1500 hojas, por más controles de calidad que pase, siempre tendrá errores tales como: inconsistencias entre texto y gráficos o entre tablas y registros, codificaciones equivocadas, nombres de puntos de monitoreo equivocados o suprimidos, colores que no coinciden entre un plano y otro, notaciones diferentes para una misma prueba y muchos otros pequeños defectos “de forma”, fácilmente subsanables una vez detectadas. La gran mayoría de observaciones que hacen los organismos competentes del estado (MINAM, MINEM, OEFA) y organismos internacionales como el BM, UNOPS, UNESCO, FMI, etc, están referidos precisamente a estos defectos de forma. Raro es ver que un EIA para un proyecto minero tenga inconsistencias “de fondo” (como fallos en los modelos hidrogeológicos, fallos en escenarios sísmicos, fallos en escenarios de rotura de presa de relaves, deficiencias en registros de flora y fauna, etc), porque de ser así, el primer afectado sería la consultora que elaboró tan mediocre estudio.

Así que, cuando escuchen a los ecocomunistas decir airadamente que tal EIA; sea de Conga, Tambogrande, Tía María o cualquier otro proyecto, tiene observaciones hechas por la OEFA, el BM, la UNOPS o cualquier otra institución, no se alarmen. Si tienen tiempo (y paciencia) pueden entrar en la página web del MINEM o el MINAM y revisar los EIAs que se encuentran colgados en red y verificar por sí mismos las observaciones a los mismos. Verán que el alarmismo que nutre al ecocomunismo no tiene mayor asidero en la mayoría de las veces. Por último, cualquier EIA les tiene sin cuidado porque lo que en realidad buscan es detener la explotación minera con argumentos ideológicos y ridículos como "nuevo modelo de desarrollo", que es como llaman a su socialismo fracasado.