miércoles, 8 de abril de 2015

Los golpes de izquierda



Escribe: Dante Bobadilla Ramírez

La última semana tuvimos que soportar, una vez más, la prodigiosa memoria del rojerío que volvió a recordar el 5 de abril, con sendos artículos periodísticos y su infaltable marchita de pulpines. Nadie que merezca llamarse progresista dejó de dedicarle su columna semanal al golpe de Fujimori y soltar aguerridos tuitazos cargados de insultos al ex mandatario, enemigo público #1 de toda la izquierda. Hasta han aparecido más fujiconversos, gentita que en los 90 disfrutaron la paz y seguridad lograda por el régimen y callaron en todos los idiomas lo que ahora denuncian al cabo de 20 años, con pose de indignados, buscando ganar una imagen pública de "demócratas". Ya es una moda sumarse al corso progre del antifujimorismo salvaje.

Aclaremos la memoria: Fujimori cerró el Congreso temporalmente el 5 de abril de 1992, enseguida convocó a elecciones para un nuevo congreso constituyente que se realizó en noviembre. Para el año siguiente ya había un nuevo Congreso funcionando y todas las formalidades de un Estado de derecho habían vuelto al país. Hay que mencionar que el cierre temporal del Congreso es una medida que está contemplada en la Constitución, tanto en la actual como en la anterior, de manera que no es una cosa tremebunda ni "antidemocrática". El episodio no debería servir realmente para armar tanto circo de payasos demócratas indignados. Pero como siempre, no importan las razones sino el escándalo y la pose, siempre la pose.

En cambio hay otros golpes que vienen desde la izquierda, que se repiten constantemente, que amenazan el Estado de derecho, que hacen claudicar al Estado y amenazan la estabilidad jurídica del país poniendo en grave riesgo nuestro desarrollo económico, y frente a los cuales todos callan o hasta aplauden. Claro, lo que vale es nuevamente la pose en favor del medio ambiente y de los indígenas, que es eso: solo una pose. Nuevamente las razones no valen nada. Todo se mueve a base de consignas simplistas como "agua si, oro no". El ecologismo está de moda y además se trata de "poblaciones vulnerables". Ya tenemos ministerios para todas esas cosas lindas y políticamente correctas. Hasta el nuevo premier Cateriano ha declarado con cara de monja de clausura que luchará en ese cargo "para los más necesitados del país". Todo es pose en la política. 

Pero hablemos de golpes. Los llorones de izquierda y las calabacitas del periodismo que se cortan las venas por la democracia y el Estado de derecho interrumpido el 5 de abril de 1992, no tienen la misma indignación ante los constantes golpes de Estado que perpetran las bandas de agitadores antimineros coordinados por Tierra y Libertad, diversas ONGs y colectivos progres dedicados a la guerra contra el Estado y el "modelo neoliberal extractivista primario exportador". Las tomas de carreteras y paros regionales con enfrentamientos con la policía no son otra cosa que golpes al Estado de derecho, la imposición de caprichos ideológicos y partidistas de extrema izquierda por sobre las leyes y decretos del Estado peruano son abiertamente golpes de Estado. No se necesita derrocar al gobierno para tomar el poder. Basta tomar carreteras e imponer su doctrina.

La falta de carácter del presidente Ollanta Humala, un sacolargo que parece más preocupado en promover y defender a su mujer antes que resolver los graves problemas del país, es aprovechada por la escoria antiminera de izquierda que ha florecido como una cepa bacterial por todo el país, gracias a la labor de expertos militantes que se desplazan desde Cajamarca hasta Arequipa o Puno, o adonde quiera que sea necesario detener un gran proyecto de inversión minera. Ya tienen una expertise de 15 años y cancha abierta porque a nadie le ha preocupado enfrentarlos. No tenemos una ley que regule las protestas, por ejemplo. Todo intento es bloqueado por la CNDDHH que saca el sambetino de la "criminalización de las protestas", como si, efectivamente, las protestas no fueran criminales. ¿O acaso no es criminal tomar carreteras, incendiar locales, atacar sedes del Estado, atentar contra aeropuertos e instalaciones de gas o petroleo, agredir y asesinar policías? 

Mientras la izquierda sigue levantando el cuco de Fujimori, un anciano preso que probablemente muera en prisión, los rojos siguen haciendo su labor de hormiga para traerse abajo la economía del país, como lo ha denunciado valientemente el economista Miguel Santillana. La verdad es que muchos en este país necesitan dosis fuertes de desahuevina porque andan en las nubes, discutiendo cojudeces como "la vida y la familia", mientras el ecocomunismo avanza y tumba inversiones millonarias. En lo que va de este gobierno mediocre el país ha perdido más de US$ 40 mil millones de inversiones, ha frenado su crecimiento y el horizonte se pone negro. Mejor dicho, rojo.