domingo, 24 de marzo de 2013

Politiquería callejera se pone de moda


Ya no es la izquierda la que toma las calles en estos días. No son las incontables organizaciones de base ni las asociaciones populares ni los comités barriales ni los frentes de defensa, ni ninguna de las mil formas de agrupación que la izquierda ha inventado para decorar sus pancartas y banderolas y marchar por las calles en demanda de algún privilegio mal llamado "derecho", o para intimidar a sus "enemigos de clase" rechazando por ejemplo la revocatoria de la alcaldesa Villarán, o simplemente para hacerse notar agitando consignas alrededor de temas tan nobles como gaseosos, ya sea el medio ambiente o el agua. 

Otros sectores han copiado el mismo estilo de la izquierda y se han ido a tomar las calles para manifestarse como si se tratara de un carnaval, un corso de fiestas patrias o la llegada de un circo popular. Sin duda se trata de una forma primitiva de hacer política. Las marchas pertenecen a épocas romanas y su mayor y único sentido sigue estando en el ámbito castrense. El desfile de las tropas era y es un aviso de advertencia al enemigo. Las marchas tienen por objeto lucir la organización de las milicias, su equipamiento y valor. Eso no ha cambiado en nuestros días. Las tropas hitlerianas eran de las más sofisticadas en sus demostraciones y alardes públicos. Más tarde los seguirían las tropas soviéticas y hoy los chinos y norcoreanos.

Las marchas en el mundo civil fueron empleadas por los fascistas que marcharon sobre Roma. Pronto fue el signo distintivo del comunismo, fundamentalmente del sindicalismo obrero y luego el gremio estudiantil. Pero el único sentido de las marchas civiles fue la protesta contra las dictaduras, pues no había otros canales para expresarse y manifestar las ideas. Quienes vivimos bajo dictaduras alguna vez fuimos parte de una marcha. 

En cambio en épocas de democracia, en plena vigencia de las libertades y con una prensa libre las marchas no son más que payasadas. Suelen ser convocadas por activistas, ONGs y fanáticos de causas nobles y justas, de esos que abundan en estos días, y que solo buscan dar a conocer sus ideales excéntricos. Incluso hay grupos de delirantes y desquiciados como las Pussy Riot que gustan de exponerse desnudas, según ellas en signo de protesta. Y es que en estos grupos lo simbólico llega a ser lo más importante. Desde luego que el mundo real suele ser indiferente con esta clase de expresiones extravagantes. En el mundo real, viviendo en democracia y libertad, las marchas nunca cambiarán nada.