lunes, 25 de marzo de 2013

Los defensores de la vida


La marcha más significativa de estos días ha sido la convocada por el Arzobispado de Lima denominada "Marcha por la vida", pero que en realidad es una marcha contra el aborto exigiendo que este sea penalizado. Ha sido indudablemente multitudinaria. Se calcula que marcharon unas cien mil personas y estuvo encabezada personalmente por el cardenal Juan Luis Cipriani, quien dio un mensaje para cerrar el acto. De este modo la Iglesia pretende influir e imponer su criterio moral para que el Estado legisle penalizando el aborto. Un tema bastante complejo relacionado fundamentalmente con la libertad individual de la mujer y el manejo de su propia vida en tanto mujer. Sin embargo, las religiones han reducido todo a la beatería y la defensa de una abstracción llamada "vida". Es muy poco comprensible que la vida en abstracto sea más importante que una vida real y concreta, o sea la vida de una mujer y su destino personal. 

Quienes defendemos la libertad individual rechazamos por principio la intromisión del Estado en la vida de las personas. Es preciso defender la libertad de toda persona a tomar sus propias decisiones. Rechazamos que el Estado tome las decisiones que solo le competen a las personas como dueños de su destino. Los liberales no podemos criticar la intromisión del Estado en la vida económica y aplaudirla cuando se mete en la vida íntima o en la construcción del destino individual de la mujer. Solo la mujer sabe qué decisión debe tomar de acuerdo a su circunstancia concreta como individuo, y eso es lo que respetamos en primer lugar.

Nuestra posición no es a favor del aborto sino a favor de la mujer. Estamos por la defensa de la mujer y de sus decisiones como persona libre. Nadie puede obligar a una mujer a asumir un destino que no ha elegido y que no quiere o no puede afrontar.  Suena muy bonito defender "la vida". Pero la vida real tiene muy poco de romántico. Tiene riesgos, consecuencias y costos que la beatería no ayuda a afrontar en lo más mínimo. En este mundo ya hay suficientes madres adolescentes, mujeres y niños abandonados, y demasiada miseria para ser un romántico "defensor de la vida" exigiendo cárcel para los pecadores que infringen los sagrados valores de la Iglesia. Esas épocas ya pasaron.

También rechazamos los actos de intimidación de las iglesias y su intromisión en el Estado. La religión debe predicar sus principios pero no interferir en el Estado para penalizar la conducta de las personas de acuerdo a sus valores religiosos. Aun hay países donde las iglesias han logrado, por ejemplo, que el Estado prohíba la venta de licor y carne en los días de Semana Santa. Hasta hace muy poco en Chile la Iglesia impedía que el Estado permitiera el divorcio. Debemos procurar que las iglesias no nos dicten la ley. Eso es propio del oscurantismo, algo que ya tendríamos que superar. La misión de los liberales es limitar el poder del Estado tanto como el de las iglesias. La amenaza para el individuo es exactamente la misma.