lunes, 4 de abril de 2016

Lo que dejó el debate presidencial


Escribe: Dante Bobadilla Ramírez

A decir verdad, el debate presidencial no ofrecía muchas expectativas debido al gran número de participantes (un mal endémico en el Perú, donde cualquier mamarracho se cree presidenciable) y al horroroso formato diseñado por el JNE. Ya se había anticipado la falta de sentido de estos careos. Pero así y todo hemos podido confirmar que los personajes de menor calidad son siempre los más agresivos. Creen que con agresividad y grosería pueden compensar su insignificancia. Estos han sido los casos del pobre diablo de Fernando "Popy" Olivera y un desconocido Miguel Hilario. No me explico qué diantres hacen metidos en ese escenario. Hilario es una reminiscencia de Juliana Reymer. Parece que siempre tiene que haber un NN metido en la campaña. Andan perdidos en el rubro "otros" pero el JNE les asigna la misma pantalla y el mismo tiempo que a los demás candidatos. Es parte del mundo absurdo en que nos movemos. Popy Olivera es un cadáver político desprestigiado que ya había desaparecido y que solo puede haber regresado por su avanzado grado de descomposición moral y deterioro mental.

Podríamos decir que son estos dos funestos personajillos de poca monta los que han resultado fuera de lugar en el debate. En vez de preguntar cuestiones puntuales de plan de gobierno, Miguel Hilario se limitó a repetir las relamidas acusaciones de corrupción contra Keiko Fujimori. Lo mismo hizo el payasito Popy Olivera cacareando acusaciones de hace 25 años contra Alan García. Fue lo más degradante del debate. Pararse allí a cacarear monsergas es propio de imbéciles, de esos que suelen llamar a las radios para insultar casi siempre a Alan, Keiko y PPK, pero es impropio de un candidato a la presidencia en un debate de ideas y propuestas. Desgraciadamente es lo que hay.

Por su parte, los comunistas Goyo Santos y Verónika Mendoza cumplieron bien su papel. Repitieron casi lo mismo y hasta se vistieron muy parecido. Ya conocemos el rollo de estos lunáticos. Están obsesionados con una nueva Constitución. La Vero dice que "por dignididad" ya que la Constitución fue producto de una "dictadura" a su entender. Goyo quiere restituirle al Estado su capacidad para manejar empresas. ¿Por qué? Solo por capricho. Ambos son consumados estatistas. 

Los demás cumplieron bien su papel, hasta donde se pudo. El tiempo no daba para más. Alan, dentro de su ilimitada demagogia, llegó a invocar a Dios y prometió de todo. Keiko estuvo sobria y sonriente, pero insistió tontamente en darle concesiones a la izquierda. Es una jugada equivocada. Los enfermos mentales de izquierda nunca cambiarán. Ningún lunático de izquierda va a darle su voto a Keiko porque ella invoque la funesta CVR. Es como tirarle perlas a los cerdos. Bastaba con decir, innecesariamente también, que respetaría el orden constitucional. El Perú ya no está en las situaciones críticas y extremas de los 90, cuando estábamos al borde de la extinción. Hoy no existe motivo siquiera para cambiar la Constitución. 

Lamentablememente ningún candidato dijo lo que nos hubiera gustado oír: reducir el Estado y liberalizar el empleo. Las dos cosas fundamentales que hacen falta hacer. Nadie tiene el valor para decir esto porque implica despidos, solo para empezar, pues luego vienen los reacomodos. Es como no querer una inyección de penicilina por no soportar el dolor del pinchazo. Por el contrario, los demagogos insisten en crear más ministerios. Nadie tiene el valor para ir en contra de las creencias firmemente establecidas, como por ejemplo, eliminar el sueldo mínimo vital que solo sirve para andar discutiendo por lo mismo cada cierto tiempo, pero que no tiene mayor impacto positivo en el empleo. Por el contrario, es siempre un factor que alienta la informalidad. No tiene sentido andar fijando un SMV. Es tan ridículo como fijar un menú familiar mínimo universal. En buena cuenta, no tenemos mayores expectativas en estos planes expuestos. Tendremos suerte si al menos se ocupan del boom de inversiones en infraestructura, que es la propuesta de Keiko. Lo demás es solo una feria de dádivas: más pensión, más derechos, etc., etc., etc.