sábado, 28 de marzo de 2015

Vuelven las protestas antimineras


Escribe: Dante Bobadilla Ramírez

Empecemos diciendo las cosas claras: no existe la "licencia social". Es un cuento inventado por la izquierda revoltosa antiminera. La única licencia que existe en cualquier país civilizado que vive en un Estado de derecho es la que otorga el Estado, luego de comprobar los mil quinientos requisitos que exige para otorgarlo. Una vez dada la licencia es deber del Estado garantizar que la actividad pueda desarrollarse, dentro de los linderos de la ley. El Poder Ejecutivo tiene además la obligación constitucional de hacer cumplir las resoluciones judiciales.

Sin embargo, en este país de Macondo, nada de eso ocurre. Tenemos un gobierno incapaz de hacer cumplir una sentencia judicial en Andahuaylas y de hacer respetar las licencias que otorga. Tanto el proyecto Conga como el de Tia María, ambos con licencia, están paralizados por una turba que, como ya es archisabido, es movilizada por los agitadores de izquierda disfrazados de ecologistas. El propio presidente Ollanta Humala fue parte de esa plaga de ecocomunistas que llegan a las comunidades como plagas de langostas azuzando a los campesinos a rebelarse contra la actividad minera. Ollanta era uno de los payasos que coreaba "oro si, mina no" en las plazas.

Es patético ver gente que se traga inocentemente los cuentos de izquierda y que empiece a repetirlos como si fueran una verdad. No es raro escuchar a connotados opinólogos hablando de la "licencia social". Si fuera cierto que la dichosa "licencia social" fuera la última palabra para desarrollar un proyecto minero, entonces cerremos el Ministerio de Energía y Minas y no perdamos tanto tiempo. Los tres o cuatro años de trámites podrían reducirse a un par de meses convocando a los pobladores para que otorguen la licencia a mano alzada. Pero todos sabemos que esto no puede ser así. No es lo racional. Estas masas solo actúan alteradas por el miedo que les meten los agitadores. En todos lados el cuento es el mismo: contaminación. La gente solo sabe lo que le dicen, y los predicadores de izquierda son quienes van por todos lados organizando talleres en los que se adoctrina a la gente en los peligros de la minería.

El cuento de la "licencia social" es una creación de la izquierda ecocomunista que viene actuando hace unos 15 años aproximadamente, tiempo en que ha ganando terreno y poder. Se trata de todo un movimiento de la izquierda internacional. No vaya a creer que el cuento de la "licencia social" nació acá y es un fenómeno auténtico. Para nada. El desarrollo de la agenda antiminera es una de las nuevas facetas que adoptó la izquierda luego de divagar por una década tras la caída del muro de Berlín y el colapso del comunismo mundial. Sin la subvención de los países comunistas, los partidos de izquierda no tuvieron mejor idea que convertirse en ONGs ambientalistas. Así podían seguir parasitando la ayuda extranjera, pues casi toda la izquierda europea había migrado al ecologismo. Es la red internacional de ecocomunistas la que desarrolla las agendas, las ideas, los discursos y las estrategias para enfrentar un proyecto minero. Todo está armado desde afuera y se reparte en todos los países, desde México hasta Argentina.

La situación en el Perú está dominada por la ONG Grufides del ex cura Marco Arana, punta de lanza de la izquierda ecocomunista que sustenta la agitación antiminera con donaciones extranjeras. La plata alcanza para financiar su partido político Tierra y Libertad, donde milita toda la inteligentzia ambientalista del país, o por lo menos es lo que ellos se creen. Pero el ambientalismo antiminero se ha expandido como un virus mental sirviendo de inspiración a cuanto chiflado pretende erigirse como líder político. Desde Walter Aduviri en Puno hasta el reciente redentor ambiental Carlos Chavarría en Pichanaqui, sumados a los ya famosos héroes antimineros de Cajamarca como el terrorista Wilfredo Saavedra, han salido de la nada con la fórmula simplista de combatir a una compañía minera mediante un típico "frente de defensa". Toda esta lacra humana apenas tiene cerebro para establecer una pobre comunicación con los demás pero eso basta para repetir consignas estúpidas como "oro si, mina no", "agro si mina no". Ahora son una especie de cuarto poder del Estado.

¿Qué ha hecho el gobierno para controlar a estos vándalos agitadores? ¿Qué ha hecho el servicio de inteligencia para infiltrar estas organizaciones ecocomunistas y anticiparse a los conflictos? ¿Qué ha hecho para denunciar y encarcelar a los violentistas que bloquean carreteras? Nada. Absolutamente nada. La pasmosidad y cobardía de Ollanta Humala no solo exaspera sino que indigna. Es un completo inútil, un pelele al que ya domaron desde el lío inicial de Conga que se tumbó a tres gabinetes. La izquierda sabe que Ollanta es un incapaz y por eso irán por más, como lo hicieron durante el patético gobierno de Toledo, cuando los paros regionales eran una constante en todo el país. Hoy la escoria de la izquierda ecocomunista no se contenta con organizar paros regionales sino que también está generando movilizaciones de "solidaridad" en otros lugares. 

Lo que quiere la izquierda es lo mismo de siempre: desestabilizar al Estado mediante el caos. Es su misión de vida. Así como un perro está predestinado a perseguir autos ladrándole a las llantas, un izquierdista no puede hacer más que socavar los cimientos del Estado de derecho y traerse abajo los gobiernos, hasta tomar el poder por las armas o los votos o ambas cosas, como hizo Hugo Chávez. Luego solo pueden generar miseria. Por ello no hay nada más falso que hablar de una "izquierda democrática". Tal cosa no existe.