jueves, 28 de noviembre de 2013

La corrupción en el siglo XXI


Escribe: Dante Bobadilla Ramírez

Hay que ser muy ingenuo para creer en alguien que se presenta con un discurso de bondad, generosidad y moralidad en plenas elecciones. Una cosa es el discurso y otra la verdadera naturaleza de las personas. Además no hay nada más gastado que el truco de presentarse como el salvador de la patria, el mesías que nos sacará del oprobio, apelando al típico discursillo de culpar al pasado y a todos los políticos para quedar como el único limpio, puro, inmaculado y auténtico representante del pueblo. Toda esa maloliente palabrería típica de campaña ya debería ser causa de risa y chacota, pero por increíble que parezca, en este país se sigue repitiendo. Y encima parece que tiene éxito, pues siempre hay gente estúpida que se la cree.

La corrupción es un mal de la humanidad. Eso es algo que tienen que entenderlo todos. Deben enseñarlo en la escuela para que no se dejen engañar por los profetas de la moral. La única lucha contra la corrupción es la que cada individuo realiza ante su propia conciencia. El otro discurso de "lucha contra la corrupción" no es más que palabrería y psicosocial, utilizado básicamente para aniquilar adversarios políticos. Un perfecto ejemplo de esto es el circo de la megacomisión, montado perversamente para investigar a todo un gobierno a ver si se le encuentra algo de qué acusarlo. Pero claro que siempre se podrán hallar cosas en un gobierno que maneja 19 ministerios y 50 organismos públicos con miles de proyectos ejecutados. Lo ridículo es que se inculpe al presidente de todo lo que ocurre en su gobierno.

Pero la moral de los moralistas tiene siempre dos caras. Cuando son ellos los que deben ser investigados se esconden tras una serie de triquiñuelas, tratando de evitar lo que llaman "la lucha contra la corrupción", pues esa lucha es solo apta para aplicarla a los rivales y enemigos políticos. El "gobierno de la honestidad" que hoy preside Ollanta Humala, quien no es precisamente una persona transparente ni mucho menos, está haciendo lo posible por zafarse de la investigación del caso López Meneses. Conchudamente pretenden que la investigación empiece por los años 90. Es decir, ya le están imponiendo reglas y cauces a la investigación. ¿Cuál es el miedo si la honestidad hace la diferencia?

Pero este no es el único caso de corrupción abierta en que ha incurrido este gobierno. Incluso antes de empezar su gestión ya el hermanito Alexis Humala junto a un congresista nacionalista, estaba negociando directamente con el gobierno ruso sin tener cargo alguno, con la sola referencia de su parentesco. Claro que dicha investigación quedó en nada. El gobierno de la honestidad blindó el asunto. El hermanito acudió al Congreso muy campante, desafiante y malcriado, y al final no pasó nada. Honestidad que le dicen. 

Luego llegó el escándalo del negociado en las Brujas de Cachiche, donde hubo una auténtica asociación ilícita para delinquir entre nada menos que el vice presidente y altos jefes policiales. ¿Resultado? Uno de esos jefes policiales fue ascendido a Director General luego de decapitar a 30 generales de la policía para hacerle lugar. El hermano del vice presidente condenado a 4 años de prisión efectiva. El vice presidente tuvo que renunciar a su decorativo cargo pero sigue muy campante como congresista. Y no solo eso, sino que ahora se dedica a prepararle la inmunidad a Ollanta Humala para cuando deje la presidencia. 

Así es como trabaja la honestidad que hace la diferencia. Y esto es solo lo que se sabe abiertamente. Si uno escarba, encontrará jugosos contratos a empresas recién formadas a nombre de varios Humalas. Solo tienen que echarle una mirada a las empresas que van ganando licitaciones. Acaba de saltar una prima del presidente en la carretera a Oyón. Así que la próxima vez que alguien haga campaña política hablando de honestidad, por favor, arrójenle huevos.