sábado, 8 de abril de 2017

Entre el odio y la mentira


Escribe: Dante Bobadilla Ramírez

La política muy frecuentemente se convierte en una guerra de mentiras. Y como en toda guerra, la desinformación es una de las principales armas. Cualquier cosa sirve para engañar, no al enemigo que conoce bien las tácticas del otro, sino a la población que se encuentra en medio de ambos bandos. Esto es lo que pasa en el escenario de la política pro gay que el Estado está empeñado en implantar, con la oposición de los sectores más recalcitrantes de la derecha clerical y grupos religiosos de las sectas más delirantes del mercado de la fe.

Como muestra un botón: el congresista y activista pro gay Carlos Bruce, acaba de ser sancionado (o al menos han aprobado su sanción en la Comisión de Ética) por haber pedido oficialmente resguardo de policías y patrulleros para la inauguración de su restaurante. Sin embargo, aprobada la sanción, el congresista salió ante los medios a decir que era una venganza por ser gay y porque la mayoría parlamentaria es anti gay. Así es como se manejan las cosas en la política.

¿Cómo asumir una posición neutral y reconocer la verdad en medio de dos sectores sumidos en la histeria y el delirio? 

Para empezar, debemos tomar distancia de ambos sectores y ver el panorama. Es un hecho que hay toda una moda cultural que promociona a los homosexuales en diversos países. Por supuesto que este movimiento pro gay está orquestado por los organismos internacionales, dominados por la mayor clase parasitaria intelectual de izquierdas. Desde allí se distribuyen las políticas públicas hacía los países subdesarrollados que viven sometidos a los dictados de la ONU, la UNESCO, la UNICEF, y demás plaga de ONGs internacionales que pretenden regir el mundo desde sus escritorios. 

También es un hecho que la izquierda intelectual ha cambiado de estrategia luego de la debacle del comunismo y la caída del muro de Berlín. No solo ha surgido el socialismo del siglo XXI como un nuevo y fracasado modelo izquierdista sustentado ya no en la pesada ideología marxista lenninista, sino en la simple demagogia barata y el reparto social de beneficios incluyendo la corrupción más descarada, sustentada en los altos ingresos de las materias primas hasta donde alcancen y luego en el remate del país a los chinos y rusos. Adicionalmente, la izquierda intelectual cambió de giro dejando de lado la defensa de los pobres, campesinos y trabajadores, pues históricamente estos grupos nunca los apoyaron. Por el contrario, todos estos sectores le dieron la espalda y hasta combatieron a los guerrilleros y terroristas que la izquierda organizó para tomar el poder en diversos países. 

Lo que la izquierda pretende en este siglo es representar a otros grupos minoritarios más activos. Se han percatado que hay bolsones sociales que históricamente han sido ninguneados por la política, tales como las feministas, los homosexuales, los ecologistas, los animalistas, etc. De modo que hoy la izquierda les ha abierto sus puertas para convertirlos en bases activas del movimiento progresista. En algunos casos han dado un giro notable, pues en el siglo pasado la izquierda asesinaba a los gays. En otros casos han mezclado la retorcida ideología de odio anticapitalista con la opresión de la mujer, que en realidad es un rezago histórico de una cultura basada en la Biblia y el Corán. 

Lo curioso de la situación actual es que no solo se predica la tolerancia, que sería suficiente, sino que el progresismo pretende convertir a estos sectores en privilegiados. Se trata de simple clientelismo. Ya existen multitud de leyes feministas que imponen cuotas y beneficios laborales para las mujeres, y aun pretenden más. Por parte de los gays se busca legalizar el matrimonio homosexual, pero además convertirlos en legalmente intocables. Una serie de amenazas penales se ciernen sobre la sociedad si alguien se atreve a piropear a una mujer en la calle o a insultar a un homosexual. Todo eso se califica con el terrible nombrecito de "crimen de odio".

El activismo político de izquierdas en los sectores feministas y gays es esencialmente clientelista. Para ello pretenden usar las leyes. En realidad todo el despliegue de leyes declarativas y penales que crean nuevos delitos y penas para los que atentan contra estos sectores es irrelevante en los hechos. En primer lugar porque en este país no existe un problema de crímenes de odio contra gays. Eso es pura propaganda irracional que no se sustenta con datos. Hay más cambistas asesinados en las calles que gays atacados por el mero hecho de ser gays. Todos los homicidios de homosexuales se deben a crímenes pasionales. De manera que la alharaca en torno al odio antigay es falsa. 

El único propósito de manipular la ley es propagandístico. Obviamente ninguna ley protege a nadie. Ese argumento de que se necesita leyes que protejan a estos sectores es irracional. Ninguna ley protege a nadie. Ni todo el Código Penal es capaz de proteger a la sociedad. Los delincuentes no leen las leyes antes de cometer sus actos. Y por último, son delincuentes precisamente porque no les importa lo que diga la ley. Así que dejemos ya esa estupidez de que las leyes protegen. Todo lo que se quiere es en realidad "visibilizar" a las mujeres y a los homosexuales usando la ley como medio.

Como se ve, en todo esto hay mucho de histeria, histrionismo y estupidez. Por un lado están los promotores de los gays llevándolos a marchar y a besarse frente a la Catedral, y proponiendo leyes aberrantes, y por el otro tenemos a los chiflados bíblicos atacándolos como si fueran aliens. Los homosexuales no requieren leyes ni cartelitos ridículos en los locales anunciando que allí no hay discriminación. Con eso no se cambian las tendencias culturales ni mucho menos los impulsos personales. Todo lo que hacen es publicidad pro gay. Aunque para la izquierda eso es suficiente. Cualquier cosa sirve como triunfo en esta guerra de extremos. Ahora vemos que los homosexuales se abrazan con los izquierdistas, algo que hubiera sido una aberración en el siglo pasado, donde todos los crímenes de odio contra los gays eran cometidos por la izquierda. Pero así de tontos útiles han resultado ser los gays ahora.

Nuestra posición es simple: no queremos que la izquierda manipule ni prostituya nuestras leyes para sus campañas de clientelismo político, y mucho menos para crear amenazas legales ni obligaciones destinadas a que la sociedad tenga que vivir acorde con los dictados de estos sectores. Las personas deben ser tratadas sin discriminación ni privilegios y eso no se logra creando discriminación en las leyes y convirtiendo a estos sectores en privilegiados. Hay que promover la tolerancia y el respeto en general, sin enfocarse en sectores específicos,