jueves, 2 de febrero de 2017

La lucha contra el currículo escolar


Escribe: Dante Bobadilla Ramírez
Fuente: El Montonero

Es lamentable ver que la lucha contra el currículo escolar infectado de ideología progresista es asumida solo por sectores religiosos, mientras que los demás han preferido encogerse de hombros o posar como buenistas y correctos apoyando el discurso de la “igualdad de oportunidades”. Una vez más, nadie quiere mojarse para enfrentar al progresismo y quitar la ideología progresista del currículo escolar. Es algo que resulta muy frustrante.

En medio de la pereza de la derecha, medios y columnistas estigmatizan las críticas al currículo escolar señalando que se trata de sectores religiosos fanatizados, conservadores y hasta ignorantes. Es cierto que hay una reacción estridente por parte de estos sectores, pero también un silencio vergonzoso en sectores pensantes de la derecha, que usualmente se confrontan con la izquierda solo en el campo de la economía. Allí son buenos despedazando al progresismo. Pero no muestran el mismo interés en otros campos, dejándole el terreno libre a la izquierda, como si la educación no fuera tan importante como la economía.

Todas las columnas que leo a favor del currículo escolar revelan también fanatismo e ignorancia. Parten de la equivocada idea que cualquier cosa puede ser materia de enseñanza. Y eso es absolutamente falso: cuestiones que dependen básicamente de las capacidades personales o de la dinámica sociocultural no pueden modificarse mediante la enseñanza. Es ridículo pretender un curriculo que garantice una "educación integral". Eso no pasa de ser más que alucinación progresista sin fundamentos científicos. De lo contrario, sería muy fácil remediar la corrupción incluyendo un curso en el currículo. Está bien que el mercado engañe a medio mundo con falsas ofertas educativas —como talleres de literatura, creatividad, oratoria, liderazgo, etc.—, aunque ninguna de ellas sirva para nada. Incluso podríamos añadir varias carreras universitarias. Pero una cosa es que el mercado se aproveche de la inocencia de la gente, y otra que lo haga el Ministerio de Educación asumiendo el diseño social como objetivo educativo.

El igualitarismo social que pretenden predicar en las escuelas es deleznable como materia. No solo es inútil, también peligroso. Es vana toda pretensión de diseño social imponiendo conceptos ideológicos que contradicen la realidad sociocultural. Inducir a los niños a que jueguen con muñecas y a las niñas con pelotas para “equilibrar” las oportunidades entre los sexos no solo es aberrante, sino estúpido. La cultura es por sí misma el principal agente formador de individuos de una comunidad. Pretender suplantarla con ideología en las aulas solo puede explicarse con altas dosis de ignorancia sobre la dinámica cognitiva social y por fanatismo progresista.

Y no es que lo diga yo, lo dice la historia. Todos los intentos de la izquierda para cambiar a los seres humanos en busca del paraíso social han fracasado en todas partes. ¿Acaso no trataron de eliminar la religión en Rusia combatiéndola durante ocho décadas? Quemaron iglesias, expulsaron sacerdotes e impusieron el ateísmo en las escuelas; pero la religión, ay, siguió viva entre la gente y hoy la Iglesia ortodoxa rusa sigue siendo una de las más importantes del mundo, solo detrás de la católica.

A mediados de los noventa la señora que limpiaba mi oficina me contó que su marido había comprado una cúster para entrar en el negocio del transporte colectivo y estaba buscando un ayudante cobrador. Le pregunté por qué no iba ella a ayudarlo. Su respuesta se me quedó grabada: “Eso no es de mujeres”. Tiempo después una colega fue despedida y me contó que no sabía qué hacer. Le sugerí que se comprara un Tico e hiciera taxi mientras tanto. Y también me respondió: “Eso no es de mujeres”. No pasaron muchos años para que cambiara eso que “no era de mujeres”. Hoy es muy común ver mujeres cobradoras y manejando taxis y combis. No fue necesario cambiar el currículo escolar ni la intervención del Ministerio de la Mujer. Fue obra de la propia sociedad interactuando con su realidad cultural en plena libertad.

En las últimas décadas las mujeres han ganado presencia en muchos sectores sin que haga falta predicar doctrina alguna en las escuelas. El equilibrio social es parte de la dinámica cultural, no del adoctrinamiento escolar. Solo debemos defender la libertad individual y el respeto a todos los ciudadanos, sea cual sea su condición. Debemos insistir en eliminar todo contenido ideológico del currículo escolar y recobrar el verdadero sentido de la escuela. Es tarea de todos.