sábado, 18 de noviembre de 2017

La mermelada debe terminar definitivamente


Escribe: Dante Bobadilla Ramírez

Al fin tenemos un proyecto de ley dirigido al propio Estado y no a la sociedad, como es ya costumbre de nuestros políticos. El proyecto de ley presentado por Mauricio Múlder que pretende prohibir la publicidad del Estado en medios privados, es una gran novedad legislativa que puede tener un gran impacto en nuestra realidad sociopolítca. 

Desde luego que estamos completamente a favor del proyecto de Mulder. Es bueno desde todo punto de vista. En primer lugar es bueno porque evita despilfarrar fondos públicos es publicidad. ¿Para qué necesita publicidad el Estado? Ese es el primer punto a debatir. 

La publicidad está destinada a promover el consumo y dar a conocer algún nuevo producto o servicio con los mismos fines de consumo. En tal sentido, no hace ninguna falta que el Estado haga publicidad pues no vende nada y sus servicios son obligatorios y monopólícos, como es el caso las licencias y documentos, o son alternativas voluntarias, como en la salud y educación. No tiene pues sentido que el Estado haga publicidad. 

Es inmoral gastar el dinero de los contribuyentes en una publicidad insulsa destinada únicamente a recordarle a la gente que tal Ministerio existe. Todos hemos sido testigos de la ociosa publicidad estatal que se oye en las radios, destinada a recordarnos que existe un Ministerio de la Mujer o del Ambiente, por ejemplo, pues no hay otra forma de que la población se entere.

Pero más allá de la inmoralidad del gasto insulso de fondos públicos, está la abierta manipulación de la prensa a través de la compra de sus favores mediante la publicidad estatal. Es un hecho notorio que varias dependencias del Estado se han dedicado a repartirle dinero a manos llenas a los medios de comunicación para favorecer determinadas políticas. Tal fue el caso del Ministerio de Educación durante la gestión del maravilloso Jaime Saavedra. 

La compra de medios por parte del Estado a través de la publicidad, se ha convertido en los últimos gobiernos en una práctica mafiosa. Especialmente durante el gobierno de Ollanta Humala. Hoy la publicidad del Estado es una parte importante de los ingresos de los medios de prensa, tan venidos a menos por la aparición de la Internet, pero fundamentalmente por la penosa mediocridad en la que han caído todos, en particular el decano de la prensa peruana. Es sabido que medios como La República solo viven de la publicidad del Estado y poco más. 

En consecuencia, es momento de ponerle fin a la publicidad del Estado, no solo porque no la necesita sino porque es el vehículo perfecto de la corrupción. Los gobiernos se siente blindados por la prensa gracias al chantaje de su publicidad. Los ministros pueden disfrutar de fama y despertar cariño popular gracias a la publicidad con que riegan a los medios de prensa y a ciertos periodistas. Esto no puede seguir siendo parte del escenario político. Debe terminar.

Pero hay que dar la batalla porque los medios mafiosos no se quedarán callados. La República ya salió a engañar con falsos titulares que hablan de "atentado a la libertad de prensa". Hay que poner las cosas en claro. Este proyecto de ley no es una "ley de medios" como la están llamado mañosamente en la prensa mermelera. Es una ley de publicidad estatal. No restringe ninguna libertad, ni de prensa ni de expresión. Los medios pueden seguir publicando la misma basura de siempre, pero ya no lo harán financiados por dinero público. Esa será toda la diferencia. Así que su libertad de prensa y de expresión están garantizadas.

El Estado, como cualquier otro anunciante, es libre y tiene todo el derecho de determinar dónde y cómo coloca su publicidad, si es que la necesita. Si el Estado decide usar solo globos aerostáticos y paneles en las carreteras, nadie le puede reclamar. Es ridículo, desde todo punto de vista, que los medios salgan a llorar porque el Estado ya no les da su mermelada. Es penoso, además.

Lo mejor que le puede ocurrir al país es que al cortar la mermelada que el Estado les reparte a los medios en forma de publicidad, estos van a tener que ponerse a trabajar de verdad, tendrán que hacer verdadero periodismo y competir para ganarse el favor de la gente y de sus anunciantes. Por otro lado, el Estado ahorrará varios millones que pueden ser más útiles en la compra de medicamentos y equipos para los hospitales.

En resumen, aplaudimos el proyecto de ley de publicidad estatal presentado por Mauricio Múlder y esperamos que la bancada mayoritaria le de todo su apoyo. Es positivo para el país desde todo punto de vista.

El Perú en manos de la mafia del siglo XXI


Escribe: Dante Bobadilla Ramírez

La corrupción y la mafia tienen muchas formas. En los últimos 16 años el Perú cayó en la más sofisticada mafia de su historia, con las más variadas formas de corrupción. Se ha consolidado un modelo perfecto, que combina no solo el poder político sino que tiene su propia ideología y programa de acción. Por eso se hace tan difícil de combatir: se ha mimetizado en el Estado y hasta en la mente de los ciudadanos. Es decir, los corruptos nos roban mientras nos hacen creer que luchan contra la corrupción.

El inicio de la podredumbre fue el derrumbe de los partidos políticos y el surgimiento de una nueva clase dirigente compuesta de puros saltimbanquis, improvisados y trepadores sin escrúpulos, que ambicionaban el poder y la gloria para sí mismos. No tenían nadie a quien responder, carecían de estructura partidaria. El partido fue cambiado por un club de amigos o algo peor que eso: un clan de chupamedias.

El primer espécimen de este tipo fue Alberto Fujimori. Nunca quiso tener un partido y su única doctrina fue luchar contra el terrorismo. El mayor problema para Alberto Fujimori fue que al remediar rápidamente el desastre económico del país y derrotar al terrorismo, se quedó sin excusas para continuar en el poder. Si la gente siguió votando por él fue porque además de gratitud carecían de alternativas más seguras. Hasta allí solo quedaba una competencia entre personas. Y en esa competencia Fujimori arrasaba electoralmente. La corrupción de su régimen estaba orientada básicamente a mantenerse en el poder, no en enriquecerse. El Estado no estaba rebosante de recursos, como sí lo estaría en el nuevo milenio.

Tras la caída de Fujimori, emerge un nuevo escenario. Ya no había que luchar contra la inflación ni contra el terrorismo. ¿Cuál sería el fantasma al que habría que combatir? ¿A qué enemigo tendrían que enfrentar los políticos del nuevo milenio para motivar el apoyo del pueblo? Allí es cuando a Alejandro Toledo se le ocurrió que el nuevo enemigo sería el fujimorismo y que la nueva doctrina política sería el antifujimorismo. Ahora la tarea política se reducía a mantener la economía en piloto automático y luchar contra el fujimorismo. Eso era todo. Pan comido. La fórmula funcionó mejor cuando el Estado empezó a llenarse de recursos con el alza de los minerales. 

Toledo convirtió la política en un circo permanente con la captura de fujimoristas como una limpieza étnica; luego el juicio a Fujimori se transmitió como una gesta patriótica. La CVR oficializó el antifujimorismo como doctrina, la izquierda creó el circo callejero antifujimorista y luego usaron las redes sociales con éxito para regar su basura antifujimorista a los jóvenes. La arremetida fue total y una nueva realidad se instaló.

Mientras tanto, la mafia caviar se estableció con todo su poder extendiendo sus tentáculos a lo amplio del Estado. La crisis de partidos se consolidó con una de las más absurdas reformas electorales que le abrió las puertas a las mafias locales a lo largo y ancho del país, con el cuento de la descentralización. Mientras tanto la izquierda se extendía por toda Latinoamérica, desde Cuba y Venezuela hasta Argentina y Uruguay, pasando por el poderoso Brasil. No tardaron en sentar sus bases en el Perú, donde la izquierda ya se había encaramado en el poder. 

Mientras entretenían al pueblo con el circo callejero del antifujimorismo y los mitos de horror sobre los 90, la mafia establecía un nuevo modelo de corrupción en el Perú, más sofisticado y amplio, pues iba desde los megacontratos multimillonarios del Estado en obras que en, muchos casos, carecían de sentido y relevancia, como la carretera Interoceánica, la refinería de Talara o el gasoductor del sur, hasta una nueva modalidad de robo menor a gran escala compuesta por contratos de asesorías, estudios y consultorías. El dinero del Estado era usado para repartirlo entre los amigos del régimen de muchas maneras, incluyendo publicidad en medios de comunicación. 

Lo que hoy apreciamos con tristeza es que los peruanos fueron timados a lo largo de estos 16 años. Mientras les hacían creer que luchaban contra la corrupción montando el circo antifujimorista, en realidad extendían su propia red mafiosa instalando a sus compinches en cargos estratégicos, y utilizando los recursos del Estado para comprar los favores de la prensa y ciertas instituciones. Hoy es obvio que la mafia ha infiltrado instituciones y medios. Es público y notorio el descaro con que estos encubren a ciertos personajes, enredando los procesos y buscando formas de trabar la justicia.

Es hora de reconocer que estamos en manos de la mafia, que la mafia controla los resortes de varias entidades, que dirige medios de prensa y TV, y que no está muy dispuesta a dejarse derrotar. Todavía siguen empleando el show del antifujimorismo con absoluto descaro. No quieren hablar de los actos de corrupción de su propia gente. Se pasan la vida investigando los cocteles de Keiko mientras ocultan bajo siete llaves los fondos que financiaron la millonaria campaña de Susana Villarán, tanto en la revocatoria como en su intento de reelección. De eso no dicen una palabra. 

La “lucha anticorrupción” es un show dirigido básicamente a fustigar a los mismos personajes de siempre, mientras los corruptos del nuevo milenio siguen encubiertos y protegidos, sin ser siquiera mencionados por la prensa, y sin que ningún opinólogo se digne a dedicarles una sola columna. Andan muy entretenidos arrojando humo. Ya ni siquiera quieren ser investigados por el Congreso. En este nuevo escenario, el Congreso ha dejado de ser el primer poder del Estado para ser convertido en enemigo del Estado de derecho. La mafia se resiste a ser cuestionada. Los mismos que ayer montaban comisiones para investigar a sus enemigos, hoy exigen que el Congreso no investigue a la mafia instalada en el Estado.

viernes, 17 de noviembre de 2017

La inmunidad de la izquierda para insultar


Escribe: Dante Bobadilla Ramírez

Ya estamos acostumbrados a los excesos de la izquierda. Los rojos son un sector de perturbados que creen que el fin justifica los medios. Por eso se sienten con libertad y hasta con derecho para apelar a toda forma de acción política, desde los insultos hasta las marchas violentistas, para no mencionar el terrorismo. Y para colmo se sienten plenamente justificados para actuar como lo hacen. Ellos siempre son los buenos de la película, los luchadores sociales que buscan la justicia.

Como parte de ese padecimiento mental, a la congresista izquierdista Indira Huilca no se le ocurrió mejor idea que inventar la estrambótica y deningrante frase "Perú, país de violadores", como parte de su indignación y activismo social en contra de las violaciones. Digamos que el exabrupto puede quedar allí y se entiende como una reacción no muy razonada. Sin embargo, en vez de pasarlo por alto y dejarlo en el olvido, los psicópatas de izquierda lo convirtieron en lema de campaña. 

Obviamente allí las cosas cambian. Hay que ser un verdadero pirañita para emplear semejante frase como un lema oficial de campaña, siendo tan brutal y ofensiva. Son muchos los peruanos que se sintieron ofendidos y protestaron por semejante atrevimiento. Pero, para variar, los angelitos del progresismo salieron en defensa de la barbaridad. Y es que los rojos son así. Ellos nunca se equivocan. Siempre harán frente común para defenderse como una jauría de hienas asustadas. 

Tanto la congresista Huilca como su colega Marisa Glave, persisteron en emplear esta frase como lema de campaña, pese a las críticas. Como consecuencia, han sido acusadas ante la Comisión de Ética del Congreso. Claro que esto ha indignado a la progrería en pleno. Ya salieron en manada a condenar la medida con los tradicionales argumentos de "atentado a la libertad de expresión" y "abuso del fujimorismo". Eso les indigna pero no la frase que ofende a los peruanos y denigra al país. Hasta El Comercio ha sacado un editorial en defensa de las agresoras progresistas.

El problema es que las congresistas no son como cualquier persona de la calle que puede dedicarse al vandalismo en las redes sociales. Como congresistas están sujetas a un código de ética. Ser parte de una institución ciertamente limita las libertades porque hay que sujetarse a los requerimientos que el cargo o la membresía exigen. Toda libertad se ejerce bajo responsabilidad. No existe ninguna libertad que sea total y desenfrenada. Las libertades tienen un límite, y es que ninguna libertad puede afectar los derechos de los demás. Nadie es libre para insultar a otro y menos para denigrar la imagen de nuestro país. Esto es lo que tienen que tener en claro las congresistas antes de ponerse a tuitear frases ofensivas y denigrantes.

Que ahora vengan a decirnos que su intención no era ofender sino "visibilizar el problema" carece de sentido. Es como arrojarle una pedrada a alguien con la excusa de llamar su atención. Los padres de la patria no pueden ofender a los peruanos. Deben tener una conducta mesurada y alturada, o serán sometidos a la disciplina de la institución. Así de simple. Hasta en un club de barrio hay normas que respetar. Con mayor razón en el Congreso de la República ejerciendo la representación nacional.

En lugar de salir a cacarear en defensa de las cuestionadas congresistas, harían bien los progres y caviares en reconocer que fue un exceso pregonar una frase tan infeliz. Estas congresistas por lo menos deberían reconocer su error y pedir disculpas. Pero eso es pedir peras al olmo cuando se trata de personajes de la izquierda esquizofrénica. Ellos jamás reconocerán un error. Lo que debe hacer la Comisión de Ética es suspender a esas congresistas aunque sea por 30 días para que aprendan a comportarse con sensatez y respeto a los demás.

martes, 14 de noviembre de 2017

La historia según la izquierda


Escribe: Dante Bobadilla Ramírez

Una de las mayores virtudes de la izquierda ha sido siempre transformar la historia en historieta, mediante relatos que semejan guiones de telenovela, con villanos y héroes que sostienen peleas épicas para defender a la doncella, el pueblo, y donde el bien siempre triunfa sobre el mal dejando una moraleja. Desde la Revolución Francesa hasta el informe de la Comisión de la Verdad, sobre la violencia de los 80 y el gobierno de Fujimori, los relatos de izquierda están más interesados en crear una historia que en contarla.

En estos días en que se conmemoran los cien años de la revolución rusa, vuelvo a leer esas historias falseadas que han corrido como pólvora por las editoriales, tratando de dignificar esas revueltas sociales cuyos resultados fueron nefastos para toda la humanidad. Solo un examen minucioso de los hechos nos revela cuánta improvisación, irracionalidad y azar suelen mezclarse en estos episodios, que más tarde serán convertidos por los intelectuales de izquierdas en epopeyas idealistas guiadas por nobles valores. Todas esas historias están llenas de mentiras. 

Latinoamérica también está repleta de historietas de izquierda. Si bien el descubrimiento de América y la conquista han sido reescritas por la izquierda para convertir a los españoles en genocidas y a los pueblos nativos en víctimas, las mayores deformaciones de la historia moderna por parte de la izquierda se inician con la mal llamada revolución cubana, que desde su nombre es una farsa. Nunca se han dicho tantas mentiras sobre un hecho tan ridículo como la llegada al poder de Fidel Castro y sus barbudos, quienes en realidad nunca le ganaron a nadie. Es absolutamente falsa esa imagen de revolucionarios valerosos que, luchando a tiros, derrotaron a un ejército y asaltaron el poder. Todo eso es mentira.

Fidel Castro siempre fue un tonto de capirote, un revoltoso bueno para nada. Era hijo de un inmigrante gallego que hizo fortuna trabajando con la United Fruit. Fidel y Raúl Castro fueron hijos ilegítimos, por lo que vivieron en una casucha, a cierta distancia de la mansión de su padre. Esta situación debe haberles generado algún tipo de trauma social que derivó en revanchismo y su tendencia hacia la revuelta social. Fidel estudió derecho pero fue un fracasado profesional. Se casó con una compañera de estudios que resultó luego siendo hija de un ministro de Fulgencio Batista. Apenas cayó preso Fidel por participar en un ridículo intento de asalto al cuartel Moncada, su esposa se divorció de él.

Pero vayamos directamente al inicio de su aventura revolucionaria. Luego de recaudar fondos en Nueva York, en donde posó como un amigo de los EEUU que quiere implantar la democracia en Cuba, jurando no ser comunista (en realidad no lo era), Fidel compró un viejo yate llamado Granma, en el que 82 lunáticos tomaron rumbo a Cuba desde México. Fue allí donde empezaron las penurias de estos aventureros sin experiencia, pues se extraviaron una semana en el mar antes de llegar a las costas orientales de Cuba. El Che cuenta que eso fue más un naufragio que un desembarco. Pronto fueron diezmados por la enfermedad y el bombardeo aéreo. En pocos días solo quedaron 18 andrajosos escondidos en el monte, que generaban escaramuzas con las pocas tropas del gobierno, pero nunca lograron avanzar.

Las mentiras sobre la “revolución cubana” las empezaron a contar los reporteros del New York Times que buscaron a Fidel en la montaña. Lo habían conocido en NY cuando fue a pedir apoyo para su causa. Desde allí lo siguieron y lo pintaron como un valiente revolucionario que combatía al gobierno mafioso de Batista. Las fotos mostraban siempre a los mismos 18 andrajosos pero se hablaba de “cientos de hombres” en las montañas. Otra forma exitosa de mentira fueron las emisiones radiales de Fidel por “Radio Rebelde”. La principal arma de Fidel Castro fue un pequeño transmisor de radio por el que mandaba mensajes llenos de mentiras, anunciando triunfantes batallas que nunca se daban. Ya desde allí se dio cuenta del gran valor que tiene para la causa el uso intensivo de propaganda.

EEUU estaba harto del gobierno de Batista, no solo porque se había aliado con la mafia de EEUU que controlaba los casinos y hoteles de la isla, sino porque su gobierno abusaba de la fuerza para reprimir las revueltas callejeras. Lo cierto es que Einsenhower quería librarse de Batista. Resulta ridículo pensar que estos 18 andrajosos perdidos en las montañas al mando de Fidel, podrían siquiera inquietar al ejército de 35 mil hombres de Batista, que contaba con marina y aviación. La pura verdad es que quien sacó del poder a Batista fue EEUU. Primero, el Congreso de los EEUU le cortó el apoyo logístico militar a Batista. Acto seguido, el propio embajador de EEUU le exigió personalmente a Batista su renuncia. En respuesta, Batista tomó un avión y se fue de Cuba provocando que su régimen colapsara por sí mismo. 

Fidel Castro fue el último en enterarse de que el régimen de Batista había caído. Tras comprobar que los soldados se habían replegado, se dirigió a Santiago. Aun temeroso y desconfiado, el cobarde prefirió enviar a Camilo Cienfuegos a La Habana para corroborar la situación. Fue Camilo Cienfuegos quien, una semana después, entró triunfante a La Habana, sin oposición alguna. Varios días después llegó Fidel Castro para figurar como “vencedor” de una revolución que nunca existió. Simplemente el poder había quedado vacío y lo tomaron porque no había nadie a cargo. Pero no fue obra de los revolucionarios, de ninguna manera. Ni siquiera podría llamárseles revolucionarios. No eran más que aventureros vestidos de verde que se encontraron el poder. No tenían ideario ni plan ni idea alguna de qué hacer en el gobierno.

Lo que vino luego fue un saqueo generalizado, confiscaciones, abusos y la instalación de un gobierno que resultó más déspota y prepotente que el anterior. Empezó con el fusilamiento sin piedad de los funcionarios del régimen caído, para pasar a deshacerse de sus propios compañeros de aventura: Camilo Cienfuegos fue asesinado y Huber Matos encerrado por treinta años, por el delito de oponerse a las locuras de Fidel y su hermano. Poco después Fidel se instaló en la suite presidencial del Hotel Hilton para dar inicio a la época más negra de la historia cubana y latinoaméricana, disfrazada más tarde por los intelectuales de izquierda con el encanto del Caribe y la defensa heroica de los oprimidos, convirtiendo a Fidel Castro en el máximo líder revolucionario de la izquierda, portador de la antorcha de la justicia social, y al asesino del Che en portaestandarte de un idealismo barato y fracasado. 

Tanta improvisación y locura hubo en el régimen de Fidel Castro, que los EEUU decidieron darle la espalda, convencidos de que fue un error sacar a Batista. Sin el apoyo de EEUU la isla empezó a caer en crisis. La inteligencia soviética, que ya tenía contactos con Raúl Castro desde México, no perdió tiempo para hacerle una visita de Estado a Fidel y alimentar su megalomanía. De pronto Fidel acabó convertido al comunismo de la noche a la mañana. Se entregó de lleno a los rusos y puso la isla a disposición de los intereses geopolíticos soviéticos en la Guerra Fría. Cuba pasó a ser un parásito de la Unión Soviética durante casi treinta años. La dictadura castrista llevó a la isla no solo a la miseria sino al terror. Pero nada de estos se cuenta así en los textos. La mayor parte de lo que uno lee sobre Fidel Castro y su "revolución" es falso. En especial si lo escribe un intelectual de izquierdas.

domingo, 12 de noviembre de 2017

El circo del antifujimorismo se desborda


Escribe; Dante Bobadilla Ramírez

El escenario político del Perú no varía en nada desde hace 16 años, cuando Alejandro Toledo se puso la vincha en la frente y empezó a arrear a la chusma con el cuento de la "lucha contra la corrupción", el cual en esos tiempos se refería a combatir al fujimorato que acababa de caer. Toledo ganó la presidencia y dio inicio a la mayor cacería de brujas de nuestra historia, metiendo presos a todo el que podía, sin juicio alguno. Muchos inocentes purgaron cárcel por años sin tener condena ni ser culpables de nada. Pero el circo de la lucha contra la corrupción quedó marcado en las mentes colectivas como una lucha contra el fujimorismo. 

Dieciséis años después Fujimori está preso al igual que todos sus compinches. Sin embargo, el fujimorismo se renovó con nuevas caras lideradas por Keiko Fujimori, quien fundó su propio partido y consiguió el apoyo de un pueblo que no olvida todo lo bueno que Fujimori hizo por este país. Hoy el fujimorismo es la fuerza más grande en el Congreso y ninguno de sus integrantes tuvo relación alguna con los noventas. Todos son políticos de una nueva generación que entraron al Congreso con la camiseta naranja, aunque más de la mitad no sean fujimoristas.

En estos dieciséis años quienes han estado en el poder no son los fujimoristas sino, básicamente, el antifujimorismo. Desde Toledo hasta PPK ha gobernado el antifujimorismo. Quienes nos gobiernan ahora mismo son los representantes del antifujimorismo. Pero resulta que ahora nos hemos venido a enterar de que estos dieciséis años han sido la época de la mayor corrupción de toda nuestra historia. La mayor corrupción no solo por el tamaño de lo robado en coimas comprobadas, sino en la mayor extensión de la corrupción a toda escala, que incluye no solo a miembros del gobierno central sino a los gobiernos regionales, empoderados artificiosamente por los genios del toledismo, pero además a otros organismos del Estado y fuera de él, como los medios de comunicación.

La mayor corrupción de nuestra historia está vinculada a la mafia brasilera de Odebrecht que salió a la luz cuando llegaron a montar el monigote de su candidato presidencial Ollanta Humala, con la asesoría exclusiva de Luis Favre, quien luego volvió a hacerse presente para apoyar a Susana Villarán en la revocatoria. Toda esta mega corrupción brasilera que contaminó partidos de izquierda, medios de izquierda, oenegés de izquierda, gobiernos de izquierda, hoy está asustada. ¿Y saben cual ha sido su principal mecanismo de defensa? Nada menos que volver a montar el circo de la lucha anticorrupción atacando al fujimorismo.

Es que esta gentuza de izquierdas cree que toda la gente es estúpida. Durante dieciséis años se han pasado cacareando sus odios al fujimorismo y a Keiko. Ya tenemos una generación y media de nerds que solo viven para odiar al fujimorismo. Ahora resulta que los corruptos del siglo XXI nos quieren volver a vender su circo anticorrupción atacando a Keiko. ¿Se puede ser más caradura y sinvergüenza? Pero el circo tiene acogida porque abundan los limítrofes que creen en esos cuentos.

La corrupción caviar hoy es aun mayor que antes. Ya han capturado incluso el diario El Comercio, la mayor del país. Ahora tienen más fuerza y llegada. Han convertido a El Comercio en un anexo de La República, lo han llenado de columnistas mediocres como Marco Sifuentes y Patricia del Río, para no decir más, y sus carátulas son tan chichas como los diarios de Montesinos. Ahora resulta que los progres y rojimios que antes criticaban, condenaban y marchaban contra la "concentración de medios" de El Comercio, ya están calladitos y contentos. Ahora aplauden las portadas, editoriales y columnas de la "concentración de medios".

En ese copamiento de poder de la corrupción del siglo XXI están los medios. Por eso es que seguimos viendo que toda la famosa lucha anticorrupción se queda apenas en combatir a Keiko, mientras los corruptos de gobiernos anteriores, de la fiscalía, contraloría, procuraduría y demás instituciones infestadas de corrupción respiran tranquilos. Nos quieren hacer creer que los cuestionamientos del fujimorismo a esas autoridades corruptas del TC y la Fiscalía son un atentado a la democracia. Ahora nos encontramos que la izquierda ha armado un Frente de Defensa de la Corrupción y están dispuestos a salir a marchar para protegerlos. 

¿Qué han hecho todas estas autoridades corruptas por traer a Toledo? Nada. ¿Por qué no se escandalizan de que PPK no quiera responder directamente ante el Congreso por los actos de corrupción del gobierno del que fue parte? ¿Se imaginan ustedes el griterío de los rojos y sus marchitas con lavadas de bandera si fuese Kieko la que no quiere responder? Pero como se trata del patrón que hoy les da de comer, están calladitos. Al contrario, atacan al fujimorismo por querer investigar. Ahora salen con que "debemos defender la institucionalidad". ¿Cuál institucionalidad? ¡Si todas están infestadas de corrupción!

Que quede claro para todos: hoy los farsantes de la lucha anticorrupción nos quieren tomar el pelo. La lucha anticorrupción no es contra Keiko sino contra los que nos gobernaron en estos dieciséis años. La lucha contra la corrupción pasa por investigar a toda la mafia antifujimorista que estuvo en los cargos de poder, en el gobierno central, sus instituciones, y el municipio. Allí es donde hay que apuntar si se quiere luchar contra la corrupción del siglo XXI. Basta ya de seguir mirando los 90 y montar el circo del antifujimorismo para engañar a los débiles mentales.

viernes, 10 de noviembre de 2017

La prensa basura se ahoga en su propia mierda


Escribe: Dante Bobadilla Ramírez

Vivimos las épocas más duras de la verdad. Un conocido columnista progresista dice hoy que la verdad no importa sino quién tiene el mejor relato. Tristemente tiene razón. De eso vivimos hoy: del relato y de los cuentos que nos cuentan los diarios. La verdad pasó a ser solo un concepto teológico.

La portada de hoy del diario El Comercio califica perfectamente dentro de los cánones de la prensa basura, aquella que vive del psicosocial y utiliza su influencia para difamar y demoler adversario políticos. Ese era típicamente el estilo de la prensa de izquierda, pero desde hoy sabemos que también es la del decano de la prensa nacional. El enorme titular "Odebrecht afirma que financió campaña de Keiko" no hace más que mostrar el bajo nivel al que ha llegado este diario, pues no es verdad lo que afirman en el encabezado de su portada. Y ellos mismos lo aclaran.

Debajo de ese grotesco y sucio titular aparece un tímido texto que lo contradice: "tiene certeza que hubo aportes a campañas pero no recuerda detalles". La verdad simple y clara es que Marcelo Odebrecht no ha confirmado nada. Solo ha repetido lo que ya todos sabíamos: Odebrecht financiaba campañas electorales en todos los países donde operaba y los aportes eran para los principales candidatos. Eso y nada más que eso es lo que se sabe hasta ahora. Los detalles no los conoce Marcelo Odebrecht. Quien sabe con certeza a quiénes se apoyó en campañas y por cuánto es Jorge Barata, el representante de Odebrecht en el Perú. 

Solo Jorge Barata y nadie más puede declarar lo que todos queremos saber: hasta dónde alcanzaba la mafia de Odebrecht en el Perú. No solamente financiando campañas sino corrompiendo instituciones, medios, ministros, fiscales, jueces, contralores y procuradores. Eso es lo que queremos saber. Pero la cortina de humo preferida por la mafia es Keiko. Como si todo el asunto fuera Keiko. Los perros rabiosos del antifujimorismo patológico salen a ladrarle a Keiko todos los días, como si Keiko fuera la pieza principal de la corrupción y no los gobiernos pasados y, sobre todo, las instituciones del presente, donde aun subsiste harto mermelero corrupto. 

¿No es curioso que la propia Fiscalía de la Nación haya entorpecido el trato con Jorge Barata logrando que este se niegue a declarar? En pocas palabras, la Fiscalía lo ha asustado para que no hable. El único que puede tumbarse medio Perú está asustado por la Fiscalía. Pero de eso nadie dice nada. No. Acá es suficiente con dedicarse a atacar a Keiko para distraer a las masas de idiotas que se revuelcan como cerdos en la inmundicia de esas noticias falsas. Con eso se dan por satisfechos.

Lo que queremos saber es cuáles eran las verdaderas dimensiones de la mafia de Odebrecht. Que no nos vengan con cuentos anti Keiko. Queremos conocer la red completa de la mafia. Cada vez que cae una mafia bien organizada vemos que capturan no solo a los matones sino también a policía, jueces, fiscales, funcionarios ediles, etc. Toda esa maraña es la que componen las mafias. Acá nos hacen creer que el asunto acaba en el trato directo del funcionario de Odebrecht con el del gobierno que recibió la plata. No, no no... Momentito. Acá la mafia se extiende hasta instituciones enteras, funcionarios de varios organismos públicos que tuvieron que abrirles las puertas y ponerle los sellos, incluye también y desde luego a periodistas y medios enteros. 

¿O es que acaso nunca vieron esos famosos talleres de prensa que se dictaban a cada rato en diferentes lugares del país a cargo de ciertos personajes muy conocidos? En lo que me consta, me he topado con talleres de periodismo de toda clase a cargo de Rosa María Palacios, Augusto Álvarez Ródrich, Valia Barak, Milagros Leiva, etc. ¿Quién pagaba esos numerosos talleres de periodismo? ¿Quién financiaba los viajecitos con hoteles cinco estrellas? ¿Quien firmaba los cheques? Pues nada menos que Odebrecht. Hasta El Instituto de Prensa y Sociedad (IPYS) fue aceitada por Odebrecht.

La mafia de Odebrecht apesta a kilómetros. Hay muchísimos implicados. Acá lo que parece evidente es que han amedrentado a Jorge Barata para que no declare. Mientras tanto la mafia quema maleza para crear la cortinaza de humo de Keiko. Así es como le tiran su basura a los cerdos del antifujimorismo para que gocen y se revuelquen mordisqueando las carátulas de Keiko, mientras los corruptos se muerden las uñas rogando para que Barata no declare. 

La que menos tiene que ver en toda esta red mafiosa de Odebrecht es Keiko Fujimori. Ella es solo el chivo expiatorio de la mafia. Keiko no ha sido gobierno. Barata tendrá que probar que financió las campañas que dicen haber apoyado. El único que conoce bien toda la red mafiosa y sus implicados es Jorge Barata, el mismo que está amenazado por la Fiscalía. Así que ya es hora de ponerle freno a toda esa prensa basura de dos por medio y sus psicosociales baratos. Basta de utilizar a Kieko para esconderse. Está bien que engañen a tantos por tanto tiempo, pero no nos pueden engañar a todos todo el tiempo. Dejen que hable Jorge Barata y que señale a todos los miembros de la mafia. Veamos quiénes quedan de pie.

martes, 31 de octubre de 2017

Una vez más la pena de muerte sobre la mesa


Escribe: Dante Bobadilla Ramírez

En política solo hay dos clases de problemas: los que se resuelven solos y los que no tienen solución”. Esta brillante frase del presidente chileno Ramón Barros debería colgar en las paredes del Congreso de la República. Me resulta tedioso ver constantemente la ingenuidad de nuestros geniales congresistas que creen que pueden resolver todos nuestros problemas con alguna maravillosa ley, reducir la delincuencia y otros males sociales con solo inventar un nuevo nombre para los delitos, aumentar penas o reimplantando la pena de muerte. Así de fácil ven las cosas.

Los únicos problemas que los políticos pueden resolver son los que ellos mismos han creado. Por ejemplo, el embrollo del empleo y el subempleo, la tramitología, los sobrecostos laborales y empresariales, el freno de la economía, etc. Lo que está fuera del ámbito de los políticos es toda la realidad sociocultural. Ninguna ley ni política pública puede cambiar la realidad sociocultural. Y lo peor es que ni siquiera se toman la molestia de estudiarla. 

Lo cierto es que acá todos andan convencidos de que solo hace falta una milagrosa ley con penas draconianas para resolver nuestros problemas. Eso se le ocurre al ser más elemental del barrio. Lo malo es que también piensan así en el Congreso, o quieren actuar en función del sentimiento popular, en lo que se llama populismo y demagogia. Así es que nada mejor que volver a hablar de la pena de muerte, una medida que ya fue eliminada en nuestro país desde la Constitución de 1979.

Lo más curioso es que son los autoproclamados "defensores de la vida" quienes piden la pena de muerte con mayor convicción y ruido. Es decir, la extrema derecha conservadora que vive con la cabeza agachada ante la Iglesia Católica y otros cultos menores. Es obvio que en estos sectores también abunda la falsa moral, la doble moral y el populismo efectista que los lleva a defender causas cursis. En realidad, no son muy diferentes a la izquierda: nunca dan soluciones a los problemas, todo lo que hacen es defender sus dogmas y doctrinas. Solo les importa imponer su iluminada visión de la verdad y su pensamiento único y correcto. Y para esto pretenden usar la ley.

Ahora nos dicen que no hay incompatibilidad alguna entre defender la vida y exigir la pena de muerte. Y la explicación es que en un caso defienden a un “inocente niño” y en el otro, condenan a un miserable violador. El problema de esta argumentación es que carece de principio, pues se sustenta apenas en una emocionalidad circunstancial. En realidad no les interesa la vida. Los “defensores de la vida” solo andan muy interesados en que las mujeres no aborten. El cuento de que defienden la vida es falso. No me queda clara la razón de su obsesión por hacer parir a las mujeres y convertirlas en madre a la fuerza, aunque se trate de una niña violada. Por cierto: una verdadera "inocente niña". ¿Por qué entrometerse en la decisión personal de una mujer que no conocen? ¿Por qué aman al "no nacido"? Me parece muy extraño todo eso. Es una de las causas más absurdas y uno de los discursos más engañosos.

Afirmar que defienden la vida carece de sentido. Suena ridículo. La vida en este planeta existe desde hace 3,600 millones años y la vida humana actual supera los cien mil años. A diario hay gente que nace y que muere sin que podamos hacer absolutamente nada al respecto. Han muerto millones de seres humanos en absurdas guerras que incluso la Iglesia ha defendido y protagonizado. Así siempre ha sido el mundo. En definitiva, la vida no necesita que una banda de chiflados la defienda. Mejor sería que busquen otros argumentos o cuentos de fachada.

Además tienen un discurso bastante manipulador. Por ejemplo, hablan de defender a un “inocente niño”. ¿Inocente de qué? Uno es culpable o inocente respecto de algo. La inocencia no es una cualidad humana intrínseca como el lenguaje o el pensamiento simbólico. Se es inocente o culpable respecto de un hecho, y para eso primero habría que nacer y actuar. Un embrión no es inocente de nada y menos es un niño o un bebe, como lo llaman estos charlatanes en su embuste efectista, con lo que se evidencia que no respetan la verdad y son solo manipuladores. 

Ahora estos defensores de la vida quieren matar. Siempre tienen buenas excusas para sus posturas. Sus representantes afirman que es una medida disuasiva para acabar con las violaciones. Pero eso es falso. Las penas nunca disuaden a nadie como es fácil inferir a partir de las penas que ya contiene nuestro voluminoso y manoseado Código Penal y la persistencia de la delincuencia. Tampoco las multas disuaden. Basta ver la conducta diaria de los conductores de autos en las calles. Y es que toda persona actúa guiada en función de su beneficio inmediato, exactamente igual a como actúan los políticos que se han subido a esta campaña de pena de muerte para violadores. Solo están reaccionando emocionalmente y buscando un placer emocional inmediato. Pero no van a solucionar nada con la pena de muerte. Para proteger a los ciudadanos basta con encerrar al delincuente.

Todo delincuente actúa guiado por sus impulsos primarios y en función de su circunstancia para buscar objetivos inmediatos. Esto significa que los delincuentes no analizan las leyes o las penas que corresponden a sus actos. Nadie lo hace. Por tanto, es ridículo pensar que las penas son disuasivas. No lo son, y está demostrado hasta el exceso. El delincuente siempre cree que podrá burlar al sistema y que se saldrá con la suya. Si pensaran que serán perseguidos y recluidos no actuarían. Pero no existe esa lógica en el accionar delincuencial. Siempre habrán violadores y miserables de toda clase porque así es la naturaleza humana, y peor en escenarios de pobreza.

En esta discusión sobre la pena de muerte siempre prima la histeria, y faltan opiniones versadas y sensatas, que no se dejen llevar por el apasionamiento ni las consignas de grupo. Reconozco la labor del congresista Alberto de Belaúnde por incorporar opiniones expertas en este debate. Por mi parte, no recuerdo haber leído un solo artículo académico de mi especialidad a favor de la pena de muerte. Recomendaría el excelente artículo de Brad J. Bushman titulado “It’s time to kill the death penalti”. 

Que los políticos hablen de pena de muerte obedece solo a la presión de la chusma que grita venganza. Pero sería lamentable que el Estado ceda ante esa chusma excitada en lugar de fundarse en la razón. Como liberal, lo último que se me ocurriría en este mundo es concederle al Estado ineficiente y corrupto la facultad de matar ciudadanos. Eso sí que sería ridículo. Y no creo que haya un liberal a favor de otorgarle semejante poder al Estado. Esto no es una defensa de la vida. Es solo una defensa de la racionalidad.

jueves, 26 de octubre de 2017

La izquierda acusa a Gianmarco del delito de fujimorismo


Por: Richard O. Campos Villalobos

Cuando aún no terminamos de criticar este censo disparatado y farsante, la barra brava de la progresía nos vuelve a la realidad cotidiana, la de ellos es decir, la del agresivo activismo antifujimorista patológico. Esta vez porque Gianmarco Zignago dijo la verdad ¿Y cuál verdad? Pues, que nadie puede decir que el primer gobierno de Fujimori, no fue clave para salir de la miseria en que nos estábamos hundiendo, que ese primer gobierno fue como decir “acá se hace lo que yo digo, pero de manera inteligente, bien asesorado, no como un militar iluminado” Eso fue suficiente para la progrería. Ahora Gianmarco es poco menos que enemigo del Perú, pues para los enajenados mentales de izquierda nadie puede decir algo bueno del gobierno de Alberto Fujimori, o le lloverán insultos. Esa es la especialidad de la izquierda en este país, hace tiempo dejó de lado el debate serio y solo se ocupa de las mentiras, los mitos, los psicosociales, etc. 

Gianmarco tuvo el coraje de decir lo que piensa y siente como peruano que ha vivido la historia. A él nadie se la contó con mitos y mentiras, como ocurre con la gran mayoría de la pulpinada progre de las redes. La izquierda solo vive de un antifujimorismo enajenado y morboso, esa es su única consigna política, su reducido cerebro ya no puede captar más que el odio que fluye desde sus entrañas. Si odias a Fujimori todo está bien, si odias a Keiko y despotricas contra ella mereces aplausos, si crees con fe en los mitos rojos de las esterilizaciones forzadas, los seis mil millones robados y la renuncia por fax, estás calificado para ser un progresista. Con razón el buen pelón escribió un Twitt preciso, y seguro por eso lo odiarán más: “Una vez más soy víctima de la agresión insensata, imprudente e irresponsable, de aquellos que dicen amar al país” y es que para esta izquierda bufona el odio a Fujimori, convierte al odiador en una especie de héroe amante de su país.

No existe razón para el odio patológico que la izquierda siente contra Fujimori salvo la derrota aplastante del terrorismo y del proyecto comunista que en dos patadas les infligió Fujimori. El 5 de Abril Fujimori hizo historia al empezar el desmontaje del fracasado aparato estatal velasquista, cerrando el Congreso y poniendo en suspenso la Constitución socialista de 1979 que nos llevó a la peor crisis económica de nuestra historia. Luego, el 12 de Septiembre cayó Abimaél Guzmán Reinoso cuando ya casi toda su cúpula estaba presa. Poco después el gobierno acabaría de liquidar al MRTA en su propio juego. ¡Cómo no vamos a aplaudir a ese gobierno! Si todo el mundo lo admiró.

Fue gracias a Fujimori y a sus acciones que se remontaron esos dos graves problemas que nos estaban matando: el terror comunista y el reflotamiento de la economía. Gianmarco no ha hecho otra cosa que decir la verdad, lo que en realidad sucedió. Ahora que eso no le guste a las lacras del progresismo, a la pulpinada y a otros trolls de las redes es simplemente anecdótico, pues solo revela su ignorancia y prejuicio. Es obvio que esos trolls nunca vivieron los años difíciles de los 80, no sufrieron las colas interminables por los artículos de primera necesidad, ni esa hiperinflación macabra que hacía subir de precio las cosas cada medio día, ninguno se tragó la guerra de doce años que casi nos aniquila, ninguno escuchó detonar los coches bomba cerca de su casa o trabajo, los apagones por ataques a torres eléctricas, los paros armados, el miedo de la ciudad llena de tranqueras y policías parapetados tras sacos de arena, los toques de queda. No se necesita ser fujimorista para reconocer lo bueno que se hizo en la década de los noventa. Pero sí se necesita ser muy imbécil y muy miserable para no reconocerle ningún mérito. Eso no quita reconocer también sus delitos y errores, como los de cualquier gobierno. Ya vimos que los que lo sucedieron tampoco fueron angelitos. Así que ¿a qué viene tanto odio?

domingo, 15 de octubre de 2017

Hay que cerrarle el paso a los trepadores


Escribe: Dante Bobadilla Ramírez

En el Perú hay un mal endémico: todo el mundo quiere ser presidente. Lo que sobra acá no son políticos sino trepadores. En cada proceso electoral aparecen como una plaga candidatos que nadie sabe de dónde salieron. Algunos se hicieron conocidos por alguna fechoría ridícula, como el asalto a un campamento minero en Locumba, perpetrado por un delirante Ollanta Humala, o por ser experto en meterse a los medios como opinólogo, como fue el caso de Alejandro Toledo, quien engañó a todo el mundo posando como economista sin serlo.

El hecho es que tanto Alejandro Toledo como Ollanta Humala armaron su circo electoral montados en la ola del antifujimorismo, prometieron refundar la patria luchando contra la corrupción y embaucaron a todos los inocentes que terminaron votando por ellos y su combi electoral, repleta de trepadores de medio pelo. Ahora uno está fugado y el otro espera su condena en la cárcel, mientras que sus partidos ya no existen y sus militantes desaparecieron. ¿No es hora de aprender la lección y tomar medidas para que esta clase de saltimbanquis sin escrúpulos no vuelvan a tomarnos el pelo?

Una de las propuestas más interesantes para modificar la ley electoral, pretende establecer filtros a los partidos que quieren presentar candidatos presidenciales. No es posible que cualquier hijo de vecino que se alucina presidenciable, arme su combi electoral y postule a la presidencia. Así no puede funcionar una democracia. Sobre todo si deseamos tener partidos de verdad y no solo estas combis que se arman en cada proceso electoral, y que luego de quedar vacías, se alquilan al mejor postor en el siguiente proceso electoral. Estas payasadas no pueden permitirse más.

La propuesta es simple: para poder postular candidatos a la presidencia, un partido debería tener una antigüedad mínima de cinco años y haber participado en elecciones municipales. Es decir, debe ser un partido de verdad y no una combi de asaltantes del poder. De hecho es la propuesta más inteligente que se le ha ocurrido a alguien en el Congreso. Pero como se le ocurrió a Mauricio Múlder, claro, la prensa basura de izquierdas que solo viven para ladrarle al Apra y al fujimorismo, empezó a atacar la propuesta. De inmediato acusaron al Apra de querer impedir la candidatura de Verónika Mendoza y de Julio Guzmán, como si incluso eso no fuera una gran idea.

Espero que esa propuesta sea finalmente aprobada para cerrarle el paso a todos los aventureros que se juegan una lotería en cada proceso electoral para ver si se ganan alguito. En una de esas se ganan el premio mayor y acaban de presidentes. En este país todo puede suceder. Pero hay que tomar las precauciones del caso. La democracia no puede ser tan boba ni pueden volver a tomarnos el pelo. Y la ley debe servir para eso: para proteger nuestras instituciones de toda clase de facinerosos. 

sábado, 14 de octubre de 2017

La indestructible imbecilidad de la prensa basura


Escribe: Dante Bobadilla Ramírez

Primero quiero aclarar que desmentir a los farsantes de la izquierda antifujimorista no me hace fujimorista. Siempre hay una caterva de limítrofes tratando de ponerme la camiseta naranja. Yo no tengo camisetas ni líderes. Combatir a los rojos no me hace naranja ni celeste. Pero me resulta fundamental salir al frente de todas las mentiras que la prensa basura de izquierdas riega día a día.

La nueva ideología de la izquierda peruana es el antifujimorismo, aunque más se parece a una grave enfermedad mental que los hace babear de odio y vivir obsesionados con Keiko y el fujimorismo. La última patraña del rojerío patológico ha sido la campaña contra Keiko, sintetizada en la frase "Aumentar Keiko para 500 e eu fazer visita" que aparece en el celular de Marcelo Odebrecht. A partir de ese pantallazo, la ONG IDL, uno de los puntales de la prensa basura de izquierdas, emprendió la campaña de satanización contra Keiko, moviendo a todos sus compinches de la prensa y las redes. Tal fue la presión del progresismo que los fiscales tuvieron que programar una visita a Brasil para consultar expresamente por esta frase, y hasta gastaron dinero en su traducción oficial.

El resultado, por supuesto, no podía ser otra cosa que la nada. ¿Qué se puede obtener de un simple pantallazo? Es como si a mi esposa le enviaran un pantallazo del celular de una fulana que dice "Invitar a Dante a salir". Imaginense que mi esposa me arme un escándalo por ese pantallazo cuando yo jamás he conocido a esa fulana ni me he reunido nunca con ella. Sería estúpido armar un escándalo por algo así, pero eso es exactamente lo que están haciendo los progres con Keiko.

No estoy seguro si los progres son así de imbéciles o es que solo lo hacen por fregar. Porque también son así de enfermos con su antifujimorismo patológico. Aprovechan cualquier tontería para armarle un escándalo a Keiko. Ya estamos habituados a los cobardes psicosociales contra Keiko, sin una sola prueba, y con una inmediata campaña de difamación por las redes. Así es como operan las lacras sociales del rojerío. Son una manga de enfermos mentales que si no dan cólera dan pena.

La comisión Lava Jato del Congreso que investiga a funcionarios involucrados en negociados, también se vio obligada a invitar a Keiko para que responda sobre el famoso pantallazo del celular de Odebrecht. Ya la jauría salvaje de izquierda estaba babeando espuma porque la congresista Rosa Bartra dijo que no la llamarían. Pero al final la llamaron. ¿Qué cosa podían preguntarle? La verdad es que todo fue un penoso circo.

El congresista Victor Andrés García Belaunde le hizo a Keiko las preguntas más ridículas que yo jamás había oído. Le preguntó "¿por qué cree que Marcelo Odebrecht escribió eso?" y también "¿cómo interpreta esa anotación?". Ese era el tenor de las preguntas. En verdad, Keiko debió decir "no tengo la menor idea" y punto. Acto seguido despedirse. Pero en cambio se quedó a ver qué más se les ocurría preguntarles. Y la verdad es que no habían más preguntas.

¿Cuál ha sido la reacción de la prensa carroñera de izquierdas? Titulares idiotas como "Bankada blinda a Keiko" o "Congreso permite silencio de Keiko". Y es que de la prensa de izquierda no se puede esperar ningún grado de objetividad, decencia ni respeto por la verdad. La prensa roja no ejerce el periodismo sino la difamación, la calumnia, la estigmatización, la demolición, etc., siempre que se trata de sus adversarios históricos como el Apra o el fujimorismo. En buena cuenta, es una prensa basura que está al servicio no de la verdad sino de sus objetivos políticos.

Así es como perdemos el tiempo en el Perú o, mejor dicho, es como la inmundicia de izquierdas nos hace perder el tiempo en sus obsesiones enfermizas. Sin embargo andan calladitos con Ollanta Humala y Alejandro Toledo. Hasta blindan al gobierno de PPK. Eso si que es ser una prensa basura, pues sabemos que diarios cloaca como La República solo viven de la publicidad del Estado. Hay que tener las cosas claras y saber de qué pata cojean los rojos, progres y caviares con su prensa basura y sus ONG de parásitos vividores.

lunes, 9 de octubre de 2017

La campaña de la izquierda contra la democracia


Escribe: Dante Bobadilla Ramírez

Hablar de "campaña de izquierda" resulta redundante. La izquierda siempre está en campaña. Y casi siempre es una campaña de odio, difamación y persecución. La izquierda nunca hace periodismo, su esencia es la campaña permanente de demolición del adversario. A la prensa de izquierda no le importan las noticias ni los hechos, lo que prima es siempre la campaña de demolición. Sus portadas son siempre dirigidas a sus enemigos ideológicos o políticos. Dominan perfectamente el arte de armar un psicosocial de la nada. Son expertos en sembrar sospechas. 

Uno puede vivir tranquilamente ignorando las carátulas de la prensa basura de izquierdas, evitando caer en las redes sociales de enfermos mentales de izquierda que solo destilan veneno y odio. Lo que no podemos hacer es escaparnos del accionar de instituciones fundamentales del Estado, como el Ministerio Público, que se siente obligada a actuar de parte, fundados únicamente en los psicosociales de la prensa de izquierdas. Es decir, si la Fiscalía basa su accionar en las portadas de los diarios chicha de izquierda y en sus psicosociales, entonces ya no podemos vivir ignorando a la prensa basura.

No es novedad que la prensa de izquierda se dedique a atacar a los principales partidos políticos que sustentan nuestra democracia. Es parte de su estrategia política. Lo han hecho siempre. No solo se trata de convertir a los partidos políticos en organizaciones criminales sino en enlodar la imagen y el prestigio de sus principales líderes. Cualquier partido que pase por la administración pública, desde un gobierno distrital hasta el gobierno nacional, acaba siempre manchado por algún acto de corrupción. Es inevitable. Pero lo que no se puede permitir es que se utilice ese acto de corrupción para pintar un escenario tenebroso donde el partido en su totalidad es un grupo mafioso.

Lo que está pasando en estos días no es solo más de las tradicionales asquerosas campañas de izquierda para ensuciar a los líderes y partidos democráticos, la novedad ahora es que tienen eco en la Fiscalía. Ahora los medios de izquierda junto a las ONG, juegan en pared con los fiscales. No se trata de hacer justicia, en modo alguno. Solo se trata de seguir en la campaña demoledora de candidatos y políticos. Lo que hace la Fiscalía de la Nación es prestarse al juego sucio de la izquierda, creando investigaciones en torno a los mismos personajes que combate la izquierda desde sus portadas. El juego se llama "investigación preliminar".

La cosa funciona así: primero una ONG y un medio de izquierda, vamos a decirlo mejor con sus nombres: IDL y La República, montan una campaña de satanización tratando de sembrar sospechas alrededor de alguien, es decir, para variar, Keiko Fujimori o Alan García, objetivos favoritos de los enfermos mentales de izquierda. En seguida viene una feroz campaña de trolls en las redes sociales con sus tradicionales TT como #AumentarKeikoPara500. Acto seguido sale la fiscalía anunciando la apertura de una "investigación preliminar", con el añadido de que es por "crimen organizado". El acto de este show de circo progre-caviar es la sonora reacción de los medios basura de izquierda señalando la acción fiscal a todo grito, señalando a las víctimas de la campaña como "vinculados a" o "investigados por" organización criminal.

Esas investigaciones fiscales nunca pasarán de la condición de "preliminar", es decir, jamás verán un caso ni se convertirán en una real acusación fiscal ante el Poder Judicial. Jamás. Pero eso no importa porque durante todos los años que dure la "investigación preliminar" de la fiscalía, la víctima de este sistema perverso creado por la caviarada seguirá siendo enlodada diariamente. De ahora en adelante será llamado ya no por su nombre sino fulano de tal "investigado por crimen organizado". 

No es casualidad que en momentos en que se requiere la extradición de Alejandro Toledo y se espera la formalización de la denuncia fiscal contra Ollanta Humala y Nadine Heredia, así como ampliar las investigaciones del caso Odebrcht abriendo el abanico a la administración municipal de Susana Villarán, la prensa basura de izquierdas arme tal alboroto contra Keiko (para variar) y Alan García, pero por cuestiones tan ridículas y obsoletas como los cocteles de Fuerza Popular o las conferencias de Alan García. Es decir, boberías comparadas con las millonarias coimas comprobadas de Toledo, Ollanta y Nadine, que son tapados para que nadie los vea.

Tenemos que reaccionar como país frente a esta andanada de desinformación y de campaña sucia de la izquierda. Los partidos con representación en el Congreso deberían ponerse a pensar en las formas de modificar el ordenamiento legal de modo que la Fiscalía no se preste a estas payasadas, y que no se siga maltratando alegre e impunemente el nombre de las personas. Sería penoso ver que nadie hace nada frente a esta descarada avalancha de lodo que viene desde la izquierda para ensuciar la política y desprestigiar la democracia. Es hora de frenar esto.

jueves, 28 de septiembre de 2017

Los sueños de opio de la izquierda


Escribe: Dante Bobadilla Ramírez
Fuente: El Montonero

Los intelectuales de izquierda suelen ser buenos embaucadores, pues gracias a su verso ilustrado aparentan ser expertos en todo. Es así como cualquier sociólogo progresista se da el lujo de hablar de economía, condenar el “modelo económico” e incluso mofarse de la confianza empresarial, como si la economía no se sustentara en buena medida en la confianza y las expectativas sobre el futuro. El último artículo de Alberto Vergara, uno de los profetas más venerados por el progresismo local, es un verdadero sancochado donde mezcla la economía, la psicología de los mandatarios y de los empresarios, la institucionalidad, la política, la tecnocracia, El Niño, Odebrecht, Basadre, Nixon, el indulto, etc. Solo le faltó meter al papa y a la selección de Gareca. Al final de tantas piruetas retóricas queda muy poco que rescatar.

Me parece válido criticar a la derecha por conformarse con la economía y no interesarse en las reformas, aunque esta no es una crítica original. Y más allá de esto no le veo nada de bueno al artículo. La perorata navega en la tradicional criticología de izquierdas que no deja títere con cabeza. Basta ser incisivo con la derecha para desatar la algarabía general en el jardín del progresismo, donde todos los infantes le renovaron su leal pleitesía.

Estoy viejo para comprar el sebo de culebra que la izquierda vende hace décadas. Cambian de charlatán, pero el sebo es el mismo. Ahora quieren convencernos de que hay un "modelo económico neoliberal" que es el malo. Siempre lamento que un “científico social” (sea lo que sea eso) hable tanto de economía. Es el clásico problema de la izquierda. Estoy ansioso por saber qué entienden por “modelo económico”. Incluso el “modelo neoliberal”. ¿Cuál es exactamente ese famoso “modelo económico neoliberal” que supuestamente defiende la derecha? Alguien debería explicarlo. En realidad no pasa de ser otro concepto de izquierdas que trata de confundir a la gente.

Desde los noventa nuestra economía se sustenta en la realidad del mercado y la racionalidad en el gasto; que consiste en cuidar el déficit fiscal, mantener al Banco Central fuera de la política y evitar que el Estado emprenda aventuras empresariales, aunque en esto último hemos fallado. ¿Desde cuándo eso constituye un modelo económico? Es como decirle al ama de casa que limitarse al presupuesto y al dinero ganado trabajando es un modelo económico. Y encima “neoliberal”.

En el siglo pasado la izquierda recetaba la economía centralizada bajo control del Estado y dirigida supuestamente al bienestar del pueblo. Era propio del comunismo, y fracasó estrepitosamente en el mundo entero. Obviamente no era ningún modelo económico. En realidad nunca fue más que un delirio político.

Luego llegaron los genios de la CEPAL vendiendo el humo de la sustitución de importaciones. Hoy nos hablan, como gran novedad, del modelo primario exportador y la diversificación productiva. Tampoco son modelos económicos sino alucinaciones teóricas. La economía se sustenta solo en la realidad y un país vive de lo que es capaz de producir en un mercado abierto, libre y competitivo. Toda direccionalidad fracasa. Los genios sociales de izquierda creen que la economía puede diseñarse como si fuera una sala de estar; y tienen lindos modelos para escoger, pensando no en las reales fuerzas productivas, sino en los derechos y la comodidad de la gente. Eso es cualquier cosa menos economía. Alguien tiene que decírselos. La economía es realidad. Todo lo demás es delirio.

Antes de los noventa era normal que el ministro de Economía apareciera cada cierto tiempo en la TV anunciando la nueva lista oficial de precios. Nos decía cuánto iba a costar el arroz, el azúcar, el aceite, la leche, la gasolina, el pan, etc. Ese mundo del absurdo no puede calificarse como “modelo económico”. Quienes padecimos el desastre de un país que vivía con los sueños de la izquierda, controlado por políticos demagogos y burócratas irresponsables, desde un gran Estado todopoderoso repleto de empresas públicas deficientes, hoy respiramos aliviados cuando un nuevo Gobierno anuncia que no irá por ese rumbo. Todo lo demás nos parece irrelevante. Es cierto.

Para no repetir la historia nuestros jóvenes deben mirar a Venezuela. Nosotros ya vivimos esos tiempos de escasez, de colas enormes para comprar productos básicos racionados, del Ministerio de Alimentación que importaba todo lo que el agro dejó de producir (gracias a la maravillosa reforma agraria de Velasco), del abuso de leyes confiscatorias que no respetaban la propiedad privada, la falta de empleo, el control estatal de precios, la prohibición de importaciones, la crisis que empujó a varias generaciones a migrar. Todo eso ya lo vivimos. El sueño de la izquierda fue la pesadilla del país. No queremos repetirlo, de ninguna manera, nunca más.

Pero me parece válido criticar a la derecha por su ociosidad política y su falta de interés en las reformas. Es cierto que no todo es economía y debemos tener cuidado con el desastre que la izquierda está haciendo en la educación y la cultura. Lo que hemos tenido en este nuevo milenio es una seguidilla de gobiernos mediocres, elegidos con los favores de la izquierda e infiltrados de progresismo caviar, que han dejado la economía en piloto automático para entregarse a la demagogia política y social, haciendo que el Estado engorde año tras año, devorando una porción cada vez mayor del PBI y sin revertirle al país mejoras equivalentes. Ese es el modelo que debemos detener cuanto antes. Más aún ahora, que el piloto automático dejó de funcionar y empezamos a caer. Es hora de abrir el capot.