viernes, 14 de octubre de 2016

Un paso adelante frente al transfuguismo


Escribe: Dante Bobadilla Ramírez

Es impresionante la confusión mental reinante en este país. Es la misma confusión que imposibilita la formación de partidos políticos, pues ni siquiera se conciben claramente los grandes lineamientos que deben perseguirse para consolidar un país desarrollado. En lo que se llama "política" todos navegan en el asistencialismo más ramplón, derivado de la pose tradicional del buenismo social, el cual se sostiene finalmente en un estatismo primitivo y salvaje, es decir, el Estado como el único y gran proveedor de bienestar social a base de una burocracia gigantesca y un gasto social ilimitado. ¿Cómo se pueden diferenciar los partidos político dentro de ese panorama patético?

La consecuencia de este caos mental sobre la política es la inexistencia de partidos reales y la falta de adherencia social hacia los partidos existentes. Ya ni siquiera sus nombres indican nada. Los partidos no pasan de ser clubes de amigos o combis de trepadores probando suerte para asaltar el poder. Ni siquiera entre ellos existe unidad de criterios o una coherencia mínima en cuanto a expectativas de desarrollo social. La consecuencia es que una vez dentro del Congreso o del Ejecutivo, cada uno se dispare por su cuenta y, en cualquier momento, se vaya del partido abandonando la bancada o dejando mal parado al gobierno. Ahora bien, esta triste realidad no la vamos a cambiar con una ley. Sería ridículo pretender una ley que prohíba a las personas salir de un partido para entrar a otro o formar su propio partido. Eso no cabe.

Pero lo que sí se puede hacer, al menos, es impedir el transfuguismo de los congresistas porque eso constituye una traición y burla al país. Nadie puede subirse a una combi para entrar al Congreso y, una vez adentro, saltar para irse a otro partido. Eso no es nada serio y afecta la dinámica del Congreso. Acá ya no estamos hablando de partidos sino de bancadas. En el Congreso sí se puede sancionar de alguna manera a los saltimbanquis, pendejeretes y extraviados mentales que creen que pueden cambiar de camiseta en pleno partido, burlándose de los electores y de la agrupación que les dio cobijo y exposición mediática en la lid electoral. Y esto es lo que por fin se ha hecho.

Pero claro, como lo ha hecho el fujimorismo, esto tiene que ser combatido por la plaga de fanáticos del antifujimorismo patológico. La reforma del reglamento del Congreso aprobada apenas prohíbe que un tránsfuga se meta a otra bancada y nada más. No impide que se vaya. No es multado ni azotado en público. El congresista puede seguir su vida parlamentaria normal, con las únicas limitaciones que acarrea el no pertenecer a ninguna bancada. Pero eso es lo que se merece. ¿Cuáles son los argumentos contra esta elemental norma? Son de lo más ridículos.

Para empezar están los tontos que pretenden definir las causas de la separación o renuncia, como si hubieran tránsfugas buenos y tránsfugas malos. Según Marisa Glave se debe consentir a los tránsfugas que renuncian por "razones de conciencia". Si se abriera esa puerta, obviamente todos los tránsfugas querrán pasar por allí. Pero además ¿qué cosa son "razones de conciencia"? Vaya uno a saber lo que cada delirante tiene en su cabeza. No es lógico pues dejar esa puerta abierta porque le quitaría todas sus virtudes a la norma y ya no serviría para nada. Lo que podría haberse previsto es una renuncia masiva. Podría darse el caso de que el líder o propietario de un partido adopte una postura insólita y muchos prefieran irse. Ese sería un caso válido, pero tendría que ser masivo y no solo uno, porque no me van a decir que solo uno tiene "conciencia".

La otra objeción es aun más absurda y se orienta a la solución total del transfuguismo dentro y fuera del Congreso, lo cual es un absurdo idílico. Como dijimos en el principio, ninguna ley va a solucionar lo que es consecuencia de una falla cultural de nuestra sociedad. Hablar de "fortalecer los partidos" mediante una ley es flotar en las nubes. Solo denota ignorancia y charlatanería. Pero es lo que se lee hoy en algunas columnas que critican la ley aprobada "porque no soluciona el problema de fondo". Es que no existe una ley que pueda solucionar el problema de fondo, que es un problema cultural. 

Por fortuna existe hoy en el Congreso una mayoría que es capaz de aprobar leyes de manera rápida, porque si esperamos a que todos los partidos (e incluso cada miembro en su interior) se pongan de acuerdo, pasarían años sin que pudiera aprobarse ni una sola ley, como ha venido ocurriendo últimamente.