domingo, 28 de agosto de 2016

¿Por qué no se callan?


Por: Richard O. Campos Villalobos

No entiendo cómo es que sigue la monserga bullanguera contra la llamada píldora del día siguiente. Por todo lado salen más y más gritones de ocasión, la gran mayoría del redil de la Iglesia Católica, con el cardenal Cipriani a la cabeza. En este aspecto la iglesia y sus acólitos son muy similares al rojerío vocinglero tratando de imponer su agenda por las malas a todo el mundo. La bulla sigue igual, al extremo que Cipriani llamó a dos ministras “respondonas” porque se mostraron a favor de la distribución gratuita del AOE, el anticonceptivo que ya se expende en farmacias libremente hace años. Como siempre, de por medio está la mujer, un ser de segunda categoría para todas las religiones monoteístas machistas, que ven a la mujer solo una máquina de parir hijos.

Hace mucho que la Iglesia usa el sambenito de la “defensa de la vida” para relegar a la mujer, quitándole hasta el derecho de decidir sobre su cuerpo, su vida y su destino. La iglesia ya decidió cuál es el destino de las mujeres: parir calladitas, no importa si fueron violadas, si ya tienen cinco hijos en la miseria o, incluso, si el feto tiene un defecto que lo hace inviable. Nada le interesa a la iglesia y sus acólitos, la mujer tiene que parir y punto. En los medios y en las redes pululan “doctores de la ley” hablando del recurso de la adopción, pero sin dar ellos mismos el ejemplo. Más bien hablarán de la pena de muerte cuando esos niños nacidos y crecidos en la miseria y el abandono acaben como pandilleros y asaltantes.

Los liberales y todo el que aprecia la libertad de las personas, defienden sus derechos y en especial su derecho a decidir sobre su propia vida y destino. Nadie puede decidir por otro ni imponerle su moral ni un destino que no desea. Las personas deben poder decidir solas, por sí mismas, lo mejor para sí. Ya basta de imponer ideologías de la vida, éticas y valores abstrusos que se sobreponen a la realidad, basta de pretender regir la vida de los demás, basta de utilizar al Estado para imponer una doctrina. No podemos callar ante tanta prepotencia, aunque sean muy numerosos. Sabemos que se trata del sector más hipócrita de la sociedad, con unos talibanes que nunca faltan en todas las religiones con pretensiones de poder. Debemos defender el Estado laico, único sustento de la civilización de Occidente.