viernes, 26 de agosto de 2016

Otra guerra santa


Escribe: Dante Bobadilla Ramírez

Nuevamente el país se encuentra inmerso en un debate en el que la Iglesia Católica y sus más cercanos seguidores, andan metidos como principales actores. Se trata, una vez más, de la mujer y su capacidad reproductiva, que en opinión de los distinguidos seguidores de la iglesia, no puede ser alterado bajo ninguna circunstancia. Recordemos que la iglesia se opone a cualquier método anticonceptivo, incluyendo el profiláctico o condón, bajo la tesis de que se interpone en el mandato divino de la concepción de la mujer. Según nuestros jerarcas religiosos, la mujer está condenada a ser una máquina reproductora y parir los hijos sin oposición alguna. Y no solo eso sino que su sexualidad misma está vigilada muy de cerca, bajo preceptos estrictos como "primero el matrimonio". En otras palabras, la mujer no es dueña de si misma, está incapacitada para regir su propia vida, incluyendo su vida íntima. Y eso que no estamos en un país regido por un Estado islámico. ¡Pero como se parece! ¿No?

La religión es el componente principal de la cultura y proveedora de la ideología básica que permite a la gente razonar y entender su existencia. Al menos a la gran mayoría de personas que no tienen otra forma de entenderlo. La religión se inocula a temprana edad como si fuera un virus mental y pasa a formar parte integral de la lógica de razonamiento del individuo. Más tarde será incapaz de cuestionar esa lógica porque carece de otra, y la defenderá como la verdad absoluta. Así ocurre en casi todas las culturas y se notará que existen diferentes visiones de la vida y el mundo, cada una de ellas seguras de su propia verdad. Existen diversas razones para que esto ocurra así, son razones de naturaleza cognitiva, antropológica, social, histórica, etc. Y están ampliamente explicadas. Lo funesto es que no hay mucho que se pueda hacer al interior de una cultura, pues toda idea que difiera de la lógica central dominante será rechazada y vista como "absurda". Y en algunos lugares eso puede costar la vida, o el empleo.

La religión proporciona los argumentos para el pensamiento y reglas de conducta de las personas. Luego ellas creen que lo hacen por voluntad propia. Es lo que muchos afirman sobre las mujeres que andan usando el "burkini" en Francia, una ropa de baño que cubre totalmente a las musulmanas, como se ve también en los eventos deportivos en que las musulmanas compiten cubiertas casi por completo. Ni qué decir de las que caminan por la calle con la burka. Ninguna de ellas se viste así por voluntad propia sino por mandato expreso de su religión, pero hay quienes aducen que lo hacen por su voluntad. Del mismo modo en las sociedades occidentales que aprovecharon las ventajas del Estado laico para distanciarse en algo de las imposiciones religiosas, todavía muchas cosas se hacen por mandato de la religión, aunque digan que lo hacen por voluntad propia. Están sometidos a una creencia y a una iglesia.

Hoy nos enfrentamos a la imposición de la maternidad a la mujer. Claro que la iglesia tiene maneras muy sutiles de encubrir sus cruzadas de fe. Ni siquiera tienen rubor para mentir y engañar a la gente con sus falsas consignas como la "defensa de la vida" o la "defensa de la familia", que solo sirven para oponerse a la libertad y derechos de las mujeres y de los homosexuales, respectivamente. De lo que se trata es de anteponer un concepto convertido en valor supremo, que a su vez relega a la mujer y a los homosexuales a un segundo plano. Es solo un truco sucio pero que tiene gran acogida. Con la finalidad de seguir sojuzgando a la mujer, hoy se ha generado la idolatría por la vida en abstracto "desde la concepción". Luego resulta que un huevo es más valioso que la vida concreta de la mujer que ya existe en en este mundo con un proyecto de vida en curso.

De este modo, el concepto "vida" se ha sacralizado a partir del dogma de que "solo Dios puede dar y quitar la vida". Y vaya que la quita. No hay día en que no lamentemos grandes tragedias en todo el mundo, donde mueren cientos de personas. Pero eso de dar vida es muy discutible, pues la vida sale a partir de un acto tan vulgar como el apareamiento sexual, el cual no siempre ocurre voluntariamente. A decir verdad, la sacrosanta vida puede resultar de una violación a una niña o de una borrachera. En cualquier caso, lo racional y recomendable sería impedir que esa vida prospere, pues nadie la desea, en particular la mujer que fue violentada y condenada a cargar con ese bulto. Pero, gracias a los dogmas de fe, la susodicha vida se torna intocable por "sagrada". Díganme si esto no es estúpido.

Así que todos los cerebros infectados con este virus, andan adorando la sacrosanta vida solo para oponerse a la voluntad de la mujer, relegarla y condenarla a la maternidad por la fuerza. De este modo la mujer pierde todo control sobre su propia vida, cuerpo y destino como mujer para convertirse en simple objeto de una fe como maquinaria reproductora. El adoctrinamiento es tan fuerte que la gente es incapaz de advertir la enorme perversión de esta lógica, con todo su brutal componente totalitario. La persona humana ha sido dejada de lado para preferir dogmas de fe, servir la "voluntad de Dios" y de una religión anacrónica que detenta el poder mental de la gente gracias a sus efectivos mecanismos sociales de adoctrinamiento temprano. Los creyentes ya ni siquiera se dan cuenta que son solo robots programados repitiendo dogmas de fe.

Quienes preferimos la libertad y la libre determinación de las personas, tenemos que oponernos a toda forma de chantaje y poder exterior que elimine esas libertades mediante el uso de la ley y los recursos del Estado. La lucha por la libertad del individuo se da en dos frentes: por un lado contra el totalitarismo iluminado de la izquierda marxista que anula al individuo para convertirlo en masa al servicio del Estado, y del otro, contra el totalitarismo iluminado de la religión que anula al sujeto para convertirlo en rebaño al servicio de la Iglesia. Ambos tienden a apoderarse del Estado para imponer sus dogmas y credos sociales a través de leyes prohibitivas o punitivas, con el fin de imponer su visión de la sociedad perfecta. Ambos pretenden regir las vida de los demás de acuerdo a su credo, ética y moral. Los que preferimos la libertad individual debemos distanciarnos tanto del socialismo como de la religión, que son las principales amenazas al libre pensamiento y a la libre determinación de las personas.