miércoles, 15 de junio de 2016

Un ganador sin apoyo


Pasadas las elecciones prima en el ambiente una sensación de disconformidad y hasta de fraude. No vamos a negar que Pedro Pablo Kuczynski es el ganador de la lid electoral, pero es evidente que no hay multitudes extasiadas vitoreándolo. Por el contrario, prima una sensación de pesar porque la mitad siente claramente que les robaron el triunfo, y gran parte de la otra mitad siente que tiene poco que celebrar, porque apoyó a PPK solo por dar la contra a Keiko. Lo que más llama la atención es la satisfacción enfermiza de un sector de la sociedad por haberle hecho perder a Keiko, pero eso no basta para sentirse ganador ni los compromete con PPK. Y he allí la debilidad de Pedro Pablo y la sensación de un falso ganador que carece de apoyos reales y fuerza propia.

En las elecciones del 2011, tras el triunfo de Ollanta Humala, el progresismo salió a proclamar a gritos que "la prensa ya no pone al presidente", porque el diario El Comercio apoyó a Keiko Fujimori. Hoy, en cambio, están calladitos. Y no es para menos pues la prensa apoyó plenamente a PPK, montando una guerra sucia contra Keiko. La prensa está ahora plena y absolutamente en manos del progresismo. Ya ni siquiera hablan de la "concentración de medios" porque es evidente que esa concentración pasó de ser económica a ser ideológica. Al progresismo le preocupa que la prensa esté en manos de un grupo económico pero no que esté secuestrada por un sector ideológico dominante y hasta, podríamos decir, por una argolla caviar perteneciente a una universidad capturada también por la progrería.

¿Qué implicancias tiene que la prensa esté en manos de un sector ideológico? Pues nada menos que el poder de cometer un fraude electoral torciendo la voluntad de los votantes. Obviamente no se trata del fraude cometido ingenuamente en las actas electorales. En un país con 20 millones de votantes no se pueden manipular actas para cometer un fraude, pero se puede manipular la información que llega al elector antes de las elecciones. El grueso de la población se informa sobre las elecciones y los candidatos por los medios. Nadie conoce a los candidatos ni los ha escuchado personalmente. Todo lo que saben de ellos es lo que ven, escuchan o leen en la prensa, radio y TV. De modo que quien maneja los medios tiene el poder de cometer un fraude electoral con solo montar psicosociales, llenarse de noticias falsas, mentiras y regar sospechas aunque carezcan de sustento, tal como lo visto en la reciente campaña.

Ya vieron que ahora se acabaron los psicosociales como por arte de magia. Pero no se aflija que volverán sin falta en el 2021. Eso, si es que antes no ha pasado algo grandioso como arrojar a la mediocridad progresista de los medios y recuperar la prensa libre.