lunes, 2 de mayo de 2016

Mitología del antifujimorismo caviar


Escribe: Dante Bobadilla Ramírez

Es un hecho que a la humanidad jamás le ha interesado la verdad. Siempre han preferido los mitos y las novelas. Una historia bien contada es más aceptada que cualquier verdad insípida. Allí tenemos como ejemplo el avasallador éxito de toda clase de religiones contadoras de mitos a lo largo de todo el planeta y de los tiempos. Por eso mismo tardó tanto en surgir la ciencia y, una vez aparecida, fue duramente combatida y finalmente pervertida con seudociencias más interesantes. En la política sucede exactamente igual: la verdad siempre es la primera víctima y el mito sale triunfante. 

La historia política peruana está llena de mitos. Es un duro trabajo para los historiadores poder llegar a establecer la verdad, que finalmente será dejada de lado para preferir el mito. Pero tal vez nunca haya existido un episodio que generara más mitos y mentiras que el gobierno de Alberto Fujimori. La cantidad de mentiras y mitos que se dicen y repiten acerca del fujimorismo es apabullante. Lo repiten todos los días y es un hecho que todo menor de 30 años solo conoce los mitos del antifujimorismo, empezando por la típica falacia de que fue una dictadura. Ya se ha vuelto una cuña mental la frase "la dictadura fujimorista" y por tanto se da por cierta. Sin embargo, no fue una dictadura. 

A pesar del cierre temporal del Congreso (una medida extrema contemplada en la Constitución), los gobiernos de Fujimori fueron democráticos, con los típicos vicios de una democracia débil y sin instituciones, que siempre se ha visto en todos los gobiernos anteriores, empezando por el abuso de su mayoría parlamentaria. ¿O ya olvidamos cómo Alan García 1.0 lograba aprobar al carpetazo y de madrugada toda clase de leyes aberrantes, como el de la estatización de la banca? No olvidemos que Fujimori empezó precisamente siendo víctima del abuso de poder de una mayoría parlamentaria que le era adversa. Así que el abuso de la mayoría parlamentaria no es algo que se le puede achacar a Alberto Fujimori, ha sido una norma en la política peruana desde el siglo pasado.

Precisamente la mitología del antifujimorismo empieza magnificando los defectos del gobierno de Alberto Fujimori, haciendo creer a la gente que son exclusivos del fujimorismo cuando no lo son. Se trata de defectos típicos de la insipiente democracia peruana. Pero el mito ha convertido al gobierno de Fujimori en "la dictadura". Para colmo, a Alberto Fujimori se le ha achacado la autoría de todos los delitos cometidos por Vladimiro Montesinos y el grupo Colina. Todo eso ha sido convertido en un solo paquete llamado "fujimorismo", y hoy se habla de él como si se tratara de un monstruo con vida propia y con una personalidad definida. Hasta se dice que tiene ADN. Es decir, este monstruo es real y hará lo mismo siempre. Es impresionante el grado de estupidez al que se llega.

La gente común y corriente se puede creer todas las tonterías que se repiten en las calles, pero oír a encumbrados analistas repitiendo estas boberías baratas es alarmante. El antifujimorismo ya se ha vuelto una predisposición o actitud mental para muchos, a tal punto que todo lo que digan los fujimoristas es susceptible de ser tergiversado y convertido en mito a base de la repetición incesante. Así ocurrió con la expresión de Oscar Trelles "nosotros matamos menos", la que, en el contexto de la conversación, hacía referencia al hecho de que durante el gobierno de Alberto Fujimori se redujo el número de víctimas por causas de la lucha antiterrorista. Pero esa verdad no le importó a nadie. Todo lo que quedó fue la frase convertida en cliché para responsabilizar al fujimorismo por las muertes.

Todos los días observamos este fenómeno. Hoy mismo los genios del progresismo ya convirtieron en cliché barato de campaña la expresión de Cecilia Chacón, quien dijo que espera ver a Fujimori "salir por la puerta grande". Obviamente eso espera cualquier fujimorista. Y Cecilia Chacón lo dijo con claridad: el Poder Judicial tiene que corregir su error. La única puerta grande es la del Poder Judicial. No hay otra. Pero ¿a quién le importa la verdad? Una vez más el mito vende y lo que se repite es que el fujimorismo pretende liberar como sea a Alberto Fujimori. Asimismo, un error idiota de Kenji Fujimori al lanzar unos tuits sin sentido, ha sido convertido en un "pleito dinástico". Es decir, la telenovela del antifujimorismo vende. Y vende más que la TV basura. 

De hecho el antifujimorismo se ubica en una categoría de "política basura", a cargo de bufones y chibolos incapaces de reconocer a un héroe en un billete. El circo patético de "No a Keiko" es la máxima expresión de esa "política basura" callejera que encandila a los sectores más embrutecidos con el mito, el odio y la ignorancia. Los militantes y activistas del antifujimorismo son sectores del progresismo acostumbrados a vivir del mito, el cliché, la mentira, la consigna de campaña y las marchas callejeras, donde materializan su miseria mental y espiritual con toda clase de expresiones de odio. Eso no debería alarmarnos. Lo que preocupa es que toda esta cháchara barata repleta de mentiras se repita en boca de analistas que se supone tienen un nivel mental más elevado. Preocupa escuchar y leer a tantos progres de la TV y de los medios capturados por la caviarada, alimentando el odio y el mito, apelando al bajo oficio de mentir. 

Como ya lo han dicho otros, el antifujimorismo es una triste enfermedad que ojalá estas elecciones nos permita superar. Personalmente será un dulce placer ver cómo se revuelcan en su vómito negro todos estos progres y caviares cuando Keiko logre ganar las elecciones.