lunes, 25 de abril de 2016

Miedo y demagogia para enfrentar la precaria realidad laboral


Escribe: Dante Bobadilla Ramírez

Demagogia en campaña. Keiko arremete contra una buena idea de PPK que apunta a darle solución el grave problema de las trabas existentes hoy para la formalización del empleo y para eliminar el subempleo. Pero lo peor es que no ofrece absolutamente nada a cambio, salvo seguir con el status quo. Un estadista debe pensar en los problemas del país, en los problemas de la sociedad y de la economía, que afectan a todos, no solo a los empresarios. La economía es como una manta, cuando pretendes cubrir a unos descubres a otros. Hay que dejar que la manta crezca por el esfuerzo de los participantes y no por una intervención interesada del Estado a favor de unos. 

Hace bastante tiempo sabemos que hay un grave problema en el sector del empleo que nadie quiere enfrentar. El 75% de los trabajadores labora en la informalidad y el subempleo. Esto no se resuelve aumentando las multas a las empresas o enviando ejércitos de inspectores para sancionar a las empresas, ni amenazando a los empresarios, como ocurre hoy desde la creación de la SUNAFIL, esa aberrante entidad creada para enfrentar los problemas generados por las malas políticas de los demagogos irresponsables. 

Es absolutamente obvio que si a un empresario le sale caro contratar, tratará de no hacerlo (generando desempleo) o de contratar a medias (generando subempleo) o de contratar por lo bajo (generando informalidad). Nadie es tonto para regalar plata que cuesta mucho generar. A los demagogos no les cuesta nada inventar generosas dádivas, ya sea a costa del Estado o a costa de las empresas. Ellos se ganan los aplausos y posan como dioses generosos pero no han hecho más que crear problemas. No se puede vivir en un mundo irreal donde las cosas caen del cielo gratis ni esperar que nos regalen alegremente algo que no hemos contribuido a crear. Esa fantasía simplemente lleva al desastre.

Como es bien sabido, por cada 100 soles que recibe un trabajador como sueldo, al empresario le cuesta 150. ¿Por qué? Pues porque los demagogos en el gobierno le han cargado al empresario una serie de obligaciones que son gollerías que está obligado a dar a los trabajadores, y que los demagogos llaman alegremente "derechos laborales". Derechos que ni el Estado paga, ciertamente. Todos estos falsos "derechos" generan problemas en el ambiente laboral. Hay que tener pantalones para enfrentar el problema y darle una solución efectiva y real. Y no hay otra salida que volver a la realidad y pisar tierra. Keiko dice tener los pantalones bien puestos, pero en este tema prefiere seguir la demagogia.

El Estado debe actuar como árbitro en la relación laboral entre el trabajador y el empresario. El Estado no puede ser parte y pretender "proteger" al trabajador imponiéndole cargas y obligaciones a la empresa. Peor aun, el Estado no debe intervenir en el manejo de la empresa y no puede tomar las decisiones que le corresponden al empresario, como prohibir el despido con el cuento de que "el trabajo es un derecho". El ambiente laboral es quizá el más afectado por la demagogia populista desde los tiempos de Velasco. Todas estas intromisiones del Estado en el mundo laboral y empresarial han degenerado en la aberrante realidad laboral que hoy padecemos.

La CTS es una gollería que tiene un largo historial. A través de los años y los gobiernos ha estado mutando en su naturaleza hasta convertirse en simple carga laboral sin sentido. Los demagogos se han encargado en cada gobierno de quitarle todo sentido a la CTS permitiendo que los trabajadores puedan retirar su dinero cada vez que se sentían generosos. Hoy el concepto de CTS no sirve. Debe ser eliminado sin más trámites. Una manera simple de hacerlo sería aumentando el monto de la CTS al sueldo de los actuales trabajadores y de allí en más desaparecerlo. Sería un gran paso en la dirección correcta.

El seguro de desempleo no es mala idea. Hay que incentivar su creación en el mercado financiero pero debe ser voluntario y correr a cuenta del trabajador, quien debe optar por el seguro que más le conviene según el tiempo de cobertura que requiere, de acuerdo a su realidad laboral. Es una decisión que compete al trabajador y no a la empresa y menos al Estado. De lo que se trata es de no intervenir en las decisiones que las personas adoptan. El estatismo intervencionista protector y paternalista es malo, negativo y nefasto, en cualquier escenario. Un estadista responsable tiene que tener el valor para enfrentar la realidad sin miedo y aplicar correcciones sin cálculos políticos subalternos.