viernes, 8 de abril de 2016

Cualquier cosa puede pasar


Escribe: Dante Bobadilla Ramírez

El destino del Perú pende de un hilo. El electarado que votó por Susana Villarán paralizando Lima por 4 años y que luego votó por Ollanta Humala y su mujer, paralizando el Perú por 5 años, ahora está a punto de votar por el más inepto de todos los candidatos de este proceso electoral: la calabaza roja Verónika Mendoza, ni más ni menos, con el riesgo de hacernos retroceder 30 años. Ya ni siquiera cabe sorprenderse. En realidad, lo que la derecha debería hacer desde ahora es sacar candidatos como Hilaria Supa y hacerlas postular porque seguro que la votan. Este es el nivel del electarado peruano. Hay que asumirlo. 

¿Qué de bueno tiene Verónika Mendoza para siquiera estar en posibilidades de gobernar este país? Habría que preguntarle al electarado qué le ha visto, porque objetivamente es una inepta, como lo era Ollanta Humala. Pero estas cosas parecen no importarles a los electores. ¿En qué se fijan? Nadie lo sabe. Es todo un misterio. Algunos dicen que la gente vota por joder en venganza por el voto obligatorio. Hasta esto es posible. Porque hay que reconocerlo, hace tiempo que el peruano vota hasta el culo. No es de ahora. Veamos.

En 1985 el joven Alan García, que tenía la misma edad que la Vero hoy, era el más inepto de todos los candidatos. Muchos pensaron que no tenía opción frente a Luis Bedoya Reyes, el más inteligente de los políticos, el mejor orador, el más versado y quien además había sido el mejor alcalde de Lima. Sin embargo, el indómito electarado hizo su aparición y prefirió votar por el jovenzuelo inepto que luego por poco nos desaparece del mapa. 

En 1990 el triunfo parecía obvio y cantado para Mario Vargas Llosa, el intelectual peruano más respetado en todo el mundo, quien defendía banderas de libertad que jamás habían sido oídas. Sin embargo, el electarado prefirió votar por un Chinito desconocido llamado Alberto Fujimori, con las consecuencias que luego todos ya conocemos. En 1995 se repitió la historia cuando Fujimori enfrentó a Javier Pérez de Cuéllar, un diplomático respetado a nivel mundial por haber sido el mejor presidente de las Naciones Unidas hasta entonces. Sin embargo, el electarado prefirió a Fujimori.

Así sucesivamente podemos ver que el electarado ha votado por el borrachín impresentable de Toledo, por Alan García pese a su aprocalipsis, y por Ollanta y Nadine. ¿Qué hacer con el electarado? Una pregunta muy difícil. Mientras tanto, ahora el Perú se balancea entre el camino de progreso seguro que representa Keiko Fujimori, y el peligro que significan la Vero y sus comunistas antimineros estatistas. Estamos ante una situación que exige definiciones. Acá no hay matices ni centros.