sábado, 12 de marzo de 2016

Un pulpín ejemplar


Escribe: Dante Bobadilla Ramírez

El lustrabotas Doroteo Callañaupa Cruz, salió del anonimato por un incendio que consumió la casona donde vivía en el centro de Lima, y en el que perdió sus ahorros de ocho años ascendentes a S/. 25,000 soles. Afortunadamente, el Banco Central de Reserva pudo canjearle unos cuantos billetes chamuscados, con lo que el lustrabotas recuperó unos S/. 17,500 soles. Hasta aquí la noticia que todos conocen. Sin embargo, esta historia nos dice mucho más. Creo que Doroteo es un héroe anónimo y un ejemplo a seguir para toda la juventud, en especial para esos pulpines que salieron indignados a marchar en contra de una ley que les permitía encontrar empleo, pero la rechazaron porque les recortaba sus sacrosantos “derechos laborales” en los empleos que no tenían.

Doroteo nunca saldría a marchar a las calles con esos pulpines porque no los entendería en sus reclamos. ¿Qué son “derechos laborales”? preguntaría Doroteo en primer lugar. Él solo conoce dos cosas: trabajo y falta de trabajo. Y sabe perfectamente que el trabajo es algo que hay que buscarlo todos los días, peleando con la competencia y ganándose el favor de sus clientes con su empeño, esmero y esfuerzo individual. Eso es todo lo que Doroteo sabe acerca del trabajo. Además conoce el valor del ahorro.

Mientras tanto, una manchita de finos pulpines progresistas que, en su mayoría, ignoran lo que es el trabajo porque aún siguen estudiando gracias a sus padres, salió el año pasado a protestar contra una ley que les facilitaba encontrar empleos. ¿No es curioso? De hecho, Doroteo no los entendería. Es que estos niños bien no solo quieren el empleo, sino que quieren un “empleo digno”. ¿Qué es “empleo digno” en el vocabulario progresista? Es uno que además de ofrecerles un “sueldo justo”, los tienen que cubrir con una serie de gollerías que llaman “derechos laborales”, empezando por sus 30 días de vacaciones y su “estabilidad laboral”, es decir, piden garantías de que podrán quedarse enchufados en el puesto laboral pase lo que pase. Incluso si la empresa quiebra.

Estos son los dos mundos paralelos en los que convivimos cada día: el de la realidad cotidiana de gente como Doroteo que se raja el lomo para trabajar y progresar, y el de la fantasía progresista de los "derechos", al que muy pocos pueden acceder porque nadie está para mantener gente que exige gollerías para empezar a trabajar sin saber nada. Ah, y por supuesto, dentro de las gollerías que nuestros progres pulpines exigen está justamente la “capacitación laboral”. Es decir, el empleador tiene la obligación de enseñarles en qué consiste el trabajo, pero le tienen que pagar igual mientras aprenden. Lo único que falta es que pidan Coca Cola helada dentro de sus “derechos”.

Estos pulpines llenan las filas de la “izquierda moderna”. Allí están todos los que odian la Constitución que dio Fujimori, pero adoran la CTS que también la dio Fujimori. También están los antiapristas eternos que detestan a Alan García pero adoran las gratificaciones de julio y diciembre, que el demagogo del APRA convirtió en una obligación laboral, cuando siempre fue una “gratificación” voluntaria. Solo en este país la gratitud es una obligación legal. Los valientes combatientes de la “dictadura” de Fujimori no son tan valientes para condenar la dictadura de Velasco y sus atroces medidas populistas, como la irresponsable “estabilidad laboral”, inventada por los sindicatos marxistas, y de las cuales solo queda el SUTEP. El desastre de la educación peruana hay que agradecérselo a los maestros ineptos del SUTEP, grandes beneficiarios de la estabilidad laboral velasquista.

La mala noticia para los soñadores de los "derechos laborales", es que el 70% de los trabajadores del Perú está en las mismas condiciones de Doroteo: se la buscan solos día a día o trabajan fuera de planilla sin quejarse. Ahorran, juntan un capital para invertir y hacer un negocio a espaldas del Estado porque las leyes laborales y empresariales de este país están de espaldas a la realidad. Pero mientras tengamos ilusos defendiendo la fantasía de un mundo irreal donde los empleos llueven envueltos en papel de regalo y rellenos con "derechos laborales", seguiremos siendo un país donde la gente vive a la sombra de la informalidad, con héroes anónimos como Doroteo, que no esperan "derechos" sino solo trabajo, y vive de lo que gana sin pedir más que el fruto directo de su esfuerzo y la calidad de su trabajo. Ojalá tuviéramos más Doroteos y menos pulpines marchantes en este país. Ojalá pudiéramos un día pisar tierra firme, ver la realidad y reventar esa burbuja de "derechos" con los que sueñan muchos sin tener nada y nos impide avanzar.