martes, 15 de marzo de 2016

El antifujimorismo pulpín


Escribe: Dante Bobadilla Ramírez

La historia está llena de mitos. Es diferente de la Historia, con mayúscula, que es una ciencia donde se investiga sin apasionamientos y se exhiben los hechos tal cuales. Lo que tenemos en el Perú es apenas historia, es decir, un conjunto de relatos que pretenden explicar una época con un determinado propósito. Así es como nos cuentan que la Colonia fue opresión y esclavitud, que la “gesta de la independencia” fue heroica y que la patria es fruto de héroes visionarios. Pero nada de eso es cierto. Son cuentos inventados para justificar la República y crear un ánimo patriótico en la sociedad, capaz de sostener un país creado sin ton ni son.

Pero de todas las historias, ninguna tiene tantos mitos como la del fujimorismo. El relato que construye la izquierda tiene como propósito desvirtuar esa época y aniquilar todo vestigio de fujimorismo. Ese es el fin supremo del informe final de la CVR desde su primera página. Su propósito nunca fue generar condiciones para la reconciliación nacional, como lo ordenaba el Decreto Supremo de su creación, el cual ignoraron. La CVR construyó un relato destinado a destruir la imagen de Alberto Fujimori y lavarle la cara a la izquierda, al margen de la Historia. 

Toda esta jauría de hienas juveniles que sale en marcha contra el fujimorismo solo conoce la historia contada por la izquierda. No es mentira que Fujimori contrató como asesor principal a un delincuente de apellido Montesinos, y le dio tanto poder que manejaba prácticamente todo el país. A nadie le ha interesado descubrir la verdad de ese vínculo perverso. Pero esa no es toda la historia del fujimorismo de los 90. Habría que empezar reconociendo que Fujimori salvó al Perú del naufragio, que encontró un país en quiebra, sin dinero, sin crédito, convertido en paria mundial, con un híper Estado que cargaba una planilla que era imposible pagar, con cientos de empresas estatales quebradas, con el terrorismo en las calles de Lima, etc. Esa fue la situación que tuvo que enfrentar Fujimori, y encima tenía un Congreso de oposición que tramaba sacarlo del poder. Ya habían aprobado una ley para regular los actos del presidente. De manera que si Fujimori quería gobernar y dar solución pronta a los graves y múltiples problemas del país, no tenía más opción que cerrar ese Congreso. 

Cerrar el Congreso no es una medida antidemocrática. Es una facultad presidencial prevista en la Constitución. El problema es que la Constitución no preveía las condiciones que afrontó el presidente Fujimori. De hecho, Fujimori tuvo que salirse de la Constitución. Pero lo hizo por un corto período, pues convocó de inmediato a elecciones para elegir un nuevo Congreso, el cual se encargaría de elaborar una nueva Constitución, acorde a los tiempos. Luego de instalado el nuevo Congreso no se puede decir que el gobierno de Fujimori fue una dictadura. Llamarlo dictadura es parte del mito antifujimorista. 

Además de solucionar la gravísima crisis económica y derrotar al terrorismo, cabe añadir que Fujimori le hizo frente al peor fenómeno del Niño de todo el siglo, tan grande que convirtió el desierto de Sechura en laguna. Luego, Fujimori tuvo que hacerle frente a la guerra con el Ecuador, el cual culminó con un acuerdo satisfactorio para los intereses del Perú. Fujimori colocó al Perú en la mira del mundo y reactivó la economía permitiendo el despegue del país. El esquema económico definido en los 90 es el que actualmente se mantiene y ha permitido seguir creciendo al Perú a pesar de los diferentes gobiernos. Gracias a los proyectos mineros que se iniciaron en los 90, la pobreza se ha reducido en niveles antes nunca vistos. 

Ahora bien, si las generaciones actuales creen que lo más importante del fujimorismo es que hubo corrupción, habría que decirles que corrupción hubo en todos los gobiernos. Toda la diferencia que hace al fujimorismo es que la corrupción fue filmada y difundida por medios que eran libres. Nunca hubo censura de medios durante el fujimorismo. Algunos directores de medios se vendieron, como lo han hecho siempre a lo largo de la historia, y como lo vienen haciendo ahora mismo, por unos dólares más o menos, en efectivo o en publicidad. En eso no hay ninguna novedad. La hipocresía de la izquierda radica en ocultar todos los logros del fujimorismo y en resaltar solo la corrupción, achacándole además los asesinatos del grupo Colina, que fue el mayor logro de la caviarada judicial dirigida por César San Martín, gracias al truco mágico de la teoría del autor mediato. 

La “pedagogía de la memoria” que predica la izquierda, es solo el adoctrinamiento en el odio de clase, como lo han hecho siempre. Solo que ahora esa “clase” es el fujimorismo. A falta de argumentos para convencer, la izquierda echa mano del odio, un sentimiento que siempre es muy fácil de activar, especialmente entre los jóvenes que ignoran toda la historia.