miércoles, 9 de marzo de 2016

Crónica de una tacha anunciada


Escribe: Dante Bobadilla Ramírez

Finalmente el JNE decidió ratificar las tachas a los candidatos Julio Guzmán y César Acuña. No es lo ideal para un proceso electoral pero es lo que hay. Ciertamente resulta enojoso que estas cosas estén pasando, pero habría que preguntarse por qué están pasando. ¿A quién culpar? 

En primer lugar, este es un país maniático de las leyes, aunque no para cumplirlas. Todos piden una ley para cada cosa. ¿No pedían a gritos una ley de partidos políticos? ¿No pedían reformas para garantizar la democracia interna de los partidos? Bueno pues, allí están las consecuencias. ¿De qué se quejan ahora? 

El principal problema acá es la hipocresía y doble moral del progresismo, porque son ellos los que piden las leyes para fastidiar a sus enemigos (principalmente el Apra y el fjimorismo), pero cuando esas leyes acaban afectándolos a ellos, salen a protestar, invocan fraude, apelan a otros principios, amenazan a los magistrados, etc. El progresismo ha demostrado una vez más su estupidez, ya que se pasan la vida pidiendo que el Estado intervenga y regule, pero cuando lo hace y les afecta, entonces chillan y les da la pataleta. ¿No les encanta el Estado interventor y regulador? Allí está pues. 

A decir verdad, las normas exigidas ni siquiera son difíciles de cumplir. Son las normas mínimas que todo partido que se llame partido puede seguir internamente, tanto así que la gran mayoría no ha tenido problemas para cumplirlas, aunque sea como un formulismo. Lástima pues que el señor Julio Guzmán sea tan improvisado e incompetente para no poder montar a tiempo su kiosko electoral. La culpa es suya. Si quería postular tendría que haber alquilado su vientre de alquilar con tiempo, y hecho los retoques, cambios de color, estatutos y logo con anticipación. 

La consecuencia es que el progresismo en pleno está al borde de un ataque de nervios. Hoy amanecieron amenazando a los magistrados del JNE con investigarlos hasta descubrir cositas. Hay que leer los patéticos artículos de David Rivera, Jorge Bruce, Luis Davelouis y otros valientes genios del progresismo que pretendían dictarle las pautas al JNE. Su reacción en las redes ha sido clamar venganza contra Keiko, para variar. No se extrañen de que el circo antikeiko salga nuevamente en las calles como un anticipo del corso Wong, con las mamertas haciendo el mismo show del 2011 contra las "esterilizaciones forazadas". Parece que guardaron las pancartas y afiches.

Al margen de los enfermos mentales del progresismo fracasado, habrá que ver cómo se reacomoda el panorama electoral. Es probable que los votos de Guzmán migren al más radical candidato anti, ya que eso era lo que representaba Guzmán: el voto anti, propio del resentido social, del disconforme que vota por joder, que quiere traerse abajo todo votando por un cualquiera, menos por los demás que son "lo mismo de siempre". Ese era el discurso de Guzmán. Habrá que ver si esto favorece a la Vero o Barnechea, que son casi dos rostros nuevos que también están jugando a ser los antisistema para captar el voto de los tontos.