lunes, 9 de noviembre de 2015

Un caradura suelto en plaza


Escribe: Dante Bobadilla Ramírez

Alan García es el rey de los caraduras, porque hay que ser un completo caradura para regresar al país después de haberlo dejado en la ruina y encima querer ser presidente otra vez. Y no exagero al decir que Alan García dejó al Perú en ruinas en 1990. Su primera gestión fue la peor de toda la historia y el resultado solo es comparable con la situación después de la guerra con Chile. Lo mejor que podría haber hecho Alan García era desaparecer sutilmente y perderse en el olvido para siempre. Pero para desdicha de los peruanos, Alan García no solo regresó al Perú sino que volvió a ser presidente como resultado de la debacle de la clase política.

En el 2001 Alan García logró pasar a la segunda vuelta superando por un pelo a Lourdes Flores, a la que le dedicó todos sus dardos envenenados. Luego perdió ante Alejandro Toledo por una diferencia notable de casi 10%. Entonces todavía quedaba memoria e indignación frente a Alan García. En el 2006 prácticamente se repitió la historia frente a la siempre desubicada Lourdes Flores, a quien Alan superó otra vez raspando. Luego, en la segunda vuelta, superó fácilmente al chavista Ollanta Humala. Era mejor arriesgarse por Alan confiando en que, aun destruyendo el país, al menos se iría al cabo de 5 años.

La estrategia de Alan García es atacar al que va segundo para meterse en la segunda vuelta. Es un encantador de serpientes con poses de predicador divino, y una retórica de salvador de la patria que engatuza a los jóvenes. Además siempre supo aprovechar su imagen de galán que le asegura el voto femenino. En 1985 las mujeres votaron deslumbradas por un Alan juvenil que parecía salido de una telenovela mexicana. Hoy ha bajado de peso y se ha teñido el pelo para darse un look a lo Donald Trump. Pero no hay duda de que sigue siendo un caradura. 

Y es que hay que ser un caradura para ofrecer ahora lo que no hizo en 5 años de gobierno. ¿Cómo es posible que le diga al país que va a resolver la inseguridad en 12 meses? Si todo lo que ofrece es sacar a las FFAA a las calles, un gesto de demagogia típica que lo pinta de cuerpo entero. Recordemos que Alan García no pudo resolver un solo problema del Perú. Los conflictos sociales le estallaban en la cara y los proyectos mineros se paralizaban, sin ninguna respuesta más que las balas y la destitución para los policías que no disparaban. ¿Qué problema solucionó Alan García, o siquiera controló en su segunda gestión? Ninguna.

A ver, recordemos rápidamente algunas perlas. Ante la ola de accidentes de tránsito optó por la demagogia y creó la SUTRAN, o sea, más burocracia. Luego su genial técnico estrella, Enrique Cornejo, elevó las multas de tránsito a los niveles astronómicos que hoy tiene y que nadie quiere pagar. Esas estrambóticas multas de tránsito solo sirvieron para iniciar las mafias de las fotopapeletas en Lima y Callao. Y no olvidemos que se inventaron las multas para los peatones. Una estupidez que nadie se atreve a ejecutar. En fin, no vamos a rememorar todas las chanchadas que sufrimos en esa gestión. 

Pero no podemos dejar de mencionar que Alan García dejó dos bombas de tiempo antes de irse: los mamarrachos del Ambiente y de Cultura que detuvieron las inversiones y retrasaron todos los proyectos dos años más por el aumento de la tramitología. El incremento del aparato burocrático es consustancial al aprismo. Les encanta crear ministerios y organismos públicos. No olvidemos que la ideología del Apra es un socialismo democrático. Por algo sus símbolos son iguales que los del comunismo: bandera roja y estrella. Así que el Apra nunca dejarán de apostar por el estatismo. Ya Alan García ha prometido otro ministerio, el de la juventud, solo para empezar. No nos extrañaría que quiera alcanzar a Venezuela y empiece a crear unos 5 ministerios más, con rimbombantes nombrecitos. 

De manera que no hay ninguna razón para creer que Alan resolverá un solo problema porque nunca lo ha hecho. Todo lo que hizo siempre fue crearlos o empeorarlos. Con Alan perdamos toda esperanza de reforma del Estado. Al contrario, lo que nos dejará es, nuevamente, un Estado más grande, una mayor burocracia y un gigantesco gasto social. Eso está asegurado al 100%.