domingo, 22 de noviembre de 2015

La política de la negación


Por: Juan Carlos Vasquez Peña

Suele suceder que cuando la realidad cambia de una forma inesperada, y cuando tus valores y creencias se ven trastocados de forma repentina, una reacción clásica y primaria es la negación. Negar lo evidente pensando que los demás están equivocados, que nuestro destino es manejado por fuerzas poderosas e invisibles ajenas a nosotros, o que el líder que uno siguió fielmente cambió por buenos motivos y que nuestro deber es seguirlo (aún cuando nos lleve al precipicio, aunque eso nadie lo admite tampoco).

Estas actitudes de negación se han visto con muchísima frecuencia en esta primera quincena de noviembre, tanto a nivel nacional como internacional y en tan diversos temas que darían material suficiente para varios artículos. De estos, destaco cinco temas: la negación ante el hecho de que el clima se comporta de forma diferente a los modelos matemáticos, la negación ante el hecho de enfrentarse a una religión que promueve el “martirio” de los fieles contra los infieles, la negación a aceptar la realidad de la lideresa del gobierno por parte de sus lacayos, la negación a la honestidad de ciertos grupos y colectivos autodenominados “conciencia moral de la nación” y la negación de los fieles de otra lideresa de oposición ante su constante cambio de color.

Ante el fracaso mal disimulado del “huracán más potente de la historia” que iba a destrozar México y que dejó al final muy escasos daños materiales y ninguna baja humana, y ante anuncios de la NASA de crecimientos sustantivos de hielo en la Antártida y el Ártico; los “calentólogos”, en vez de aceptar sus errores y dar siquiera un mínimo resquicio a la duda ante el dogma de fe en que han convertido el negocio del “cambio climático”, se han lanzado en una campaña sostenida por internet y medios afines, mostrando imágenes de ciudades bajo el agua por los posibles efectos del cambio climático. Además de lanzar teorías simplemente absurdas como la de que el aumento de temperatura disminuye la fertilidad humana (¿?), que el aumento del CO2 daña los bosques o que los corales se afectan con la “acidificación” del agua. Todos bulos estúpidos y fácilmente desmontables como lo dice acertadamente Vicent Dumortier en su artículo "Patrañas Climáticas".

El siguiente episodio negacionista internacional surgió a raíz de los salvajes atentados en París por parte de fanáticos islamistas. Tras el estupor inicial, buena porción de la población europea dio una extraña reacción, no de repulsa a los atentados ni de deseo de hacer justicia, sino de negar los hechos. Desde el lelo pianista que tocó “Imagine” al día siguiente en uno de los restaurantes atacados, hasta los memes “pacifistas” que inundaron el Facebook de tantas desorientadas almas, finalizando por las denuncias de “islamofobia” que hicieron ciertos líderes de izquierda de España y Gran Bretaña contra sus gobiernos. Parece haber en la cultura occidental un buen grupo de gente infantil que cree que ante la violencia irracional de grupos fanatizados con la fe, la única respuesta es negar lo ocurrido, seguir con la vida de siempre y que no se debe actuar contra los responsables porque se pueden enojar. Curiosamente, son estos mismos los que más pontifican sobre la libertad, pero también los que menos hablan de responsabilidad individual o de grupo, sino que siempre están achacándole todas las culpas a Occidente. También son los que menos dispuestos están a defender la libertad, porque la libertad hay que defenderla, no solo predicarla.

A nivel local la negación mayor la hemos visto en la ya disminuida primera dama, otrora poderosa representante no oficial del gobierno, debido a su infantilismo regodeada por la nube de ayayeros congresistas y periodistas mermeleros, han terminado convertirla en una sombra política. El mayor error que cometió fue negar sus agendas, luego dijo que fueron trucadas y finalmente que son suyas pero que no revelan delito. Su imagen ya es la de una persona voluble, inestable y poco madura. Si le sumamos la patética actuación de sus ayayeros justificando sus dislates primero, tratando de distraer el asunto después y finalmente diciendo que no es caballeroso hacer “leña del árbol caído”, tenemos toda una tragicomedia de televisión.

Otra negación evidente es la de los grupos de la mal llamada “sociedad civil”, gentita que goza de poder por su presencia en la prensa gracias a la argolla caviar, pero que sólo ha demostrado que salen a protestar cuando se afectan sus intereses. El hecho de haber estado callados tanto tiempo ante las denuncias de corrupción de su gobierno favorito al final los ha afectado, pues cuando salieron a marchar y “lavar banderas” (¡Qué manera tan baja de tratar a nuestro emblema patrio!) para defender una parcela de poder judicial que habían ganado solapadamente (el CNM), no obtuvieron mayor apoyo que el de los mismos periodistas que siempre los llaman e invitan a sus programas. Aún así, siguen creyéndose la reserva moral del país, pero está visto que son una farsa.

Finalmente, la última negación proviene de la candidata que lidera las encuestas, quien de forma poco coherente y políticamente riesgosa, ha decidido abandonar las posiciones que justamente la pusieron en el primer lugar de las preferencias. Sus seguidores, con honrosas excepciones, en vez de pedir que vuelva al rumbo que la encumbró, ahora la justifican con excusas y argumentos primariosos. Abandonar los principios y negar las desviaciones por fidelidad al líder le ha pasado la factura a muchos grupos políticos. Espero por el bien de ese partido, que representa a una parte importante de la población, que sepan reconsiderar y no creer en una estructura partidaria cuasi militar, donde los actos del líder sólo deben ser aplaudidos y justificados. Aún están a tiempo.