lunes, 2 de noviembre de 2015

Alianzas de partidos chicos


Escribe: Dante Bobadilla Ramírez

El Apra y el PPC han iniciado la danza del cortejo. Lo más probable es que acaben en alianza porque es lo que su realidad les impone ahora, pues han terminado convertidos en partidos chicos que no despiertan el entusiasmo del electorado. En otras épocas no muy lejanas, este coqueteo sería visto como una alianza contra natura. Alan García fue el destructor de la candidatura de Lourdes Flores, pero más allá de esa anécdota que puede quedar en el plano personal y ser perdonable, lo que tenemos es el acercamiento de dos partidos que siempre representaron lados opuestos. 

Esta alianza se parece mucho a las que históricamente le permitieron al APRA sobrevivir en la política y medrar de ella, como sus alianzas con Prado y Odría, adversarios y verdugos del APRA. La primera alianza conocida como "la convivencia" fue el apoyo a Manuel Prado en 1956 a cambio de legalizar al partido. La otra fue más nefasta, conocida como "la coalición APRA-UNO" significó la alianza del APRA con Manuel Odría en 1962 para dedicarse a boicotear al gobierno de Fernando Belaunde haciéndole imposible sus reformas. El resultado de la antipolítica aprista fue el golpe de Velasco Alvarado. Años después, en 1979 el APRA presidió la Asamblea Constituyente y sacó a relucir su famosa "escopeta de dos cañones" para hacer acuerdos -tanto con la izquierda como con el PPC- a fin de sacar adelante una delirante Constitución que no sirvió para nada.

Pero hoy soplan otros vientos y el APRA parece reducido a un partido chico, al nivel de otros cuyo nombre pocos recuerdan, como el que utiliza César Acuña, un acaudalado norteño que ya no es un elegante barón del azúcar, como antaño, sino un zamarro negociante pendejerete salido de la nada, que hace dinero vendiendo títulos universitarios en su universidad. Bueno, en ese nivel están ahora tanto el Apra como el PPC. Están compitiendo por el premio consuelo, que es pasar la valla electoral y salvar el honor. Una lástima que los viejos partidos acaben como los cines de antaño convertidos en iglesias de chiflados manejados por estafadores sin escrúpulos o auténticos dementes. Mucha gente preferiría ver su viejo cine de barrio anunciando películas porno que convertida en un manicomio de la fe con llamados a parar de sufrir.

La decadencia de los partidos asediados por trepadores que se sostienen con iglesias y universidades de dudoso nivel, es resultado de una crisis profunda de la política. Ya no hay ideas ni mucho menos ideología ni doctrina política de fondo. Todo gira en torno a ofrecimientos baratos fundados en la triste idea de que cualquier cosa se soluciona con un organismo público y más leyes, o sea, más burocracia y más control, es decir, más tramites. En este confuso escenario de ideas ni siquiera es posible distinguir la derecha de la izquierda, y da lo mismo que se declaren como quieran. Por lo mismo, cualquiera se cree en condiciones de ser presidente. Ya tenemos unos 20 candidatos entre ilusos soñadores y figuritas sobrevaloradas que se han creído el elogio de sus chupes a sueldo. 

Lo que falta es ver si los egos superan la cordura, pues lo más inteligente sería que busquen aliarse. En tal sentido el probable acuerdo entre el APRA y el PPC debería servir como plataforma para seguir sumando partidos hasta formar un interesante frente. Solo así podría ponerse atractivo el panorama electoral. ¿Será posible un gran frente de partidos mínimos?