viernes, 4 de septiembre de 2015

Un país en retroceso


Escribe: Dante Bobadilla Ramírez

Lo ocurrido anoche en el Congreso nos ha recordado que somos un país chicha, con instituciones de cartón que solo sirven para la fachada y partidos políticos sin norte definido. Acá ya no funcionan los analistas políticos. Se necesita convocar videntes, astrólogos y chamanes para adivinar qué es lo que puede pasar en el futuro de la política peruana. Lo único que parece seguro es que las turbas siempre se salen con la suya. No importa de lo que se trate. La chusma -perdón, "el pueblo"- siempre tiene la razón. 

Lo más gracioso de todo es que tremendo alboroto es por casi nada. Hasta resulta cómico. Se pelean apenas por un hueso. Parece que los hermanos loretanos alucinan que están en el golfo de Maracaibo, flotando en petroleo, pero lo cierto es que se trata de un pocito de 10 mil barriles diarios que salen con mucho esfuerzo y costo. En todo caso, si lo que les preocupa es la explotación eficiente de ese recurso, ¿no deberían asegurarse de que lo haga una empresa experta y reconocida mundialmente? Al contrario de lo que indica la lógica más elemental, los loretanos exigen que lo haga Petroperú, una empresa que no sabe lo que es explotación desde hace 30 años y que, si le dieran el encargo, tendría que hacerlo subcontratando a otras empresas, y lo haría mediante los tejes y manejes oscuros en lo que son tan expertos nuestros burócratas. ¿Alguien puede entender a estos "de la selva sus revoltosos"?

Lo más patético de esta comedia corrió a cargo del fujimorismo, que acabó convertida en furgón de cola del Frente Amplio y obedeciendo los mandatos de Manuel Dammert. Si alguien pensó que Fuerza Social podía ser la última fortaleza para defender el liberalismo, pues ya es hora de que se quiten ese sueño. Lo cierto es que no pasa de ser otro partido chicha, formado con improvisados sin calidad intelectual ni formación política alguna. Solo les falta repetir el discurso acerca de la "soberanía energética", la "actividad estratégica" y toda esa basura retórica inventada por el velascato hace 40 años para justificar el estatismo en todas las áreas de la economía, y que hoy se ha vuelto a oír en boca de nuestros padres de la patria. 

No cabe duda de que el Perú es un país en retroceso. Vamos camino de vuelta al estatismo. No tan rápido como lo hace una revolución pero si a paso lento. Es la dirección que hemos tomado y que seguimos hace 20 años, desde el segundo gobierno de Alberto Fujimori, quien fue el primero en empezar a desmantelar el modelo impuesto por un equipo técnico a principios de los 90. El rumbo es efecto del populismo electorero. Uno tras otro, los gobiernos han sucumbido a las muchedumbres histéricas manipuladas generalmente por la izquierda, que nunca gana en las elecciones pero acaba siempre imponiendo su agenda a punta de movilizaciones populares y tomas de carreteras, puentes, instalaciones y violencia descontrolada.

El Estado sigue creciendo sin control alguno. Cada gobierno inventa sus ministerios favoritos en busca de votos. El primero fue Fujimori quien inventó el inservible Ministerio de la Mujer. Ya en la Constitución habían creado el adefesio de la Defensoría del Pueblo, un jarrón chino que adorna los salones del Estado sin utilidad alguna. Toledo inventó docenas de organismos parásitos llamados "Comisión Nacional". García nos heredó el lastre de los ministerios del Ambiente y de Cultura, que paralizaron las inversiones en esta gestión, la que se dio el gusto de crear su Ministerio de Inclusión Social y otros mamarrachos inútiles como la Oficina del Diálogo. La planilla del Estado crece sin que a nadie le preocupe, al punto que el ministro de trabajo José Villena admitió que nadie sabe cuántos empleados públicos hay. Por lo pronto, el Congreso ya superó los 4 mil empleados, incluyendo a los empleados fantasmas. Pero todo esto a nadie le interesa. Al contrario, ahora empezamos con las empresas estatales "en defensa de la soberanía".

De manera que seguimos gobernados por la chusma y rumbo al socialismo, inexorablemente. Nadie lo quiere admitir, pero en el Perú no existe un líder político. Todos son monigotes en busca de votos y están dispuestos a colocar sus velas ideológicas de cualquier lado, siempre para aprovechar el viento que las multitudes exhalan. Y nosotros criticando tontamente al chavismo.