domingo, 13 de septiembre de 2015

Por 5 lucas me compro un juez


Escribe: Dante Bobadilla Ramírez

La justicia es un valor supremo en cualquier sociedad civilizada. Para eso se han creado sistemas de justicia, cuerpos legales y toda una casta de profesionales encargados de defender las causas ante el poder encargado de impartir justicia. Pero todo esto fracasa cuando no existe institucionalidad. Es decir, cuando la justicia no es lo que prima como valor. Entonces toda esa parafernalia de entidades, leyes y profesionales de justicia no pasan de ser marionetas en un teatro de títeres. 

Uno de los principales problemas del subdesarrollo es que no existe institucionalidad. Es decir, los valores básicos de una sociedad civilizada no son los que predominan. Por encima de todo se hallan el servilismo, el partidismo, el sectarismo y el totalitarismo. Estos males son comunes en nuestros países y se hacen visibles en fallos tristes como los que vemos en la Venezuela chavista, donde un fantoche Poder Judicial, dominado por el PSUV, acaba de condenar a un líder opositor a más de 30 años de cárcel por el delito de marchar contra el gobierno que ha llevado a Venezuela a la ruina. Es una copia fiel de la justicia que hay en Cuba, donde los opositores son "traidores a la patria".

En el Perú no podemos sentirnos a salvo de esos peligros. Los jueces y fiscales están al servicio de causas ulteriores a la justicia o andan sometidos al poder de turno. En el mejor de los casos se trata de mediocres burócratas que no ven más allá del procedimiento y terminan soltando delincuentes por defectos de un expediente. Para estos limítrofes de la ley es más importante seguir estrictamente los pasos del reglamento que impartir  justicia y condenar a los delincuentes. El procedimiento se convierte así en el objetivo principal del sistema, dejando de lado la justicia y abandonando su misión de servicio a la sociedad. El sistema jurídico es un fin en si mismo, ajeno a la realidad.  

Gracias a estos encantadores recursos jurídicos es posible escamotear todos los días la justicia y proteger a los delincuentes. Hemos visto cómo el PJ ha impedido que los fiscales investiguen a la primera dama aduciendo que anteriormente unos fiscales archivaron su investigación sin investigar. De este modo el PJ se hace cómplice del delincuente apelando a la defensa del procedimiento. El valor supremo de la justicia quedó en el tacho, la misión del PJ ante la sociedad quedó de lado para servir a la primera dama. Y en bandeja.

La crisis del sistema de justicia en el Perú, es total. La podredumbre está en todos sus niveles y empieza incluso desde la fiscalía, donde se hicieron famosos los "fiscales archivadores" que hicieron posible la era más amplia de corrupción nacional. Hasta el mismísimo Fiscal de la Nación tuvo que ser destituido. Por su parte, el Poder Judicial nunca pudo salir del pozo séptico. Hay magistrados supremos cuestionados y todos los días aparecen denuncias de jueces corruptos o ineptos. La gran pregunta que nos hacemos los peruanos es si podemos esperar justicia de este Poder Judicial.

Para todo el país es evidente que la pareja presidencial es parte de una organización mafiosa que se las arregló para llegar al poder mediante medios ilícitos, y que la cabecilla de dicha organización es la primera dama Nadine Heredia, hoy presidenta de esa PYME familiar llamada Partido Nacionalista, en donde se han repartido los cargos y los dineros sus hermanos y otros parientes. Los vínculos de la primera dama con una organización mafiosa dedicada a aprovecharse del poder, y cuya cara más visible, Martín Belaunde Lossio, era amigo entrañable, promotor y financista de la actual parejita presidencial, son obvios y públicamente conocidos. 

Las agendas de Nadine son la cereza del pastel. Corroboran centímetro a centímetro las sospechas que ya se tenían desde la campaña del 2006, cuando era obvio que a Ollanta y Nadine le llovían fondos turbios para montar su combi electoral hacía palacio. Pero todo eso está por ser echado por la borda para limpiar, una vez más, a Ollanta y Nadine. Ya antes se han salvado de cargos muy serios como los de Madre Mía, el Andahuaylazo, el resguardo de Oscar López Meneses, etc. Si alguna vez hubo en el Perú personajes más cercanos a una casta de intocables de la ley, esos tienen que ser Ollanta Humala y Nadine Heredia, cuya buena estrella los ha protegido para salir de la nada hasta llegar a palacio de gobierno. Una buena estrella y muchos amigos turbios a su alrededor.

La pregunta es si los peruanos seguiremos dejándonos tomar el pelo por todos ellos.