jueves, 10 de septiembre de 2015

Cómo crear ciudadanía liberal


Escribe: Dante Bobadilla Ramírez
Fuente: El Montonero

Crear ciudadanía se ha convertido en una de las letanías favoritas del progresismo. Se puso de moda con la ex alcaldesa Susana Villarán que lo repetía cual conjuro mágico, dando a entender que era una de las principales metas de su gestión. Mientras que a muchos nos provocaba hilaridad, pocos se detuvieron a pensar en el significado de la frase que hoy vuelve a repetirse en boca de los precandidatos de izquierda. ¿Qué cosa significa “crear ciudadanía”? 

Como ya sabemos, la izquierda es un sector intensamente ideologizado. Esto significa que para un progre la realidad no es lo que es sino que todo carga con un significado especial, con una cualidad intrínseca que se reparte entre lo bueno y lo malo. Al final de cuentas, una ideología es, en principio, una guía de valores para distinguir lo bueno y lo malo. A continuación viene un plan de acción para reformar el mundo y hacer que todo sea bueno, según esa escala. Allí es donde empiezan las divergencias entre los soñadores de la izquierda: ¿cómo construir un mundo maravilloso donde todo sea perfecto? Unos creen que el mundo injusto se destruirá por sí solo debido a sus contradicciones internas, dando paso inexorablemente al paraíso socialista. Otros, más impacientes, prefieren acelerar el proceso avivando las contradicciones internas para que se auto-destruya más rápido. Esto quiere decir provocar el caos y la agitación social predicando el odio al sistema. Luego están los que prefieren recurrir a la dinamita y al fusil para eliminar a los enemigos del cambio y destruirlo todo rápidamente.

Pero nada de esto puede lograrse si la gente no está convencida de que el mundo es injusto. El primer paso de toda revolución progre es convencer a la gente. Marx hablaba de la conciencia de clase, es decir, la clase trabajadora tenía que ser consciente de su rol de explotados y de su número, que les daba la capacidad para iniciar una revolución y cambiar el orden. De allí surge la necesidad de la conciencia social, primer paso para el logro de la revolución socialista. Con el paso del tiempo esta conciencia de clase ha terminado siendo simplemente “ciudadanía”. Si uno trata de descifrar su significado a partir del uso que le da el progresismo, se refiere a la creación de una sociedad parásita, cuya única conciencia social es la de estar dotada de infinitos derechos exigibles al Estado. De no recibirlos apropiadamente, tienen también el derecho de emprender una petit revolución hasta conseguir el reclamo social.

Lo cuestionable es que la creación de ciudadanía consiste en formar parásitos dependientes del Estado en lugar de dueños de sí mismos. Se ha impuesto la tesis de que toda persona adquiere derechos en el instante mismo de la concepción. De hecho, el presidente Humala ha ofrecido programas sociales a lo largo de todas las etapas de la vida, desde la concepción hasta la muerte. Hay una curiosa alianza de extremos en esta tesis.

Nosotros creemos que la verdadera ciudadanía pasa por formar personas libres e independientes, capaces de determinar su existencia por encima del Estado. Los verdaderos ciudadanos deberían ser capaces de cuestionar al Estado que ellos sustentan con su trabajo, capaces de cuestionar su crecimiento, limitar su tamaño y gasto, puesto que son ellos quienes lo mantienen. El verdadero ciudadano es consciente de que a más Estado más problemas porque crecen la corrupción y el abuso de poder. A más Estado más trámites y mayores costos para los ciudadanos. A más Estado menos libertad para la sociedad. Un verdadero ciudadano se preocupa de que el Estado aumente, no solo en organismos públicos y burocracia sino también en la profusión de leyes intervencionistas y regulatorias. 

La verdadera ciudadanía implica exigirle al Estado que cumpla con sus obligaciones básicas, como la seguridad y la infraestructura, y exigirle al mismo tiempo que no intervenga en la vida de las personas. Debemos enseñar desde la escuela que el ciudadano es libre y que el Estado es el garante de esa libertad, no es su tutor ni su padre, ni su dios. Es solo un conjunto de empleados mantenidos por los ciudadanos, a quienes les debe atención esmerada y respeto.