sábado, 8 de agosto de 2015

Se prepara la guerra sucia


Escribe: Dante Bobadilla Ramírez

La temporada electoral ha empezado con bastante frío, pero no por el fenómeno del Niño sino por falta de candidatos. Hasta ahora solo hay dos fijos: PPK y Keiko. Los demás son pre candidatos que no se animan o están en suspenso. No vamos a ocuparnos de los afanosos "outsiders" que aparecieron prematuramente y se quemaron más rápido que una cabeza de fósforo. Por su parte el manicomio de la izquierda luce desolado. El rojerío anda desconcertado, como hormigas sin rumbo luego de que alguien les orinó el hormiguero. Hablan de unidad mientras cada quien arma su propio colector. En el colmo de la incoherencia, los que dicen representar a la juventud de izquierda han corrido a refugiarse en el asilo de los fonavistas.

Parece que la izquierda está condenada al exterminio electoral. El único líder visible es el ex cura Marco Arana, dueño del partido Tierra y Libertad que es mantenido con los aportes de su ONG Grufides y, aparentemente también, con las lentejas producto del chantaje a las mineras. Cada vez resulta más evidente que los agitadores antimineros de la izquierda oenegienta seudo ambientalista no son más que extorsionadores de las grandes compañías mineras. Es por eso que ahora abundan como gusanos en un cadáver los "dirigentes antimineros", casi una nueva versión de terroristas, liderando los famosos "frentes de defensa" que cobijan a toda clase de impresentables como Walter Aduviri, Wilfredo Saavedra o Carlos Chavarría. Ahora se han sumado a la "lucha" los etnocaceristas. 

Toda esa banda de extorsionadores de las grandes empresas mineras surgidas con el boom minero a principios de la década anterior, disfrazados de ecologistas, son solo la versión minera de las bandas de extorsionadores de construcción civil que aparecieron disfrazados de sindicatos con el boom de las construcciones. Allí donde hay gran actividad económica aparece siempre una colonia de parásitos queriendo aprovecharse, y lo hacen siempre disfrazados. La gusanera izquierdista antiminera de TyL ya ha quedado al descubierto con su lentejero Pepe Julio Gutiérrez. No hace falte sumarle las mentiras de Verónika Mendoza ni los cuentos ambientalistas sobre ridículas "cabeceras de cuenca". Es solo el disfraz, pero hay tontos que se lo toman en serio. 

Ante este panorama electoral, la izquierda solo tiene el mismo camino de siempre: la agitación callejera o armar sus clásicas revueltas regionales. Hace 40 años era el cuento de la tierra. De esas jornadas de agitación rural surgieron líderes como Hugo Blanco que llegó a ser el más votado en 1978. Tal vez el cura Marco Arana, líder de la actual agitación antiminera, único caballito de batalla del rojerío, sea el candidato más votado, pero aun así puede fácilmente no pasar del 5% y perder su inscripción. 

Todo lo que le queda al manicomio izquierdista es hacer contracampaña. En eso son expertos. Si no pueden ganar al menos impedirán que otros ganen. Y sin duda su objetivo será nuevamente Keiko. Ya empezaron a resucitar todos los cuentos de la campaña anterior. Nuevamente están hablando de sus estudios y de las esterilizaciones forzadas. Es evidente que desempolvarán sus pancartas y una nueva hornada de chiquillos imberbes tendrán que aprenderse de memoria los cuentos y consignas antifujimoristas. No son muchas. La mitología progresista ya ha redondeado las historias y sus cifras vuelan. Son 300 mil mujeres esterilizadas y US$ 6 mil millones robados por Alberto Fujimori. El delirio no se detiene y cuanto más absurdo más encantador resulta. Los chibolos de la banda pulpín progresista no piden evidencias. Solo repiten como loros. Seguramente veremos desfilar una nueva generación de pulpines incautos agitando otra vez sus pancartas, sin saber qué es lo que realmente defienden bajo el disfraz de la "lucha anticorrupción". La misma carne de cañón que la izquierda ha utilizado a lo largo de su nefasta historia.

La campaña, señores, ha empezado.