lunes, 17 de agosto de 2015

Regulando hasta el descanso


Por: Richard O. Campos Villalobos

El Estado en manos de iluminados colectivistas pretende ahora regular incluso cuánto y cómo debemos dormir en Chiclayo, una ciudad que pasó hace poco por una administración municipal considerada la más catastrófica de su historia, donde el grado de corrupción, desde el alcalde hasta los más nimios funcionarios, los implicaban en una gigantesca red que incluía periodistas y gente del hampa con prontuario. 

La administración municipal se emplaza en la perniciosa parafernalia de ordenanzas que estorban y despedazan no solo la economía sino la vida de cualquier ciudadano, hasta en sus más íntimas decisiones. El municipio –gracias a la ineptitud de sus funcionarios– fracasó en su intento de evitar que una discoteca molestara con sus ruidos a los vecinos. El alcalde entonces consideró que todas las discotecas eran entes perniciosos para la tranquilidad de los vecinos y la seguridad de la familia. En consecuencia emitió la Ordenanza N° 016 – 2015 para regular el funcionamiento de dichos establecimientos, metiendo en el mismo saco a negocios legalmente constituidos como hoteles, centros de recepciones de fiestas, clubes nocturnos –irónicamente ubicados en la periferia de la ciudad y, por tanto, no perjudiciales para la tranquilidad ni seguridad de nadie– restaurantes -incluidos los de mayor prestigio- a los que se les prohibió expender bebidas alcohólicas pasadas las dos de la madrugada. 

No contento con extender sus tentáculos hasta estrangular la libertad del ciudadano para divertirse como quiera y donde quiera, el alcalde pretende también reglamentar el número de horas que debe emplear para ingerir bebidas, y las horas que debe emplear para descansar. Todo dentro de un estúpido marco ornamental de “protección a la familia”, un idilio plagado más de tontas intenciones que de soluciones reales. Para esto perpetraron una ordenanza al más puro estilo totalitario intervencionista, ignorantes de que la ley no existe para originar ideales o principios morales. 

¿Cómo se podría calificar esta bufonada municipal? De idiota. Así de simple. Porque solo un idiota declarado podría pensar que reduciendo horarios de atención de locales nocturnos se protege a la familia o se evita la inseguridad. Primero, la seguridad de una familia se garantiza con la reserva que tiene el Estado del monopolio de la fuerza, en este caso con la policía, no con recortes de horarios. Segundo la protección interna de la familia dependerá de la propia familia, de sus integrantes y jefes de familia. Las acciones de los individuos son inherentes a su personalidad y formación, no a las acciones del Estado. Tercero, el Estado no puede decidir qué tipo de diversión debe tener un individuo ni hasta qué hora. Eso es decisión del mismo sujeto dentro de su libre albedrío. Lo que el Estado debe hacer es velar para que el individuo disfrute de su vida en seguridad y sin afectar derechos de terceros, por tanto debe estar alerta a que no se transgreda la ley de convivencia pacífica. Nada más. Cuarto, si quiere el alcalde proteger la tranquilidad de la familia chiclayana de los ruidos molestos ¿no hubiera sido mejor exigir a los propietarios de las discotecas y bares ruidosos la insonorización de sus locales so pena de clausura o sanciones judiciales? 

No señor, la prohibición colectiva justificada en nobles intenciones –para variar– reditúa más votos a su alicaída popularidad, la que empezó a resquebrajarse cuando se descubrió que sus funcionarios de confianza no eran precisamente personas idóneas sino de muy dudosa reputación. El pretexto que aducen para semejante despropósito es el tradicional “otros también lo hacen”. O sea, que medidas análogas funcionan en Ecuador y Colombia. Dice el alcalde que quiere evitar borrachos que pelean y destruyen propiedad pública y privada. Muy bien, pero ¿no sería mejor que los agentes del orden detengan y arresten en el acto a esa clase de infractores, estén o no ebrios? 

No es que esté a favor del ruido sino en contra de lo que los pontífices de lo “políticamente correcto” consideran acerca de cuándo, cuánto y cómo se debe dormir. Estas poses no pasan de ser bobadas que se usan para el tonterío temático fingiendo ser especialistas y estar preocupados por la seguridad familiar. La realidad es que la delincuencia campea sin necesidad de que haya o no discotecas abiertas hasta altas horas o que en estas se comercialice bebidas alcohólicas. Disposiciones estúpidas como esta impiden abordar los problemas con realismo, viendo a cualquier viandante como un ratero. Disminuir los índices de inseguridad requiere enfoques técnicos efectivos, y no poses moralistas con prohibiciones absurdas. Estas solo provocarán que el expendio se vuelva clandestino y que la inseguridad aumente. Se debe atender el problema pero respetando la libertad individual. El Estado no puede renunciar a su responsabilidad de perseguir y castigar el delito real, allí donde aparece, apelando tan solo a fáciles prohibiciones draconianas totalitarias. Esta es la visión de un grupito de inútiles con mentalidad colectivista que debemos rechazar.