miércoles, 12 de agosto de 2015

La huachafería de la memoria progresista


Escribe: Dante Bobadilla Ramírez

El llamado "Lugar de la Memoria" es un caprichito que la caviarada ha decidido imponerle a todo el Perú a la mala. Para ello han malgastado varios millones del tesoro público porque su donación alemana no les alcanzó. Conocemos bien la pasión de la izquierda por desperdiciar el dinero público en banalidades y estupideces, en especial cuando se trata de cuadros, monumentos y ceremonias de alto contenido simbólico. Por ejemplo, esta huachafería progre se llama exactamente "Lugar de la Memoria, la Tolerancia y la Inclusión Social". ¿No es conmovedor?

Y es que el cerebro de un izquierdista es atraído por esta clase de simbolismos ridículos como las moscas por un mojón. Los progres son expertos en actividades improductivas, rimbombantes y exhibicionistas, son adictos a tejer chalinas de la esperanza, lavar banderas, hacer vigilias, marchar con pancartas y consignas, danzar con coreografía cursi y hacer teatros con escenografía donde se lucen sus líderes y símbolos. Las huestes de Sendero Luminoso llevaron todo esto a niveles cinematográficos en la cárcel de Canto Grande. Es una debilidad de izquierda.

El "Lugar de la Memoria, la Tolerancia y la Inclusión Social" es otro de estos adefecios cojudos que la caviarada y la progrería añoran hasta el clímax. El problema es que, aparte de costar dinero público, se pretende, según afirma la cucufatería de la memoria, "recordar a las víctimas de la violencia". ¿Hace falta eso? Yo recuerdo perfectamente a mis parientes y amigos asesinados por Sendero Luminoso. Mi familia no necesita que la caviarada haga un museo para recordarlos. La parroquia del barrio celebra oficios en memoria de los sacerdotes caídos a manos de Sendero Luminoso. Los pueblos hacen romerías en sus fechas especiales. En suma, nadie necesita un espantajo de la memoria caviar para recordar a sus víctimas.

Aunque es tarde para impedirlo, pues está casi terminado, solo falta llenarlo. No debemos permanecer callados o indiferentes a lo que se haga en este lugar. Más que recordar víctimas, lo que este museo debería hacer -si se quiere que sirva para algo útil- es comunicar a la sociedad cuál fue el origen de esa época demencial del terrorismo izquierdista. Allí deben mostrarse las imágenes de la UNMSM y otras universidades nacionales que fueron el origen del terrorismo, donde se manipulaba la mente de los jóvenes con mensajes de justicia social. Deben mostrarse documentos y arengas de la izquierda peruana que en su totalidad instaba a la guerra popular y a la toma del poder por la violencia. Hay que mostrar a todos esos líderes históricos de la izquierda con el puño en alto.

Si de algo puede servir este mamarracho de museo debería ser para enseñar a la sociedad que el Perú fue víctima de la enfermedad mental del izquierdismo, demencia que adquirió la forma de una ideología perversa y criminal que justificaba la violencia como método político. Todavía hoy lo siguen haciendo cuando apoyan los paros violentistas con tomas de carretera y vandalismo. No han cambiado. Esa ideología debe ser claramente identificada. No es solo el Movadef. Se trata del marxismo camuflado que fue la fuente de la mayor parte de la violencia desatada en el siglo XX en todo el mundo. El Perú solo fue un anexo triste de esa hecatombe mundial que fue la izquierda marxista. Eso debe quedar claro. Si eso no es lo que se muestra en ese museo de "la memoria" es porque se trata de otra estafa del progresismo manipulador de mentes incautas y débiles.