domingo, 16 de agosto de 2015

La fiesta progresista


Escribe: Dante Bobadilla Ramírez

El progresismo está de jarana tras pillar al cardenal Cipriani plagiando un texto de Ratzinger (luego resultó que fueron varios plagios) y armar el escándalo respectivo en sus redes, provocando que El Comercio decida no publicar más al cardenal. Punto para el progresismo. El roche no se puede ocultar y la decisión del principal medio de prensa suena como un portazo en la nariz del príncipe de la Iglesia Católica. Así que la progrería puede solazarse en el lodo festejando el logro.

Evidentemente es difícil creer que el cardenal haya pretendido "apropiarse" de unas ideas ajenas, que son además bastante baladíes, para mi gusto. Es obvio que trataba solo de reforzar el aspecto moral de la intervención de la Iglesia en asuntos políticos. En la mentalidad del cardenal, interpretando sus explicaciones, las enseñanzas de la Iglesia son propiedad de todos, y cualquiera puede hacer copy & paste sin necesidad de referir la fuente. Supongamos que esto sea así. Igual tiene que someterse a las normas editoriales que rigen universalmente para la redacción de artículos en revistas o diarios. Es decir, al menos tendría que colocar comillas habiendo mencionado al autor original. No está en el portal del Arzobispado sino en un diario. Los lectores merecen saber la fuente de las ideas, pues es una guía básica que permite seguir ahondando en ellas a través de la investigación.

Me inclino a creer que el cardenal ha pecado, cuando más, de negligencia. Lo cual no lo exime del castigo que el medio afectado le ha impuesto. Desde luego que esta medida no puede haber sido tan fácil de tomar y hasta estoy seguro que el director de El Comercio dará explicaciones a los dueños, si no lo ha hecho ya. Si bien el cardenal no era un columnista habitual, vetarlo es una medida extrema, de gran significado y enormes repercusiones, como de hecho los ha tenido. Le han llovido las críticas y condenas al diario y su director. Pero era lo que tenía que hacerse y punto. La ley es la ley.

Sin embargo, la indignación hacia la fechoría de la banda progresista que ha descolocado la imagen del cardenal a nivel internacional, ha crecido y hará, sin duda, que la izquierda se reduzca aun más en su aceptación social, ya bastante disminuida. Estos palomillas de las redes se divierten fastidiando a un personaje que resulta ser el guía moral de unos 20 millones de peruanos, si no son más. En otros tiempos, sus cabezas ya lucirían sobre estacas. Pero ahora cosecharán el rechazo en los votos y en la indiferencia popular. A los chicos malos del progresismo les parece gracioso maltratar públicamente al cardenal y burlarse del diario El Comercio, festejando su logro, pero yo diría que se trata de una victoria pírrica. El cardenal sigue siendo el mismo de siempre y está en el mismo lugar de siempre. Su voz seguirá siendo escuchada y seguida por millones. Nada ha cambiado.