domingo, 2 de agosto de 2015

La decadencia caviar


Escribe: Dante Bobadilla Ramírez

El caviar es una especie en extinción en el Perú. La generación setentera agoniza o empezó ya su viaje al más allá con Javier Diez Canseco. Sobreviven pocos tiranosaurios castristas como Nicolás Lynch. Otros como Susana Villarán y Manuel Dammert parece que ya hicieron su última aparición y solo les queda aguardar el final en la reposada calma del retiro. La llegada del gran meteorito neoliberal a fines de los 80 acabó con la mayor parte de los dinocaviares, quedando solo unos cuantos resguardados en las cuevas de sus ONGs. 

En este atribulado paraje teñido de rojo, sin duda la última representante de la especie caviar, el último retoño vivo, es Claudia Cisneros, aguerrida activista progre que hoy nos regala una pieza única de desolación en su columna dominical de La República con el título "Ollanta: devuélveme mi voto". Más parece el título de una telenovela o un drama hindú, pero es una oda a la decepción, una pataleta de niña frustrada, un llanto desgarrado del progresismo que apostó por Ollanta Humala y que hoy se lamenta desconsolada, mientras a los demás solo nos provoca risas.

Claudia Cisneros es la última representante de la estirpe caviar. No quedan más. Los que la rodean en su lucha callejera no pasan de ser una tira de vagos sin raza. El progresismo actual se mantiene solo con representantes chuscos de la categoría de Julio Arbizu. Muy lejos de ellos, Claudia Cisneros es claramente lo que se llama una caviar auténtica: izquierdista de noble abolengo, nacida en cuna de oro con un apellido ilustre que le abre todas las puertas con suma facilidad, razón demás para que no tema salir de cualquier empleo dando un portazo o rapándose el pelo solo por joder. Ostenta además (cuando quiere) su natural belleza y algo de inteligencia, aunque no inteligencia emocional. No sabemos en qué momento cayó en las aguas turbias y malolientes del progresismo radical pero, en todo caso, es un acto que calza muy bien con su tormentosa personalidad.

Mientras una caviar setentera como Susana Villarán se iba a Chile a enrolarse en el MIR para ser adiestrada en la lucha armada, Claudia Cisneros acabó el colegio y se fue a los EEUU a gozar la vida a su manera: "He gozado bien la vida, la he pasado bien. Iba a las discotecas hasta la hora que me daba la gana. A los 17 años, sola, viviendo a mil, harta juerga, harto vacilón, en un país que no es el tuyo", declaró a Peru21 (30/04/2012). Como buena caviar, Susana Villarán cumplió con el ritual progresista de la proletarización dejando Miraflores para irse a vivir a Caja de Agua. Claudia pasó en cambio por mil oficios como cualquier inmigrante ilegal de EEUU. Luego, de tumbo en tumbo acabó en Telemundo y de allí dio el salto a los medios. Volvió al Perú a finales del fujimorismo y se convirtió en una estrella, pero su brillante fulgor se fue apagando poco a poco debido a sus ataques de histeria en vivo. Hoy no pasa de ser una activista furibunda del progresismo extremista a la que solo le falta el fusil. 

En su última telenovela "Ollanta: devuélveme mi voto" Claudia cuenta: "Ese día en la Casona de San Marcos, antes de salir a jurar por la Hoja de Ruta, Ollanta saludó extendiendo la mano a cada uno... Esperé al final, lo miré fijamente a los ojos y, con una mezcla de urgencia, petición y exigencia le dije lo que me ardía en el corazón: 'No nos defraudes'".

Pobre niña de 40 ilusionada con un cachaquito ignorante que no sabía en donde estaba parado ni adónde se metía. ¿Quién era Ollanta Humala para evocar tantas esperanzas? Nadie. De veras. No era nadie. Un salido de la nada. Un golpista militar de cuarta categoría, limítrofe entre la demencia y la estupidez. Carecía de trayectoria política y de formación profesional. Era la antítesis de un intelectual y representaba a una izquierda que siempre se ufanaba de su intelectualidad. Nunca había ejercido un cargo de importancia y responsabilidad. Lo único que tenía para mostrar era la triste payasada del locumbazo y la asonada criminal del andahuaylaso, más un oscuro pasado como el capitán Carlos que a los progres esta vez les tenía sin cuidado. Nadie sabía como ni de qué vivía como rico Ollanta, ni cómo solventó la campaña más millonaria de la historia, lo que hasta ahora no se explica. ¿Había razón para depositar tantas esperanzas en un personajillo de ese perfil? Sin duda que no. Razonablemente no. Pero Claudia Cisneros da la pauta para entender su obtusa esperanza: "No me arrepiento de haber querido creer en algo mejor, ni de que haya salido Humala en vez de Keiko. Porque más allá de su mediocridad política, de su alienación económica, de su invisibilidad de ideas propias, su sometimiento al poder económico o su inexistente partido, lo cierto es que el fujimorismo hubiera sido igual de brutal en el salvajismo neoliberal pero con el añadido de su cinismo, uñas de lobo, prepotencia, arbitrariedades y transgresión a derechos humanos, políticos e individuales".

No era necesario entregarle el poder a Ollanta para descubrir todo lo que hoy sabe Claudia: su mediocridad, su "invisibilidad" de ideas, etc., etc. Todo eso saltaba a la vista en el 2011. Ollanta era claramente un don nadie sin ideas ni personalidad ni trayectoria ni equipos. Pero el progresismo prefirió apostar por ese pelajustán antes que permitir el triunfo de Keiko, haciendo eco de la triste frase histórica: "primero los chilenos antes que Piérola". Hoy se ha reeditado como primero cualquier cosa antes que el fujimorismo.

Habría que preguntar ¿qué haría el progresismo si Ollanta les devolviera su voto? Seguirían en su obstinación antifujimorista preferiendo apostar por Abimael Guzmán o cualquier otro engendro de esa naturaleza porque lo que tienen es el "odio al sistema". Una patología mental izquierdista que es bien expresada por Claudia Cisneros en estas lineas: "el neo liberalismo, ese modelo antisocial y antinación que solo persigue la consecución del lucro de unos pocos privilegiados por encima y en perjuicio del pueblo, el colectivo, la nación". Y es que el progresismo nunca entendió que la vida en libertad es incompatible con el idílico modelo socialista, fundado en un igualitarismo ramplón que solo existe en las mentes alienadas pero nunca en la realidad porque es contrario a la naturaleza humana. Por eso los socialismos han fracasado en todas sus versiones y seguirán fracasando, aunque en cada fracaso varias generaciones de seres humanos tengan que pasar hambre y esclavitud, como ocurre en Cuba y Venezuela.

El neoprogresismo juvenil que apoyó a Ollanta Humala marchando en las calles en el corso antifujimorista no entendía nada de política. Los caviares setenteros conocían al menos la teoría socialista y eran bravos polemistas, pero los de hoy solo tienen su cantaleta anti neoliberal y anti fujimorista usado como canto de guerra. Todo lo que proponen ya ha fracasado y ahora lloran por la debacle de su candidato. Resulta penoso leer hoy la indignación y desazón de Claudia Cisneros que representa a todo ese sector de cándidos ilusos que tienden a dejar de lado la realidad para preferir sus ilusiones. Pero una vez más los progres deben aprender que la realidad siempre se impone. Sin duda un triste final para la estirpe caviar.