sábado, 22 de agosto de 2015

Alejandro Toledo llama a los cuarteles


Por: Richard O. Campos Villalobos

El ex presidente Toledo salió hace poco demandando la presencia de las FFAA en las calles, como soporte a la lucha contra la inseguridad. "Estoy pidiendo la participación de nuestras Fuerzas Armadas por seis meses, prorrogable hasta un año. Estoy pidiendo que nuestras Fuerzas Armadas, a quienes admiro, patrullen las calles en apoyo de la Policía Nacional, que se declare ya un estado de emergencia. Un estado de emergencia para poner en orden la casa”. No puedo dejar de reír indignado por las declaraciones de este personaje de comedia, que resulta ridículo y bufón hasta cuando trata de mascullar con torpeza el idioma español. Repite como cotorra aturdida las demandas de otros aprovechándose de la desesperación ciudadana. Dice con cinismo hediondo admirar a las FFAA, a las que casi desapareció en su gobierno porque, a su entender, eran fujimontesinistas y solo servían para desestabilizar la democracia "recuperada por él". En su gobierno, levantó -él solito, haciendo el ridículo- las banderas del desarme como política internacional.

Sin embargo, no es solo ello lo que bien podría calificar al ex presidente como un militarista de papel (pero de papel higiénico), porque recordemos que rechazó la participación de las Fuerzas Armadas durante la crisis antiminera desatada por el rojerío lentejero de Marco Arana y sus huestes, para hoy desdecirse. Incluso ha llegado a plantear como alternativa a la inseguridad, la restitución del servicio militar obligatorio, esa grosería que constituye un atropello a las libertades individuales más elementales, con el pretexto de encaminar a mozalbetes por el camino del bien. Olvida que los cuarteles no son reformatorios ni guarderías infantiles, tampoco son ONGs que promueven proyectos de vida a los jóvenes. Resucitar ideas ya desechadas, es decir, recoger ideas del basurero, solo nos revela el grado de orfandad mental en el que ya anda nuestro borrachín ex presidente.

También es contradictoria su repentina preocupación por la seguridad, cuando durante su gobierno, cientos de terroristas fueron alegremente liberados, además de habernos sometido a los fallos de la CIDH, bajo la asesoría de su gabinete de caviares. Toledo fue el exorcista que arrojó los demonios de la izquierda mediante los conjuros de la CVR, dejándola impoluta, y convirtiendo a los pro terrucos en "defensores de los DDHH". Alguien tendría que recordarle a este señor sus hazañas, para que no crea que nos olvidamos de lo que representa. Hoy no pasa de ser un harapiento limosnero de popularidad. Como dice un editorial del diario El Comercio respecto de sus estrambóticas propuestas: “lo único que consiguen es apartar de él una de las señas que le permitió convocar alguna vez una importante adhesión ciudadana”. Pero sobre todo, le sirve a la colonia de coliformes de la izquierda, que hoy más que nunca, necesita desesperadamente un caballo cualquiera al cual treparse como garrapatas para volver al poder. Aunque un burro también sirve.